Columna de La Reconquista | Santiago Apóstol y Clavijo en la Nueva España (Parte III)

El término «Reconquista» ha sido muy criticado, en especial, desde que en el ensayo España invertebrada, de José Ortega y Gasset, el filósofo madrileño declarase lo siguiente: “… No entiendo cómo se puede llamar «reconquista» a una cosa que dura ocho siglos”.[1] Si para Ortega y Gasset el término «Reconquista» y su significado son un mito, la rigurosa investigación histórica demuestra algo muy distinto. En tal sentido veamos la precisión que hizo Juan María Laboa Gallego: “La invasión de España por los árabes en el 711 acabó con el reino visigodo, debilitado y en permanente guerra civil, y dio paso sin interrupción a la Reconquista, es decir, a la progresiva recuperación del territorio nacional por parte de reyes y ejércitos castellanos y aragoneses a lo largo de siete siglos (…) no cabe duda de que la Reconquista constituye el eje central de la historia española vista en su totalidad”.[2]

Éste es un eje central urgente de reivindicar frente a la leyenda negra. En este sentido, Pío Moa publicó en 2018 el libro La Reconquista y España. Dicha obra parte de descalificar la posición de Ortega y Gasset, así como la tesis de Américo Castro y el mito de la convivencia de islamistas, judíos y cristianos en el Califato de Córdoba. Pío Moa precisa que la Reconquista “… fue ante todo un fenómeno bélico, en los actos o en los espíritus”.[3] Por consiguiente, “…el término Reconquista, pues, describe bien tal proceso. Cabría sustituir Reconquista por Recristianización, Relatinización, Reeuropeización o el tradicional de Restauración, los cuales no serían falsos, pero sí menos adecuados y expresivos al omitir su esencial carácter militar (subtendido por repoblación). La victoria de los reinos españoles y finalmente de España, entrañaba la desaparición de Al Ándalus, y viceversa”.[4] El hito fue la Batalla de las Navas de Tolosa, acaecida en 1212, siendo rey de Castilla Alfonso VIII (1155-1214). En efecto, dicha victoria, que fue decisiva en la guerra contra el “infiel”, tuvo el carácter de «cruzada», es decir, una expedición bélica integrada por la Cristiandad en defensa de ésta.  El llamamiento de tal empresa se debió a Inocencio III, cuyo papado transcurrió entre 1198 y 1216. El hispanista William Th. Walsh recapitula:

“En ese momento crítico, la potente voz del Papa Inocencio III exhortando a toda Europa a unirse a la Cruzada española evitó una segunda catástrofe (el fracaso militar de Alfonso VIII en 1160). Diez mil jinetes y cien mil soldados de infantería procedentes de Francia y Alemania llegaron a tiempo de reforzar los ejércitos de Castilla y Aragón. En 1212 (batalla de las Navas de Tolosa) vencieron a los poderosos sarracenos causando 20.000 bajas en su ejército. Aquello supuso el giro definitivo de una cruzada que duraba años.”[5] 

Durante la batalla el grito de guerra de los cristianos fue “Santiago, y cierra, España”. Se cree que tal voz surgió en el 844, en la Batalla de Clavijo (La Rioja), siendo rey Ramiro I de Asturias y como capitán en el terreno Sancho Fernández de Tejada. Ramiro estaba consciente de su inferioridad numérica, pero en sueños, confío al Apóstol Santiago la empresa. Así, en la batalla, los cristianos gritaron: “Que Dios nos ayude y Santiago”. No hay certeza histórica, fundada en documentos acerca de tal suceso, sin embargo, Claudio Sánchez Albornoz ha defendido su autenticidad.[6] De cualquier manera, la invocación a Santiago había quedado como estandarte para levantar la moral de los guerreros cristianos frente al infiel, como lo describió Rodrigo Jiménez de Rada:

