Columna de La Reconquista | “Otra traición masónica: la independencia americana”

Al contrario de lo que la leyenda negra nos quiere hacer creer, las independencias de los virreinatos americanos no fueron una gesta organizada por la gente del pueblo, es decir, que la población de esas provincias españolas nunca tuvo esa ocurrencia, no fue un acto del pueblo, sino que más bien fueron golpes de estado organizados por miembros de la masonería con el apoyo incondicional de esa entidad, que en el fondo es una secta gnóstica y política, como muy bien refleja León XIII en su Encíclica Humanum Genus.

España dio el estatus de provincias a los territorios americanos, y ya desde el principio los Reyes Católicos promovieron el mestizaje entre españoles e indígenas. España contribuyó a la civilización y evangelización de los indígenas americanos mezclándose con ellos y aboliendo los asesinatos sacrificiales que se contaban por miles todos los años. Esta gesta llevada a cabo por España nunca fue perdonada por la masonería. España unió, en lugar de someter, a un continente, al contrario de la práctica masónica que es desunir para vencer. En el nuevo proceso masónico de recuperar todo lo precolombino, no estaría mal preguntarse si también querrán recuperar los sacrificios humanos.

El lugar más destacado dentro de este proceso “libertador” lo tiene el criollo (nacido en el continente americano, pero de origen español) Sebastián Francisco Miranda, que desde Venezuela se traslada a la península para iniciar su carrera militar, estableciendo así un vínculo con la Corona de España y llevando a cabo exitosas campañas militares y obteniendo gran reconocimiento por su labor. Su conversión a la masonería se empieza a fraguar tras participar en la batalla de Pensacola, episodio clave para la independencia de Estados Unidos de Inglaterra y en el que España tuvo una gran relevancia.

Tras este episodio, Miranda conoce al Marqués de Lafayette, y será éste quien lo apadrine en su ingreso en la masonería en 1783, donde desarrolla una carrera importante dentro de la secta. A partir de ese momento, Miranda deja de ser un fiel oficial español para convertirse en un conspirador contra la Corona. Creó organizaciones masónicas, que son fundamentales para entender la independencia americana, y llegó a participar en la Revolución Francesa. Poco a poco se va granjeando amistades de importantes masones ingleses, y en esa misma medida va desarrollando un odio visceral a España.

Creó una logia llamada La Gran Reunión Americana, que dependía de la Gran Logia de Inglaterra, donde iban de la mano los intereses ingleses con los de la masonería española, fundamentalmente compuesta por criollos como Bernardo O’Higgins Riquelme, hijo de un virrey del Perú. La astucia de esta secta es como poco admirable, pues siempre han ejercido la táctica de captar miembros destacables del organismo que quieren destruir.

Véase película de 1943 sobre como capta la masonería a personajes de interés

La logia Gran Reunión fue captando a todo criollo que se involucraba con el sentimiento independentista (aunque también lo que atraía era la ambición de poder), y todo se dirigía desde Inglaterra (hecho nada casual). En 1806, Miranda intenta un primer desembarco en las costas de Venezuela con intenciones golpistas y con una flotilla de ingleses y americanos que se ponen a su disposición. Contaban, para llevar a cabo el golpe, con el apoyo popular, el cual no tuvo ningún éxito, razón por la cual se tuvo que retirar refugiándose en Jamaica, que obviamente era territorio inglés. Por aquella época y gracias a la intervención de Miranda y O’Higgins, empiezan a surgir una serie de logias con el mismo nombre: las logias Lautaro. Pequeñas logias de cinco grados, creada la primera de ellas en Cádiz, y que llegan a tener representación en toda América del Sur con el apoyo manifiesto de las logias de América del Norte y de Inglaterra.

A todo esto, el pueblo permanecía al margen de todo el proceso. Simón Bolívar se inició en la masonería en 1805, y ya en 1825, cuando está en el poder, la prohíbe. Es decir, que se sirvió de ella para poner en marcha el proceso independentista, pero conocedor de la peligrosidad de ésta, cuando alcanza el poder la prohíbe, y lo hace utilizando las siguientes palabras: “Porque es una sociedad secreta que sirve especialmente para preparar los trastornos políticos, turbando la tranquilidad pública que oculta todas sus actividades con el velo del misterio”.

Por un lado la masonería conspiraba en las colonias, pero por otro, también los masones de la península ibérica pusieron su granito de arena para lograr que se llevase a cabo la independencia de éstas. El 1 de enero de 1820, el teniente Rafael del Riego se pronunció en Las Cabezas de San Juan a favor de la Constitución. Contaba con varios batallones del ejército acantonado en Andalucía para marchar hacia América con la intención de sofocar el proceso independentista, pero en lugar de hacerlo, decidió rebelarse contra la monarquía e intentar dar un golpe contra Fernando VII.

España había enviado anteriormente una expedición a las provincias americanas para frenar el proceso independentista liderada por el general Morillo, que tuvo bastante éxito, pero que no llegó a sofocar la rebelión por completo. Éxito relativo pero contundente, porque hasta los “libertadores” se estaban planteando desistir de su intento. Para rematar el asunto, Fernando VII se dispuso a enviar otro contingente para cerrar la cuestión y sofocar definitivamente el levantamiento. Esta era la misión del Teniente Riego, pero éste, en lugar de cumplir con lo encomendado, se le ocurrió (en lugar de embarcar para el Nuevo Mundo), dar un golpe militar a la Corona en vez de ayudar al primer contingente que definitivamente hubiese puesto fin al levantamiento.

Sin la menor de las dudas, podemos decir que este desacato perpetrado por Riego vuelve a ser una traición masónica. Los principales organizadores del levantamiento llevado a cabo en Las Cabezas de San Juan –Riego y Quiroga– eran masones. A Riego, por llevar a cabo esta acción, lo ascendieron a Gran Maestre de la Logia Nacional. Tras estos dos militares (Riego y Quiroga) se encontraba también Don Juan Alvares Méndez, más conocido como Mendizábal, un hombre entregado a los intereses británicos toda su vida y masón perteneciente al supremo consejo del grado 33. Ni que decir que el trienio liberal que vino tras estos episodios se caracterizó, como no podía ser de otra forma, por la desamortización de los bienes eclesiásticos (que no fueron a parar a manos de los campesinos sino de la burguesía), y por una atroz persecución religiosa, sello indeleble de la masonería en todas sus revoluciones.

La conclusión que podemos sacar de estos episodios es: que la masonería instaurada en las provincias americanas y la de la península posibilitaron que se perdiera esa parte de España que no quería independizarse pero que fue obligada a hacerlo. Y se puede entender perfectamente que años más tarde, y tras otra de las tantas felonías llevadas a cabo por esta sociedad “discreta” durante la Segunda Republica, cuando el General Francisco Franco ganó la guerra, lo primero que hizo fue prohibir la masonería en España. Franco era un buen conocedor de esta secta política y conocía estos episodios y muchos otros de la historia masónica. Lo mismo hizo Bolívar, que habiendo aprovechado a la masonería para conquistar el poder, la prohibió porque la conocía.

@LaReconquistaD

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