Columna de La Reconquista | “Pues a la buena de Dios…”

Sí, es cierto, señor lector. Así vamos. Como bien lo sabe usted, la expresión «dejar algo a la buena de Dios» es descuidar algo, despreocuparse por algo, dejarlo “al ahí te va” o “a la deriva” –como un barco sin timón ni capitán en alta mar–. Incluso el DRAE define la expresión aludida como: “Expresión que se utiliza para indicar que algo se hace de cualquier manera, sin reflexionar, sin prepararse y sin prestar atención a lo que se hace ni dedicarle ningún cuidado especial.

Ah, pero se dice que se deja «a la buena de Dios» porque, como nadie atiende a lo dejado, sólo queda Dios (el Ser Omnipresente, Omnipotente y Omnisciente) para que lo ayude, lo arregle, lo componga, lo repare y haga el milagrito… Por supuesto, como la Divinidad se le supone la plenitud de la bondad, también se espera que vaya a aplicar su buena voluntad para que lo abandonado consiga un buen término, y por ello se dice lo de «a la buena», siendo una forma abreviada de decir “a la buena voluntad”.

Pues bien, el Reino de España quedó «a la buena de Dios», luego de que un mentiroso y desaprensivo gobierno de «coalición» tomase el control gubernamental (aunque este Gabinete en verdad está ubicado en los últimos lugares en su actuación o, en los primeros lugares en cuanto a mal desempeño de sus funciones como tal (a cómo mejor le parezca a usted amable lector), y muchos de los anteriores integrantes de esta pesadilla se retirasen a idílicos parajes –con cartera repleta, cuentas bien surtidas, propiedades a mansalva y una plétora de desatinos públicos y privados, propios de ser susceptibles de investigación por actuación criminal, activa, pasiva, omisa o negligente–. 

Si en algún momento se pensó que venían, con P. Sánchez –al que algunos denomina «Satánchez», lo que me hace reflexionar mucho sobre las cinco primeras letras–, con P. Iglesias –¡urticaria debiera ocasionarle ostentar apellido tan significativo!–, y políticos del calibre similar que ya conocemos; reitero: si se pensó que arribaban nuevos tiempos y escenarios de diálogo, acuerdos, negociaciones y pacto, con este Ejecutivo de la improvisación, el engaño, la opacidad y la mentira, todo ello quedó cancelado y el regreso de la era de las cavernas será una realidad en nuestras gloriosas tierras patrias –ojalá me equivoque, dilecto lector, pero las pruebas y datos de momento dicen lo contrario–.

La represión, la diatriba, la descalificación, los oídos sordos, el insulto, el enfrentamiento, la amenaza, la miopía política, serán –entre otras–, las vías, las banderas, las rutas, los andamiajes y caminos por lo que transita la política interna del gobierno actual –vaya, su «hoja de ruta», que tan de moda está decirlo–, por lo que si todavía quedaban esperanzas para los españoles de una gran mejora –como fue prometida–, de un «robusto escudo social» –hecho de palabras y aire, a la vista de las situaciones–, o de un «salimos más fuertes» –pero más fuertes en ignorancia, inadvertencia, desentendimiento, apatía y obediencia casi “mesiánica” a ideologías y personas marcadas con el sello de la traición a la Patria–, ya pueden ir depositándolas en el baúl de los recuerdos, porque muy bien podría grabarse en cada una de las fronteras hispanas la frase de La Divina Comedia de Dante Alighieri: “Lasciate ogni speranza, voi ch’entrate” (“abandonad toda esperanza quienes aquí entráis”).

No sé yo –y creo que tampoco quizá usted, amable lector– cuándo los políticos, los partidos, los sindicatos, los empresarios, los académicos, los trabajadores, los sanitarios, la gente pensante, los medios de comunicación, etcétera, serán (o seremos) capaces de decir la verdad, porque en el reconocimiento de la debilidad se encuentra el primer paso de la fortaleza –o, como dicen: “caer está permitido, levantarse es obligatorio”–, pero de lo que sí estoy convencido es de que cuando a la incapacidad y la ineptitud se les concede el poder… ¡ni el Buen Dios que lo arregle! (metafóricamente, por supuesto, dado que Él sí podría, mas no lo hará, porque respeta el libre albedrio, justo lo que ni este gobierno ni los demás, ni la Unión Europea ni la OMS hacen).

Al carecer de liderazgo fuerte, el gobierno ha restado capacidad de cohesión a sus propias acciones, anulando la coherencia de las mismas con lo prometido en campañas o discursos (pronunciados incluso en sede parlamentaria), y finalmente ha perdido ya todo contacto con la sociedad en general, a la que gobierna, administra y –al menos en la teoría legal– representa, para poder dar certidumbre de mejoras, progresos y capacidad al nuevo rumbo que va tomando el escenario mundial.

Pero… en esta ocasión, y ante desatinos tales, no soy –ni puedo serlo– risueño ni ingenuo, ni tan siquiera ya optimista con esta caterva de buitres. Por lo que se ve, continuará siendo un gobierno, un gabinete y una coalición negligente, distante, dictatorial, abusiva, fría y mediocre. Veremos y diremos, estimado lector… Al tiempo…

@LaReconquistaD

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