“El rey Ramiro […] atacó los dominios de los árabes e incendió todo lo que encontró a su paso […] incluida Nájera. Entonces los sarracenos le salieron al paso con infinitas tropas. Por su parte el ejército del rey Ramiro, al divisar a las tropas, se replegó a un lugar fortificado que se llama Clavijo. Y como Ramiro anduviera indeciso por la noche acerca del combate, se le apareció Santiago animándole a que, seguro de su victoria, entablara combate con los árabes al día siguiente […] Iniciada de esta forma la batalla, por una y otra parte, los sarracenos, sacudidos por el desconcierto, dieron la espalda a las espadas de los cristianos, de modo que perecieron casi sesenta mil de ellos. Se cuenta que en esta batalla apareció Santiago sobre un caballo blanco haciendo tremolar un estandarte blanco. Entonces el rey Ramiro se apoderó de Albelda, Clavijo, Calahorra y otros muchos lugares que agregó a su reino. Desde aquel día, según se cuenta, se utilizó esta invocación: «¡Dios, ayuda, y Santiago!». También entonces ofrendaron a Santiago exvotos y regalos…”.[7]

En tal sentido, debe valorarse, especialmente, a la figura del monarca Fernando III el Santo. Como es sabido, en su reinado, se unificaron de manera definitiva los reinos de Castilla y León en 1230, así como la plena recepción del Ius commune. El talante de Fernando,[8] implicó la consolidación cristiana de España. Basta tener presente que en su reinado se recobraron importantes ciudades de Andalucía como Córdoba (1236), Jaén (1246) y Sevilla (1248). También debe destacarse la fundación del Studium Generale de Salamanca en 1218. Recuérdese que, junto a París, Bolonia y Oxford, la universidad levantada a orillas del río Tormes, fue declarada una de las cuatro grandes lumbreras del Orbe, por el Concilio I de Lyon en 1245.[9] Hay que considerar a su vez, que, en el siglo XIII, la escolástica llegó a su clímax. Ejemplo de ello es la Suma Teológica concluida en 1265 por Santo Tomás de Aquino (1225-1274). En este contexto, Salamanca será un enclave del saber jurídico, el cual, en su momento, inspirará de manera importante al Derecho indiano, es decir, el orden jurídico en la América española. En lo estrictamente jurídico-positivo, a Fernando III se debe el impulso de la versión romanceada del Liber iudiciorum conocida como “Fuero Juzgo”. Salamanca, también es una ciudad de profunda tradición xacobea, basta recordar que es un hito de la Vía de la Plata. Finalmente, esta universidad, y en particular, el convento dominico de San Esteban, fueron de una gran importancia en la empresa española en América.

@LaReconquistaD


[1] ORTEGA Y GASSET, José, España invertebrada, ESPASA CALPE, Madrid 1922, p. 44.

[2] LABOA GALLEGO, Juan María, La Iglesia en España. En LABOA, Juan María, PIERINI, Franco y ZAGHENI, Guido, Historia de la Iglesia, San Pablo, Madrid 2005, p. 1212.

[3] MOA, Pío, La Reconquista y España, La Esfera de los Libros, Madrid 2018, p. 17.

 [4]MOA, Pío, Idem.

[5] WALSH, William Th., Isabel de España, Palabra, Madrid 1993, p. 21.

[6] Vid. SÁNCHEZ-ALBORNOZ, Claudio, Observaciones a unas páginas sobre el inicio de la Reconquista, “Cuadernos de Historia de España” 47-48, Buenos Aires 1968, pp. 343-342.

[7] Cfr. OCA y MERINO, Esteban, Historia general y crítica de La Rioja, Tomo II, Imprenta de D. Esteban de Oca, Logroño 1911, p. 71.

[8] “La acendrada piedad y celo religioso de Fernando III motivó que la Iglesia católica le canonizara”. ALTAMIRA Y CREVEA, Rafael, Manual de Historia de España, Editorial Sudamericana, Buenos Aires 1946, p. 204.

[9] “La Universidad de Salamanca, fundada en 1243 por Fernando III el Santo, Rey de Castillo y León, constituye una de las cuatro grandes Universidades del Orbe –junto con París, Bolonia y Oxford– citadas expresamente por el Concilio I de Lyon, de 1245. Pasó por mejores y peores momentos, hasta que alcanzó su gran esplendor en pleno siglo XVI, por obra de una serie de maestros, entre los que destaca Francisco de Vitoria, que enseñó en ella, con gran fortuna, entre 1526 y 1546”. SARANYANA, José Ignacio, Historia de la Filosofía Medieval, Pamplona, EUNSA 1989, p. 334.

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