Columna de La Reconquista | Receta de un crimen: ignorancia, incompetencia, ideología

Reúna en un recipiente del tamaño del Congreso de los Diputados (si no lo tuviere, puede usar alguna piscina hinchable, o, en su defecto, cualquier caldero de unos veinticinco litros de capacidad) y ponga abundante agua a temperatura ambiente, con el fin de que se serene. A continuación, macere los ingredientes en recipientes distintos, con el fin de que cada uno se vaya “pochando” en su propia sazón. Inicie usted por los más fuertes de sabor, para que vayan reposándose, a saber:

  1. Ideología: separe usted los correspondientes al GPVOX, algunas piezas selectas del GPPopular y dos o tres máximo de los Grupos Parlamentarios Mixto y Plural, y deje todos estos guardados en la alacena, en sitio fresco, para una futura utilización –no en esta receta–. A continuación, seleccione usted a los integrantes del PSOE, EH-Bildu (ETA), JXCAT, Esquerra Republicana, PNV, Ciudadanos, Unidas Podemos y restos que hayan sobrado de los Grupos Mixto y Plural.
  • Ignorancia: de entre la “piezas” seleccionadas, compile usted los curriculum vitae de los integrantes de dichas formaciones, poniendo especial cuidado en cribar la sutil diferencia entre este ingrediente de ignorancia y el próximo (incompetencia), puesto que a la hora de macerar saldrá muy diferente resultado si no lo hace. Podrá auxiliarse, viendo los curricula vitae, sobre los niveles “salvajes”, “agrestes”, “silvestres” y meramente “pedestres”, con el fin de reservar los más destacados para un tratamiento posterior. Como criterio, dejaremos en este ingrediente quienes no han realizado estudios (más los que la vida les ha proporcionado en las herriko tabernas, sindicatos, casas del pueblo y otros reputados centros de bonhomía), e incluiremos los que “no han dado palo al agua” en su vida; ha de integrarse a estos últimos los que solamente han vivido de palabras (sea en cargos públicos, sea en promesas privadas) o de obras moralmente reprochables (incluyendo las posturas fisiológicas que les hayan llevado a las alianzas, mediante la oralidad, la disponibilidad, el ofrecimiento de su tierno y cálido cul…to –le ruego no sea usted malpensado– a su jefe en turno, “macho alfa”, etcétera).
  • Incompetencia: tras haber cumplido el paso anterior, busque y aparte las porciones correspondientes a las más excelsas “joyas” de la inactividad humana, la pereza supina, el “enchufismo” descarado, el nepotismo exacerbado y la obtención de puestos públicos y nominaciones por favores de amigos (sea de índole presumiblemente sexual o de cualquiera otra). A todas estas porciones –no le faltarán, se lo aseguro, especialmente entre los cargos del mayor relieve y preponderancia, especialmente en el (des)gobierno de la Nación–, aplánelas fuertemente a golpes de rodillo, para que el mazacote conformado por sus curriculum vitae falsificados y las apetencias viciosas de todo el espectro deleznable conformen una masa más o menos homogénea –más o menos, no se esfuerce demasiado, que sería pedir peras al olmo–.

Tras haber reunido, separado y macerado los ingredientes expuestos, la preparación de la receta consiste en ir mezclando, en dosis iguales y proporcionalmente, los tres ingredientes antedichos. Por ejemplo, si usted quisiere un Ministro, la dosis es: dos porciones de incompetencia, dos de ignorancia y tres de ideología: si quisiere un portavoz, las proporciones varían, conformándose por cuatro dosis de ideología, una de ignorancia y dos de incompetencia; y así sucesivamente, según quiera usted especificar el plato competente (o incompetente, más bien). Le recuerdo la importancia de haber dejado macerar suficientemente y por separado cada uno de los ingredientes, puesto que soltarán su jugo por sí mismos –como las pulgas que no tienen perro al que parasitar, terminan devorándose unas a otras, como estudiamos respecto a los primeros años de la década de los treinta en el pasado siglo, o, más recientemente lo hemos visto en las trifulcas entre los diferentes grupos separatistas y traidores de Cataluña–, y estarán en su punto máximo de concentración.

Una vez realizadas las mezclas y proporciones para cada dosis, tendrá usted como resultado que, si las mete en el mismo horno a calentar a fuego elevadísimo (temperatura «infierno» a ser posible, en caso contrario 350 grados centígrados), ha hallado la combinación perfecta para la realización de un crimen. Reitero: crimen (o actuación criminal, como prefiera usted). Porque es un crimen elevar a los máximos puestos públicos de los poderes legislativo y ejecutivo del Estado a los incompetentes, ignorantes y aborregados abducidos de la «ideología» –algo que solamente puede usted encontrar en las izquierdas más rancias que presumen de un ADN trasnochado, tinto en sangre de compatriotas y orgulloso de su imbecilidad, estulticia y egoísmo–.

Es un crimen –sea por comisión, negligencia, acción o colusión, sin que la ignorancia sirva de eximente ni atenúe la responsabilidad y culpa– que semejante patulea de golfos, chulos, prepotentes, fraudulentos, irresponsables, idiotas e imbéciles puedan decidir la vida pública e internacional de España. Es un crimen que, mientras ellos votan a favor de subirse sus salarios un 3.5%, aduzcan que no hay dinero para las mil necesidades de la sociedad, como el fondo de pensiones, la sanidad, las compensaciones o la energía, la cesta de la compra o el combustible (claro, recuerde usted que Sus Señorías, con salarios tan paupérrimamente establecidos, necesitan como sanguijuelas la sangre de la liquidez del erario público… ¡y no tienen fondo, esas simas de voracidad, rapacidad y rapiña!).

