Columna de La Reconquista | “Santiago Apóstol y Clavijo en la Nueva España (Parte I)”

I. Introducción.

Se ha escrito mucho, y con fortuna, sobre la devoción a Santiago el Mayor en América y Filipinas. Desde que Alfonso II el Casto (759-842) peregrinó de Oviedo a Iria Flavia en el 813 para venerar los restos del apóstol Santiago, éste ha sido el patrono de España. No corresponde aquí valorar cuando surgió la nación y el estado más antiguo de Europa, ¿Acaso fue con Leovigildo (519-586) o con Recaredo (559-601) cuando el Reino Visigodo llevaba a su plenitud a la otrora romana Hispania? ¿Es más aceptable la tesis de que el Imperio español inicia con Pelayo en Covadonga entre el 718 o el 722? Lo que aquí interesa es que el nuevo estado, desde el 813, ha contado con una doble protección: la de la Santísima Virgen María y su aparición a Santiago sobre un pilar en Zaragoza. Y la del propio vidente. Era natural que tal patrocinio llegase a la América española. El presente ensayo, sólo tiene la modesta intención de ilustrar cómo llegó tal devoción a la Nueva España.

Las coordenadas en el tiempo y el espacio nos llevan al protagonismo histórico de Hernán Cortés (1485-1547). Hace más de 500 años, el oriundo de Medellín inició una hazaña histórica única. No sólo fue la mera conquista de los mexicas, de hecho, Cortés puede equipararse a un César, cuyo Rubicón fue desactivar las naves (el verbo “quemar” no es exacto), de tal suerte que él y sus huestes no sucumbieran a la tentación de volver a Cuba. Hoy hay quienes consideran que Cortés no fue un militar brillante (más bien un diplomático, capaz de lograr una alianza, en especial con los nativos de Tlaxcala), para derrotar a pueblo mexica, a la sazón, la sociedad dominante,[1] y no precisamente un pueblo admirable. En el presente son muchos los que admiran sus monumentos y esculturas, sin tener presente que habían abrevado de un culto demoniaco que conllevaba sacrificios humanos y canibalismo.

En mi opinión, Cortés era un apóstol, como lo fue Santiago, y, como lo hizo Alfonso II, contó con el patrocinio de uno de los Boanerges (o “hijos del trueno”, como les llamó Nuestro Señor Jesucristo). No obstante, en 2019, la persona de Cortés y su legado han sido el blanco de ataques, calumnias y desprecio. Ni qué decir que la devoción a Santiago requiere de la vocación de un arqueólogo para localizar la imagenería que surgió desde el siglo XVI. Intentar comprender qué ha pasado es nuestro derrotero.      

II. Santiago Mataindios.

Desde la Plaza de la Constitución (honrando a la liberal «Pepa» de 1812), conocida popularmente como “Zócalo”, en el centro histórico de la Ciudad de México, se puede llegar a una pequeña calle de nombre Moneda. Caminando unas decenas de metros en la esquina que da con la calle de Academia, está la Iglesia de Santa Inés, cuyo claustro se ha transformado en un museo que exhibe la poco apetecible obra de un artista gráfico llamado José Luis Cuevas. El interior de Santa Inés es pobre (víctima de las diversas persecuciones religiosas de los siglos XIX y XX), es un templo del siglo XVIII, cuyo atractivo principal es resguardar los restos del pintor novohispano Miguel Cabrera, el mismo que retocó la tilma de la Santísima Virgen del Tepeyac o Guadalupe. Incluso se conservan ahí pinturas de don Miguel, como el Suplicio de Santa Prisca. Pero destaca el bajorrelieve de una de las puertas. Se trata de una talla admirable de Santiago Matamoros o, mejor dicho, Santiago Mataindios. Dicho templo es del siglo XVIII, pero no pasa desapercibida la denominación de Santiago el Mayor, lo cual nos remite a la actual Parroquia de Santiago Apóstol en Tlatelolco. Ésta es una obra del siglo XVI, adosada a lo que fuera el Colegio de la Santa Cruz de Santiago Tlatelolco, fundado por un grupo de frailes franciscanos alrededor de 1533. Se trató de una escuela para élites indígenas donde se enseñaría la gramática latina y española, así como filosofía y teología. Si era un centro evangelizador ¿cómo hablar de un Santiago bélico frente a los sujetos a catequizar? La comprensión de dicho título, como no puede ser de otra manera, obliga a contextualizar las cosas. Por ejemplo, la versión oficial (estatal), no lo hace y de ahí que resulte no sólo carente de rigor, sino realmente torticera y mendaz:

“La iglesia de Santiago Tlatelolco fue erigida después de la Conquista, en 1521. Los vencedores eligieron el lugar donde los mexicas habían resistido los embates militares por más de 80 días. Cuando los conquistadores llegaron a Tlatelolco destruyeron los vestigios de los mexicas con el objetivo de borrar toda huella y legado de tan importante cultura. De esta manera, las esculturas rotas formaron parte de la edificación de la iglesia de Santiago Apóstol. El nombre del sitio obedece a que Santiago estuvo en la península ibérica predicando el evangelio, aunque no fue evangelizador de España, convirtiéndose en el patrón, guía y libertador en el Nuevo Mundo. Actualmente se puede observar atrás del ábside, en la fachada Oriente, un fragmento de una deidad asociada a la tierra. El edificio conserva un relieve del siglo XVII; además, en su interior se exhiben algunas pinturas de gran valor histórico. Entre 1536 y 1566 este lugar funcionó como el imperial Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco, en donde trabajó fray Bernardino de Sahagún. En el siglo XIX se utilizó como prisión militar y así funcionó hasta el siglo XX. En 1976 se renovó y albergó el Archivo Histórico de la Secretaría de Relaciones Exteriores”.[2]

Antes de desmenuzar tal letanía de desaciertos y disparates, hay que tener presente, a su vez, que pocas conmemoraciones históricas han sido tan despreciadas como el inicio de la campaña cortesiana en lo que será la Nueva España (1519-2019). 500 años después y no obstante el desarrollo admirable de la historiografía, las ideologías parecen convertirse en velos que cubren la verdad. Siendo el término “ideología” polisémico, aquí tomaremos la definición aportada por Gonzalo Fernández de la Mora, es decir, una filosofía política vulgarizada con fines interesados políticamente.[3]

@LaReconquistaD


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.