Columna de La Reconquista | Quien te cubre, te descubre

Gran verdad es, amable lector, que encontramos auténticos pozos de sabiduría en las sentencias, refranes y dichos que en todas las culturas han abundado –aunque, sin ánimo de ofender, en la española es donde más abundan, a mi leal entender y el mundo que he recorrido–. Y quizá por ello, mientras reflexionaba en torno a los dislates legislativos, políticos y económicos que, por desgracia, abundan en nuestra Patria –no considero que necesite usted un recuento de tales barbaries, que, aun cuando pareciera que ya son cada una la gota que falta para hacer rebosar el vaso de la paciencia, no terminan de germinar en las mentes de quienes hemos de padecerlas en mayor o menor grado– llegaron a mi mente estas palabras que Teresa Panza, la rústica, sensata y realista esposa del escudero del  más famoso caballero de La Mancha: “Quien te cubre, te descubre”.

¿Cómo es que la buena Teresa replica tan duramente a su sencillo esposo? ¿Acaso no es loable tener metas, ilusiones, anhelos y esperanzas? Sin duda, lo es, siempre y cuando sean realistas, alcanzables y sirvan para el bien. Pero no es nada digno de alabanza ni encomio dejar volar la fantasía, la imaginación y elucubrar sobre posibles venturas del mañana cuando en el día actual se nos está incendiando la casa. ¡Vamos, que sucede como en el cuento de la lechera, que por mucho fantasear con lo que haría con un dinero bien merecido, en un traspié rompe no sólo la cántara de leche sino también todos esos castillos edificados en el aire!

Pues no es otra la realidad que vivimos, sino la de especular y fantasear con un mejor mañana (¡poco margen ya dejan al libre albedrío las leyes sobre Seguridad Nacional, Inteligencia Artificial, sistema financiero e impositivo, expresión en medios y redes de comunicación, etcétera!). SI la sentencia que Teresa Panza nos lanza en el capítulo 5 de la segunda parte del Quijote trae enseñanza adaptable a los días presentes, yo diría que son dos las lecciones a aprender: la primera, que el “nuevo rico” (el de las puertas giratorias, los fraudes, la corrupción, la especulación…) siempre se reconoce, como el árbol, por sus frutos, porque “aunque la mona se vista de seda, mona se queda”, es decir, que siempre se va a saber que no era aquello de lo que presumía (como tantos comités de «expertos», asociaciones «libertarias» y mediocres politicuchos que alaban a «su persona» mientras la realidad, tozuda, muestra la vergüenza que en verdad es).

La segunda, por supuesto, aplica a la literalidad. En este mundo de «coaliciones», «foros», «pactos», «convenciones» y demás denominaciones alternas, cuando uno juega con fuego se va a quemar. O, si lo prefiere, pactar con el diablo quizá pueda dar frutos aparentemente óptimos en unos momentos, pero de seguro que va a terminar prostituyendo y condenando al ingenuo pactante (o idiota votante, lo dejo a su criterio, señor lector). Porque ése que te ha «ayudado» va a ser un nuevo Judas Iscariote, y por menos incluso de treinta monedas, venderá al coalicionado. La Historia, la auténtica Historia, está llena de ejemplos (desde el Marco Antonio y Octavio Augusto, pasando por el Conde Don Julián y el Rey Rodrigo, hasta las ideologías pervertidas y perversas de la izquierda, desde sus inicios hasta su actualidad, puesto que en nombre del “bien común” a toda la comunidad hacen mal).

“Quien te cubre, te descubre”. ¿Por qué tienen tanto miedo los presuntamente honrados servidores públicos, tanto de nombramiento como de elección popular, a rendir cuentas con claridad y transparencia? ¿Han abusado de sus cargos para favorecer ilícitamente a familiares, amigos y conocidos? ¿Han engordado fraudulentamente sus cuentas bancarias en paraísos fiscales a costa de, por ejemplo, los planes de pensiones, las becas estudiantiles o la sanidad pública?

“Quien te cubre, te descubre”. ¿Cómo es posible que la Justicia (bueno, el Poder Judicial, porque creo que no está en él muy presente ni la virtud cardinal cuyo nombre ostenta ni la invocada diosa Themis con su balanza y espada) además de ser ciega (esa venda en los ojos…) sea sorda, muda, torpe y pasiva? ¿Tendrá algo que ver la cantidad de expedientes que exhiben el procrastinar, los nombramientos “a dedo” de políticos de turno, los favores de “archívese sin tramitar” para los simpatizantes de ideologías varias? ¿O serán achacables meramente la estulticia de juzgar según la letra de la ley y no según su espíritu (sin que quiera recordar a los juzgadores que los principios pro persona y pro natura son de obligado cumplimiento hermenéutico)?

“Quien te cubre, te descubre”. ¿Acaso las organizaciones internacionales que, según la Carta Fundacional de la ONU y todas las declaraciones y pactos subsiguientes en 40 años –porque los treinta últimos mejor obviarlos, al ser ya puramente políticos y nada solidarios– tienen el deber y obligación de velar por la dignidad humana, la paz, el bienestar, el desarrollo, la cultura y la vida, han sido sojuzgadas por el mejor postor, por ese maldito dinero que compra y vende conciencias como panecillos salidos del horno?

“Quien te cubre, te descubre”. ¿Será cierto que las iglesias y asociaciones religiosas también se han sometido a un «orden» muy verde, ecológico, resiliente, inclusivo y transversal, pero se han olvidado de sus dogmas de fe, amor a Dios y al prójimo, corrección fraterna y jamás callar la verdad? ¿No debería abdicar ya un incapaz administrador del Pueblo de Dios (desde el más alto en jerarquía al más bajo en oficio) que predica la economía solidaria antes que a Cristo crucificado?

“Quien te cubre, te descubre”. ¿Estamos nosotros callando para cubrir la vergüenza de habernos transformado de personas inteligentes y honradas a palmeros abducidos, mentecatos temerosos o indiferentes amorales? Porque parece ser que “tragamos” con todo, desde los falsos informes sobre fallecimientos a las pésimas cifras de recuperación económica, sin olvidar ese “fuerte escudo social” (del que ya no quieren hablar), las toxoplasmas (aviar, porcina, vacuna o mona), fumigaciones y cambios climáticos, o la nueva alimentación entomófaga de idiotas predicadores que comen jamón… Desde luego, estamos demostrando ser más palurdos que aquellos que quieren descubrir el hilo negro…

Dejemos, estimado lector, de “cubrirnos” tanto, y comencemos a “descubrir” –tanto en su acepción de “encontrar” la verdad como de “quitar la cubierta” a tanta idiotez–, so pena de ser colaboradores, cómplices criminales o tontos útiles… Algo así como el Sr. Presidente del Gobierno, que se “cubre” con «coaliciones» traidoras, insidiosas, asesinas y fanáticas, mientras se “descubre” que sólo es mentiroso son escrúpulos, estratega sin inteligencia, farol apagado en noche oscura (y no solo él, no… también todos los que le apoyan, consienten, permiten y alaban, que es peor). Que la luz de la razón, la inteligencia, la objetividad y la verdad entre en nosotros cual nuevo Pentecostés (cercano en fecha, pero de cumplimiento y actuación diaria), porque los bolsillos se vacían, los corazones se endurecen, los ánimos se caldean y las mentes enloquecen. Se acaba el tiempo para poder remediar tantos males reales, y únicamente culpa nuestra es.

@CondestableDe

@LaReconquistaD

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.