Son muchos crímenes. Pero no estamos exentos todos, no. Somos copartícipes (en ese ámbito de la co-oficialidad, la coadyuvancia y la co-gobernabilidad). Es un crimen en el que participamos los presuntamente inocentes ciudadanos cuando los aberrantes y abyectos legisladores de «ideología» promueven el aborto (léase «asesinato de la criatura concebida en el vientre de la madre», aun cuando no lo practiquemos ni recomendemos), la eutanasia, los talleres de travestismo para infantes, los espectáculos soeces y blasfemos, las demoliciones de presas, centrales nucleares, monumentos históricos y de toda la ética social, etcétera. Y nos hacen cómplices necesarios, coadyuvantes silenciosos, ya que han sido los votos de muchos ciudadanos –que quiero considerar “inocentes” en vez de “comprados”, “tolerantes” en vez de “lobotomizados”, o “buenistas” en vez de “enceguecidos” por la ignorancia, la incompetencia y demás grados de idiocia que provoca esta perversión de la política–.  

No tengo duda de que algunos pudieren considerar como “errores” algunas de las actuaciones descritas en el párrafo antecedente, pero… no puedo justificarlos como tal, puesto que en política, los errores negligentes son crímenes, puesto que se pierden miles y miles de vidas por “errores sanitarios” (negligencia criminal), miles y miles de familias se ven abocadas al desempleo por “errores legislativos” (negligencia criminal), millones de niños ven prostituido el derecho que les protege como “el interés superior de la infancia” por leyes desvergonzadas y vergonzantes que solo buscan pervertir la inocencia, apagar el brillo y adoctrinar (“¡negligencia criminal!”), “errores de ruta” (como la propuesta de conceder el voto a menores de edad, a los 16 años, cuando legalmente no pueden beber alcohol, comprar cigarrillos o solicitar un crédito bancario, aun cuando legalmente les hayan permitido fornicar hasta por las orejas, abortar sin consentimiento parental o emborracharse hasta perder toda cordura y dignidad, pero no quieren darles las obligaciones inherentes a la ciudadanía, como el pago de impuestos, la imputabilidad penal o la responsabilidad civil, por ejemplo).

Cuando hay tantos “errores” es porque la ignorancia impera (en lugar de la sabiduría, la bondad, la justicia y la verdad). Cuando hay tantos “crímenes” –y eso que no he referido las invasiones migratorias, las actuaciones de menores no tutelados (¿les dicen MENAS a algunos barbajanes con tórax de toro fornido, o a cardúmenes de escuálidas sardinas de tez oscura y alma negra?), la seguridad nacional, el incumplimiento impune de las sentencias judiciales, y un etcétera más luengo que la enciclopedia–, es porque las «ideologías» gobiernan con la inexcusable ayuda de los incompetentes (por lo cual jamás habrá justicia social, pese a su «robusto escudo social», porque muy bien lo dice Agustín de Hipona: Remota iustitia quid sunt regna nisi magna latrocinia?, “cuando no está la justicia, ¿qué es el Estado sino una caterva de ladrones?”).

En fin, quizá tengamos lo que nos merecemos (por votar sin meditar a los que no tienen corazón ni cerebro). Quizá sea nuestro sino seguir descendiendo en el bienestar e involucionando en la vida, de manos de tan feroces lobos, ratas, garrapatas, zorras y demás alimañas políticas (por ser tan ingenuos, mentecatos y callados). Quizá sea lo que algunos llaman “karma” (aunque “quien siembra vientos cosecha tempestades”, dice el Refranero, o, como nos recuerda el Marqués de Santillana, “de aquellos polvos, estos lodos”). Lo que sí es cierto es que ES IMPRESCINDIBLE RECTIFICAR EL RUMBO, CORREGIRLO Y REGRESAR AL CAMINO DE LA RAZÓN, EL ORDEN, LA JUSTICIA, IGUALDAD Y DEBER, terminando con los “experimentos de siniestros expertos”. Las consecuencias de lo hacerlo ya las tiene usted en el título de esta columna, y la receta (si bien no aparecerá en manuales culinarios) dependerá de usted…

@CondestableDe

@LaReconquistaD

Un comentario en «Columna de La Reconquista | Receta de un crimen: ignorancia, incompetencia, ideología»

  • el octubre 1, 2022 a las 9:59 pm
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    Gran receta… Lo comparto absolutamente todo. Yo que soy activista pro vida, no puedo entender que personas no sólo católicas, sino también involucradas en la actividad provida, sigan votando a un partido que ya ha demostrado por activa y por pasiva ser pro muerte, PP. No lo entiendo, de verdad que no lo entiendo.

    Y ya lo de los católicos es alarmante. Considerarte católico y votar a cualquier partido que no defienda la vida (en la actualidad en España sólo VOX tiene una línea roja en ese tema) es sencillamente incoherente, es mentir. O eres católico o votas a los que defienden la muerte, ya sea por aborto o por eutanasia. Pero votar a esos y denominarte católico es sencillamente mentir. Y estoy hablando sólo del tema provida, que es uno de los 4 no negociables que estableció Benedicto XVI, no porque le saliera de la punta de la nariz, porque es lo coherente con el cristiano, defender el bien, la verdad, NO SE NEGOCIA.

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