Columna de La Reconquista | «Organizaciones Secretas»

“La mera palabra ´secreto´ es repugnante en una sociedad libre y abierta. Y nosotros, como personas, nos oponemos a las sociedades secretas. A los juramentos secretos y a los procedimientos secretos. Y hay un grave peligro de que el anuncio de un necesario incremento de la seguridad sea aprovechado por aquellas, ansiosas de expandir su significado a los límites de la censura y el ocultamiento oficiales. Y me propongo impedir que eso ocurra por todos los medios de que dispongo” (fragmento del discurso pronunciado por el presidente de los EEUU, John F. Kennedy, ante la Asociación de la Prensa Norteamericana, 1961)

Si aceptamos que los grupos humanos, llegados a un cierto grado de desarrollo, han de organizarse políticamente; es decir, han de proceder a la delegación del poder que reside en el pueblo en una serie de representantes o agentes para la gestión de toda una serie de asuntos. A estos agentes los denominaremos gobernantes.

El ordenamiento jurídico y la acción de los gobernantes, lo aceptaremos también, no puede nunca contravenir los intereses del grupo de representados.

La historia de Occidente es, en cierto modo, el resultado de una tensión irreductible entre democracia y plutocracia. Es decir un pulso, entre los que defienden las organizaciones políticas genuinamente constituidas como mejor manera de administrar los asuntos del grupo; y los que psicopatológicamente quieren controlar al grupo para rendirlo progresivamente hasta su total sometimiento. Estos últimos se ven abocados, para poder tener éxito, a controlar a los gobernantes para que su legislación y su acción de gobierno no vayan en beneficio del pueblo sino para precisamente lo contrario, es decir para una premeditada, concienciada y decidida acción en contra del grupo. Siempre ha ocurrido, y ahorro abundar en la prolija casuística al respecto, que el soborno y la corrupción de los gobernantes es el modo en que, secretamente, se golpea al grupo por las organizaciones depredadoramente plutócratas. Si es preciso, el asesinato de los gobernantes renuentes al sometimiento del grupo, o de la nación, se efectuará sin reparos.

Inicialmente el modelo de organización secreta, tras la caída del imperio romano, se perfila entre la corte de los Papas trasladados a Venecia, por un lado, y el Dogo y el Consiglio de los Diez de la Serenísima República de Venecia. Una República emancipada del imperio romano de Oriente o imperio bizantino.

Allí se dará un proceso de retroalimentación entre la institución que ejerce el liderazgo espiritual sobre una Europa cuya religión oficial es el cristianismo, desde  el edicto de Tesalónica promulgado por el emperador Teodosio el año 380; y una República sin rey pero con una nobleza nueva, registrada en “El libro d´Oro”, como Nobil Uomo o Nobil Donna. Son los patricios vénetos. Ellos son los que únicamente podrán alcanzar las altas funciones y magistraturas del Consejo.

El comercio de Venecia en el Mediterráneo, incluía la piratería o el tráfico de esclavos, de modo que así se constituyó una especie de Fenicia en el  fondo de saco del mar Adriático. De hecho uno de los grupos sociales incorporados a la República y que pudieron inscribirse como nobles fueron los “Curti”, procedentes de las costas de Oriente Próximo. Los nobles acumularon gran riqueza y poder con ese mercantilismo que, casualmente, se veía respaldado a menudo por bulas papales, como la bula Unam Sanctam Ecclesiam, más conocida como la ley del almirantazgo.

¿Qúe tenemos pues? Una plutocracia autoinstituida que ve nacer en su seno la fórmula del préstamo con interés, a menudo desproporcionada y usurero. Usura que es introducida convenientemente en las cortes de los reyes cristianos por los venecianos. Serán sus “judíos de la corte” los testaferros que la practicaran. Para desgracia de los súbditos que han de pagar diezmos y nuevos impuestos si el préstamo vence y no se puede devolver; y sin que los Papas la impidan para gloria de los bancos venecianos.

De esa estructura endogámica de poder allí nacida, que se propone acumular disponibilidades de dinero líquido para luego estudiar cómo obtener la máxima rentabilidad prestándolo; hasta la Reserva Federal y a los fondos de inversión actuales sólo se ha producido un cambio significativo. El plutócrata actual, secretamente, ha ganado con sobornos y crimen la encomienda de gestión de los gobernantes y reyes de las naciones para la emisión de moneda y la fijación de los tipos de interés. Y están seguros de que nadie les retirara esa lucrativa actividad porque, como le sucedió a Kennedy, a Lincoln o Andrew Jackson si es preciso asesinar, asesinarán a quienes pretendan quitarles su predilección por la dominación, el saqueo, el daño y la degradación de los que nunca soñaron ni soñarán con ser poderosos.

Algunos crímenes de los esbirros de la plutocracia:

  • El asesinato del archiduque del imperio austro-húngaro Francisco Fernando. Su oposición al nombramiento del cardenal masón Rampolla como Papá le valió el asesinato por la plutocracia tan interesada en penetrar el Vaticano desde el s.XIX. Y así se desencadenó la “lucrativa” primera guerra mundial.
  • La negociación para la entrega de Cuba, por los liberales de Sagasta (el hermano “Paz”) a EEUU, a cambio de muchísimo dinero. Para eso era preciso que muriera Isaac Peral que, tras las exitosas pruebas de inmersión en San Fernando de su prototipo de submarino, era un estorbo. Una flotilla de submarinos hubiese impedido la derrota de Cervera. Una derrota muy absurda por cierto, demasiado para ser creíble.
  • El golpe del General Riego, masón de alto grado, en las cabezas de San Juan, volviendo las tropas contra Fernando VII y haciendo inevitable que la insurrección en los virreinatos americanos se pudiera sofocar. Las primeras matanzas de religiosos y los primeros incendios de templos en España.
  • Los atentados de Atocha. Sin comentarios acerca de para qué sirvieron.

Finalmente, cabe plantearse el siguiente interrogante:

Si no queremos un nuevo gran enfrentamiento, en esta ocasión a escala global; si no queremos una nueva entrega de alguna parte de nuestro territorio (Cataluña, Canarias, Ceuta, Melilla o Vascongadas); si no queremos un golpe y un cambio violento de régimen; si no queremos más crímenes ni atentados…

¿No  deberíamos tener un estatuto para el cargo público político no funcionario que tasara los supuestos de traición o administración desleal? ¿No deberíamos establecer un régimen sancionador para los gobernantes adictos a la malversación de fondos público, al uso de los mismos para fines espureos o para la aceptación de sobornos?

El pacto italiano entre la Liga Norte y el Movimiento 5 Estrella, como acto previo a la formalización de ningún acuerdo, estableció que no podían formar parte del gobierno italiano ni miembros de la masonería ni de la mafia. La gravedad del combate a muerte que libran en contra de nuestra libertad estos soberbios esbirros de la plutocracia lo hace necesario, urgente e impostergable. Más que nunca.

@LaReconquistaD

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