Columna de La Reconquista | Santo Adalid, Patrón de las Españas

Por las bóvedas de la hermosa Catedral compostelana, al igual que por las de miles de iglesias de toda la geografía española, resonarán estas palabras, pertenecientes al Himno en honor del Apóstol Santiago, de la autoría del insigne Juan Barcia Caballero con la música del igualmente ilustre D. Manuel Soler Palmer en el año 1920. Y es que, en verdad, como afirmaron los Reyes Católicos, el Apóstol Santiago ha sido siempre “Luz y patrón de las Españas, espejo y guiador de los reyes”.

En estos días del relativista, progresista y egocentrista siglo XXI, que presume ser una especie de “nueva Ilustración” (bajo el dominio de un «pensamiento único» con una «memoria democrática» que empequeñecen hasta las barbaridades de Atila y agotan la paciencia del Santo Job), son muchas las características de la Fiesta que hoy celebramos que resultan especialmente molestas a las “grandes mentes” de la pseudo-intelectualidad que nos gobierna, pero destacaría dos de ellas: que Santiago Apóstol es, en verdad, Patrón de las Españas, y que éste “Amigo del Señor” –como reza el Himno– nos protege y conduce a Dios.

¿Qué de malo hay en ambas cosas? Pues nada, excepto la cerril obstinación de quienes, siempre negando la mayor y refutando la evidencia, se obstinan –cual cabras siguiendo al macho cabrío que las despeña por el precipicio– en que España no es una unidad (puesto que la quieren convertir en una especie de “ensalada” –perdón por no decir «Macedonia», pero ninguna culpa de esto tienen los habitantes de ese país–, un batiburrillo mal amalgamado de seres completamente diferentes, una pluralidad de países prodigiosos y llenos de pluralidad y armonía conquistados por la fuerza por los malvados reyes cristianos de estas tierras –léase con todo el sarcasmo e ironía posibles esta última frase, le ruego, amable lector–), y que España es tierra de Cristo (y de su Bendita Madre, Santa María, especialmente bajo su advocación de “Virgen del Pilar”).

Del primer prejuicio (la unidad de España), brotan las falsas “naciones” (dicen todavía los osados insipientes que son “naciones históricas”, como si toda nación no fuese, por su mero hecho de existencia, algo histórico, en fin…), unas naciones “de luz”, faro de conocimientos, cultura, esplendor y bonhomía, civilización y letras… Mentira. Todos provenimos, más cercanos o lejanos, de un antecedente homínido –desde luego, se corrobora que algunos seres humanos, especialmente siniestros, están mucho más cerca de este simio que otros seres humanos que intentan usar la lógica y la razón–. Y todos, sin excepción, fuimos sucesivamente conquistados y colonizados por celtas, íberos, fenicios, griegos y romanos, suevos, vándalos y alanos, musulmanes, almorávides y almohades, en mayor o menor grado de penetración (territorial, por supuesto), y conformados como pequeños reinos primigenios (sin importarme ahora el Reino de Asturias, el Reino de Pamplona, el Reino de León, el Reino de…), que, por inspiración de los monarcas que desde Don Ataulfo (primer rey visigodo de España) hasta Don Rodrigo, desde D. Pelayo hasta Doña Isabel I de Castilla y su esposo D. Fernando II de Aragón, forjaron la actual España, y posteriormente “las Españas” (puesto que fue en diferentes épocas el mayor imperio territorial conocido, donde, como afirmó D. Felipe II, no se ponía el sol). Duela a quien duela. Las últimas vicisitudes territoriales fueron bajo los reinados de Fernando VII (invadido por Napoleón en la Península, perdiéndose el Rosellón francés –y ahí sí que se quedan muy calladitos los catalanes historicistas– y la Nueva España, a grandes rasgos) y Alfonso XIII (bajo regencia materna, cuando se perdieron Cuba, Filipinas y Puerto Rico, últimas posesiones españolas de ultramar). Hoy parece que, no contentos con perder imperio, honra y fe, quieren también trocear los restos cual carroñeras aves de rapiña que son esos fanáticos hijos de “patria gallega” “països catalans” “pays valencià” y “euskalherria”, o cuales gustaren…

