Columna de La Reconquista | “¿Quién está contra España?”

Innegable. Absoluta y totalmente cierto. ¡Cómo duele reconocerlo! Incluso el catalán Estanislao Figueras, en la tan «añorada Segunda República», abandonó el poder tras una insufrible e inútil sesión del Consejo de Ministros, el 9 de junio de 1873, proclamando lo siguiente: “Señores, ya no aguanto más. Voy a serles franco: ¡estoy hasta los cojones de todos nosotros!”. Pero no es nuevo, hombre… Si ya el conde don Julián traicionó a Don Rodrigo, propiciando la invasión musulmana almohade, allá por año 711…

Y, para más mortificación, el pasado domingo, Día del Apóstol Santiago, Patrón y Adalid de las Españas, se realizan eventos antiespañoles en la propia Plaza del Obradoiro y la Plaza de la Quintana, con insultos, emblemas de toda calaña e ideología de crispación, intentonas de agresión a quienes portaban la bandera de la Patria… ¿Eso es honrar España, buscar una fantasiosa «patria galega» o buscar el bien de todos cuantos en este suelo vivimos? Muy preocupados los del BNG por el costo de la estela trazada por la Patrulla “Águila”, pero nada preocupados por la financiación de sus carteles, pancartas, locales y actuaciones muy poco legítimas…

Leí hace unos días una estupenda columna en este medio, publicada por Doña Berenguela (a quien aprovecho para felicitar) sobre este mismo tema, y por eso mismo, me gustaría enfocarlo desde otro punto de vista, para comenzar señalando que, pese a lo que muchos pensaren, algunos términos o palabras se suelen confundir –por considerarse equivalentes o sinónimas–, y no podemos incurrir en tal error. Para evitar esos fallos, usaré los términos “antihispanismo”, “antiespañolismo” e “imperiofobia”. Así, al utilizar la palabra «antihispanismo» me refiero a la «hispanofobia» expresada desde fuera del ámbito hispánico, mientras el término «antiespañolismo» lo utilizaré para señalar la aversión contra España desde el seno mismo del Estado español –que ya tiene “mala leche y peor café”–.

La «imperiofobia» es una discriminación racial que algunos dicen producirse “hacia arriba”, y que necesita –entre otros «requisitos»– un fuerte poder local donde apoyarse. Por si fuera poco, y todavía peor, en una misma localidad pueden darse los dos racismos conjuntamente, “hacia arriba” y “hacia abajo” –perdón por el parecido con las explicaciones de Barrio Sésamo–. Esto ocurre en algunos Estados del Este de la Unión Europea, cuando unas veces manifiestan un racismo hacia abajo –construyendo barreras para impedir la llegada de refugiados sirios, por ejemplo– mientras que otras veces expresan el racismo hacia arriba de la imperiofobia –al promover una política agresiva contra Rusia con el fin último de desmembrarla, otro ejemplo–.

La «hispanofobia» nació en Inglaterra hacia el año 1534, cuando Enrique VIII se proclamó «cabeza de la Iglesia anglicana». Allí el antihispanismo no se fue desarrollando como un mero prejuicio, sino que conllevaba una campaña de propaganda stricto sensu –como en los casos del protestantismo alemán y holandés–. Enseguida se desarrolló una «satanización» de la Iglesia Católica y de su mayor defensora, España –calificada, al igual que Roma, como «la ramera de Babilonia»–. Incluso lo encontramos vivo, hoy, en el himno de los Países Bajos, que los niños aprenden en las escuelas, y donde escuchamos en su estribillo final: Mi alma se atormenta, pueblo noble y fiel, / viendo cómo te afrenta el español cruel”.

El siglo XVIII (dicen que “Siglo de las Luces”) incorpora una parte de los tópicos de la hispanofobia protestante, pero añade otros. Esta versión interesa porque se mantendrá hasta nuestros días. La hispanofobia está en Bayle, en Montesquieu, en Voltaire –que puede considerarse uno de los grandes renovadores del mito de la Inquisición–. Un recorrido por la “Enciclopedia” (obra culmen de la Ilustración francesa) nos demuestra hasta qué punto la hispanofobia es un punto toral en la Ilustración francesa: dice Raynal que “L’Espagne resta stupide dans une profonde ignorance” (“España permaneció estúpida en una profunda ignorancia”). El conde de Buffon (de la misma cuerda) desarrolla una teoría racista catalogando las razas humanas de mayor a menor categoría (¿hace falta decirle a usted en qué categoría quedaba el español? ¿Acertará?).

Finalmente inició el declive económico de Hispanoamérica, tras los movimientos independentistas y de la década de 1830. Ante el derrumbamiento del imperio, los liberales en España sintieron la necesidad de «echarle la culpa a alguien» de la postración nacional. Para ello, como anillo al dedo promovieron más aún la leyenda negra con todos sus tópicos –entre los cuales la denominada «excepcional intolerancia religiosa española» ofrecía un mecanismo inmejorable para que los coetáneos pudieran eludir cualquier responsabilidad–. Volvemos a lo dicho: el español contra España, el hijo contra su madre.

Yo entiendo que para que se nos respete, debemos primero respetarnos a nosotros mismos, todos, en base a la realidad –y no en base a ideologías cerradas y parciales–. Este colofón me vale y me confirma en la idea de que el antiespañolismo que proviene del interior de España es mucho más nocivo que el antihispanismo, como lo vemos en los días actuales con las nefastas leyes de «memoria histórica» y «memoria democrática». Serán muy “leyes”, pero de legitimidad carecen plenamente: si permitimos o seguimos permitiendo esto, no duden que la caliente sangre celtíbera volverá (¡por desgracia!) a correr como agua…

Así que… Es cierto: el peor enemigo de un español es otro español. Los que hemos vivido muchos años en diferentes países de América y Europa –como ha sido mi caso– lo podemos corroborar: se ama mucho más a la tierra patria estando fuera de ella que los que ya estamos viviendo continuamente en ella, quizá por la distancia, quizá por la nostalgia, quizá por comparar nuestras experiencias vividas con el presente… No sabría decidir una razón. Pero cuando vivimos fuera de España permanecemos mucho más al tanto de qué sucede en “casa” que ya al residir en ella. ¡Qué ejemplo nos dan nuestros compatriotas! ¿Seremos capaces de seguirlo?

@LaReconquistaD

Un comentario en «Columna de La Reconquista | “¿Quién está contra España?”»

  • el julio 28, 2021 a las 3:31 pm
    Enlace permanente

    Buenas tardes, Condestable.
    Imposible estar más de acuerdo, amigo.

    Desgraciadamente, tenemos el enemigo dentro. Cuando la agresión viene desde fuera o la lleva a cabo un tercero, alguien ajeno a nosotros, puedes defenderte de una u otra forma, pero cuándo es uno mismo el que se agrede a sí mismo eso tiene muy difícil solución.
    Te mando un fuerte abrazo, amigo.

    Respuesta

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *