Columna de La Reconquista |“¿Profetas o enterados?”

“Un mundo feliz” es una novela del escritor y filósofo británico Aldous Huxley, novela que más bien parece una profecía de lo que acontece en los últimos tiempos. Sorprende mucho que algunos novelistas den de manera tan precisa en el clavo sobre cosas que más tarde terminan ocurriendo con bastante precisión. También está el caso de Sylvia Browne, que en su obra End of days (Fin de los días), describe una enfermedad global, similar a la que hipotéticamente afecta al planeta. Brown escribía hace 13 años lo siguiente: “Alrededor de 2020, una enfermedad grave similar a la neumonía se extenderá por todo el mundo, atacando a los pulmones y los bronquios, y resistiendo todos los tratamientos conocidos”.

Podríamos plantearnos que estos novelistas vendrían a ser los profetas de la actualidad. Pero también podríamos plantear la hipótesis de que pudiesen ser gente con información privilegiada y conocedoras de asuntos que se nos escapan al resto. En este caso, nos ocuparemos de Un mundo feliz”, de Huxley, publicada en 1932.

La novela nos presenta un mundo nada deseable donde a través del control de la natalidad, el adoctrinamiento desde la niñez, las drogas y la tecnología, se consigue cambiar radicalmente la sociedad. Las élites consiguen un cambio radical de paradigma social a través de estos y otros medios. Un mundo homogéneo, ecologista, hipersexualizado, polígamo. Donde han desaparecido la familia, la libertad, la propiedad privada, la privacidad, la diversidad cultural, la literatura, la religión, la filosofía y el amor.

Los seres humanos se reproducen de manera industrial y desde el nacimiento son designados a una casta en concreto. Desde el nacimiento se determina el lugar que cada individuo ocupará. A través de ingeniería genética cada ser humano será prefabricado para desarrollar las capacidades que le correspondan según su casta (una especie de hormiguero donde unos son obreros, soldados o dirigentes). A los de la casta más baja se les priva de oxígeno durante la gestación para que no desarrollen demasiadas capacidades intelectuales.

Todo esto se complementa con un fuerte adoctrinamiento desde la niñez. A los niños se les aplica una técnica llamada «hipnopedia», que consiste en que durante el sueño y a través de un altavoz se les repiten una serie de consignas y se les adoctrina para que acepten con agrado su destino social.

Lo trágico de todo esto es que, si se analizan cada una de las características de la sociedad de la novela, podemos llegar a la conclusión de que muchas de ellas, de una manera u otra, se están aplicando en la nuestra. A nadie se le escapa que muchos gobiernos en nuestra sociedad real están intentando suplantar a los padres en la educación de los niños para someterlos a esta hipotética «hipnopedia». No a través del sueño, sino a través de sistemas educativos que quieren implantar por la fuerza de la ley.

Otro caso curioso es el de la reproducción. Los avances técnicos de los que se dispone hoy en día se asemejarían a los de la novela. La ectogénesis (desarrollar un feto fuera del cuerpo humano, en un útero artificial), es algo ya real en nuestros días. Dejamos enlace a continuación (véase Ectogenesis, hacienco “clic” en la palabra).

La pregunta que se cuestionaba al principio de este artículo era: ¿son profetas estos novelistas? ¿O son gente muy bien informada? No lo podemos saber, pero en el caso de Huxley habría que dar un pequeño repaso a su historial familiar. Aldous Huxley era hermano de Julian Sorell Huxley, biólogo evolutivo, escritor, humanista y eugenista (ciencia del buen nacer. Los mecanismos para conseguirla pueden ser “positivos” por el fomento de la reproducción de los más aptos, o “negativos” por las trabas o la incapacitación a los “menos aptos” para que no se reproduzcan), y primer director de la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura)Además, era nieto de Thomas Henry Huxley, que también tenía ideas eugenésicas.

El abuelo y el hermano de Aldous Huxley eran miembros reconocidos de la masonería y, como ya sabemos, esta sociedad apuesta por un mundo globalizado donde el hombre no esté sometido a ningún tipo de religión y que esté constantemente alarmando sobre la sobrepoblación. Muchas cosas más se podrían decir, pero las diremos en otro momento. La cuestión podríamos rematarla de la siguiente manera: Huxley… ¿Era un profeta? ¿O estaba muy bien informado de ciertos planes globalistas?

Véase el análisis de la novela “Un mundo feliz”, haciendo “clic” en el título.

@LaReconquistaD

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