Del segundo prejuicio (la fe católica de España), han sido auténticas oleadas de invasiones ideológicas, tanto religiosas como civiles, las que se han puesto manos a la obra. Respecto a las religiosas me refiero a que no fue hasta el siglo XIX que en España hubo pluralidad religiosa, aceptación de otras religiones que no fuesen la católica, le ruego no me tache de “intolerante”, porque abogo por esta libertad religiosa, aun cuando propugno y defiendo la mía primero (¿alguien no lo hace así, en coherencia? Sería como los imbéciles que besan banderas de Ucrania o Venezuela mientras queman la propia, a la que niegan). (Gracias por la mención a mi señora madre, le devuelvo a usted recíprocos deseos). Respecto a las civiles, desde la primera expulsión de los jesuitas bajo el reinado de Carlos III en 1767 (la primera de las ocho desamortizaciones eclesiásticas que se han sufrido en España, desde la del ministro Godoy, en el mismo año hasta la de Madoz en 1924, pasando por las de los masones Mendizábal, Espartero, etcétera). Siempre se ha buscado “machacar” la fe católica y al católico, quedando esta bendita tierra regada de sangre de mártires de Cristo desde el siglo I de nuestra Era hasta el año 1939, cuando termina la Cruzada Nacional (así designada por el Papa Pío XI, quien también hubo de sufrir con la persecución católica en México, la Guerra Cristera), aunque pareciere resurgir hoy en día no en la parte cruenta físicamente, sino en el animus pugnandi de las leyes aborrecibles y la destrucción de símbolos y signos sagrados a lo largo y ancho de la tierra española.

Por supuesto, por aplicar un poco de “pomada vía rectal” a algunos ardorosos y “ardidos” pacientes proctológicos, reconozco que el apelativo de Santiago “Matamoros” tampoco me parece hermoso en sí, aunque comprendo plenamente por qué surge, cómo se desarrolla y lo que implicó (e implica), razón por la cual lo defiendo, esperando que ustedes, tan «incluyentes» y «democráticos», lo acepten sin acritud alguna. Quizá a su juicio no es «políticamente correcto», claro, pero… ¿por qué no han pedido a su amigote el presidente de México, que retire el nombre de la Heroica Ciudad de Matamoros a la ídem, en el estado norteño de Tamaulipas? Ah, es que allí no aplica la “des-memoria”, al ser otro país… Lástima (pero por ustedes, claro).

Sin embargo, no he escuchado palabras de crítica por parte de esos “representantes” de “países sojuzgados por España” a los líderes fanáticos musulmanes que han afirmado que conquistarán estas tierras nuestras como si fuese un nuevo año 711, pero esta vez mediante los vientres de sus mujeres… mmmm… caramba. Sugiero que doña Montero, doña Serra y doña Verstrynge vayan (aunque sea en Falcon, ya un poco más de humo qué más les da) e impartan unas cátedras de Agenda, Feminismo, Igualdad y empoderamiento a esos mismos dirigentes a los que financian (y que les han financiado, menudo amasiato y concúbito más complicado se gastan todos, todas y “todes”).

En resumen, señor lector, ¡felicidades! ¡Felicidades, de corazón! Felicidades a cada español, a cada católico, a cada persona de buena voluntad que habita esta tierra tan maravillosa, bella, sagrada y noble. Que Nuestro Protector (Adalid), el Glorioso Apóstol Santiago, nos mantenga en la fe, la unidad y el amor a nuestra Patria. ¡Viva Santiago Apóstol! ¡Viva España! ¡Santiago y cierra, España!

@CondestableDe

@LaReconquistaD

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