Columna de La Reconquista | “Que sí, que si… que la masonería y el comunismo son lo mismo”

A estas alturas, mucha gente es consciente de la leyenda negra que fabricó la masonería sobre la conquista española de las colonias americanas (aunque no fueron colonias, fueron provincias españolas), cada vez se hace más notoria esta cuestión. Otra gran leyenda negra, menos conocida, es la que se ha creado en torno a la creación del comunismo y la Guerra Civil Española. Trataremos estos dos asuntos de manera somera.

Según nos cuenta Salvador Borrego en su famoso libro “Derrota Mundial”, Marx recibió ayuda de los banqueros judíos Rothschild (masones) y dio forma a la teoría del comunismo, pero los principios pseudocientíficos de este ya eran manejados por el judaísmo desde muchos años antes. El poeta judío Enrique Hein, sobrino del banquero Salomón Heine, fue el primero en hablar de la “dictadura del proletariado” en 1842, y dijo que el comunismo aparecería más tarde poderoso e intrépido. Lenin le levantó a Heine una estatua en Moscú, y alguien le erigió otra en Nueva York.

Continúa diciendo: “La francmasonería en su principio es una institución peculiar de los judíos, hija del estado en que vivían, creada por ellos para reconocerse, apoyarse y entenderse sin ser sorprendidos en sus secretos, buscarse auxiliares poderosos en todos los países, atraer a sí a todos los descontentos políticos, proteger a todos los enemigos del cristianismo”.

En 1776 el judío alemán Adán Weishaupt había creado la secta masónica de los Iluminados de Baviera, Más tarde, Lenin insistía en el sueño de Weishaupt y de Marx (con esto, queremos decir que comunismo y masonería van de la mano), y les decía a sus seguidores, que la tarea inmediata era unir el proletariado industrial de Alemania, Austria y Checoslovaquia, con el proletariado de Rusia, creando así una poderosa combinación industrial y agraria.

El marxismo nació con la idea clara de implantarse a nivel mundial (no es casual que la masonería actual tenga el mismo proyecto global que el comunismo); a través de células obreras trato de infiltrarse en todos los países. La cuestión no era instaurar un régimen comunista en todas las naciones y que cada una conservara su propia independencia, la idea era apoderarse de todas a través del comunismo. Esto se vio claramente tras la Segunda Guerra Mundial. Rusia se instaló en todos los países donde combatió, y los aliados no hicieron nada por impedirlo.

En esta ocasión, hablaremos del intento comunista por sovietizar España. Dice Salvador Borrego: “Después de una profunda infiltración masónica en la maquinaria gubernamental, el comunismo sacudió a España el 2 de mayo de 1931 con actos terroristas contra las iglesias de las principales ciudades. Ante ese clima de alarma e inseguridad –precursor de la Revolución Mundial marxista–, el rey Alfonso XIII dimitió y el poder quedó en manos del primer ministro Alcalá Zamora, sefardita (judíos que vivieron en la Corona de Castilla y la Corona de Aragón hasta su expulsión en 1492), quien por una parte asistía a misa los domingos y tranquilizaba así a la masa católica y por la otra solapaba la infiltración roja. Dos años más tarde Francisco Largo Caballero celebraba un pacto con el embajador soviético, Rosenberg, y a continuación llegaban a España agentes comunistas como llya Ehrenburg, Primakoff, Goreff Rose Skoblewski, Aralink Tupolyew, Vladimir Bischitzki, Bela Kun, J. Artadel, Antonow Ovejenko, Moise Rosenberg, Leo Jacobson, Keikin, Kolzow Ginzburg Friedlander, J. Miratvilles, Stillermann, Samuel Frat-kin, Shapiro y otros. Muchos de ellos judíos disfrazados de rusos. Además, se dedicaban a obtener armas en el extranjero, para los rojos españoles, Lourie Fuchs, Adler, Zibrowki, Merkas y Wall. El judío francés León Blum facilitaba la introducción de armas en España y el paso de oficiales soviéticos, hasta que en octubre de 1934 hubo un levantamiento pro-comunista en Asturias”.

La Segunda Republica, fue aceptada por todos en España. En abril de 1931, se celebraron elecciones municipales para decidir el nombramiento de 80.000 concejales de ayuntamientos. En absoluto se trataba de elecciones para dirimir entre monarquía y república, solo eran para cubrir concejales en los ayuntamientos de España. Los republicanos argumentaron, que aunque hubo mayoría de voto monárquico, este voto se había emitido mayoritariamente por gente del campo y que ellos habían ganado en las ciudades más importantes de manera mayoritaria. Y esta fue la doctrina que triunfó en su argumentario, aunque volvemos a repetir que no eran elecciones sobre monarquía o república. El problema fue que el rey y los ministros liberales monárquicos aceptaron eso como una derrota y se instauró la república…

No había transcurrido tan siquiera un mes de la proclamación, cuando se produjo la quema de conventos en toda España. Y ante todo esto, Miguel Maura (católico), que era el Ministro de la Gobernación, cuando tras insinuar que iba a sacar a la fuerza armada para contener los desmanes, escuchó la firme advertencia de Manuel Azaña (Presidente de la república), de que no les fueran a hacer daño a los pirómanos. Fue entonces cuando sentenció con frase lapidaria: “Todas las iglesias y conventos de Madrid no valen la vida de un solo republicano”.

Don Miguel Maura amenazó con dimitir, pero ni dimitió ni pararon la masacre. La quema de iglesias y conventos de mayo de 1931 no fue obra de descontrolados. Los numerosos incendios y la pasividad de las autoridades apuntan a que todo aquello no fue fruto de la espontaneidad. Todo esto coincide a la perfección con lo que nos cuenta Salvador Borrego en su libro: “Esa quema de conventos, fue un acto promovido por la masonería comunista que se encontraba ya en España”.

Continúa diciendo Salvador Borrego: “Por otra parte, Gil Robles organizaba a un sector anticomunista en la Confederación Española de Derechos Autónomos, y José Antonio Primo de Rivera ponía en pie a la juventud contra el bolchevismo. El diputado Cano López reveló (febrero 15 de 1935), cómo la masonería reblandecía la disciplina en el ejército y propiciaba los desórdenes comunistas. Pero la conjura siguió avanzando y en mayo del año siguiente subió el maestro grado 33 Manuel Azaña, que dio apoyo a los rojos. En 4 meses fueron incendiados 170 templos, 69 clubes y 10 periódicos; murieron en actos de terrorismo 269 personas y 1,287 quedaron heridas; estallaron 113 huelgas generales y 218 huelgas parciales. El famoso político José Calvo Sotelo denunció en las Cortes que el país estaba siendo empujado hacia el comunismo y pidió que se restableciera el orden. El Gran Oriente reunido en Ginebra acordó que se liquidara a Calvo Sotelo”.

Lo que nos cuenta Salvador Borrego coincide de nuevo, con el testimonio de primera mano de Ricardo de la Cierva: “El asesinato de Calvo Sotelo fue un asesinato ritual masónico “como una casa”. Y esto me lo ha contado el jefe de los asesinos (teniente Urbano), grado 33, miembro importantísimo de la masonería española y gran amigo mío, padre de María Rosa, la famosa bailarina. Un día me contó que la muerte de Calvo Sotelo fue un crimen masónico; y dijo saberlo porque él fue quien lo planeó y quien lo ordenó. Le comenté que eso tenía que saberse, a lo que apostilló: “yo te lo cuento y tú se lo cuentas al público”.

Como todo el mundo sabe, tras la muerte de Calvo Sotelo, estalló la rebelión anticomunista del ejército (18 de julio de 1936), donde, pese a la infiltración “roja”, había todavía un baluarte de nacionalismo. El general Sanjurjo murió cuando iba a acaudillar el movimiento y entonces quedó al frente del mismo el general Francisco Franco.

Tres intenciones nos han movido para la redacción de esta columna. La primera: dar a conocer el libro de Salvador Borrego Escalante, libro que se imprimió por primera vez en el año 1953, y lleva 48 ediciones al día de hoy, aunque todas agotadas. Si alguien está interesado en él, se puede poner en contacto con el autor de este artículo o buscarlo en la red. Dejamos enlace de una de las entrevistas realizadas a Salvador Borrego (ya que la Wikipedia no lo deja muy bien parado), para que tengan una idea del autor.

Entrevista a Salvador Borrego

La segunda: demostrar las conexiones entre masonería, comunismo y sionismo internacional.

La tercera: hacer ver que La falsa «memoria histórica» que desde las logias se viene fabricando desde hace siglos –y que en el caso de España se quiere imponer por ley– ha conseguido que las nuevas generaciones de españoles no dispongan de herramientas para poder evaluar de manera correcta los acontecimientos más relevantes de nuestra historia patria. Y que Franco, fue un dictador, obligado a serlo.

Véase Franco dictador obligado a serlo

@LaReconquistaD

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