Columna de La Reconquista | “Objeción de conciencia y vida humana”

Imagen del diseñador gráfico y artista GRAPHIC NIN-J.A. 2021, cortesía para “La Reconquista»

No, no, amable lector. Para nada me refiero a que su servidor sea un “objeto”. Meramente es la primera persona del singular del presente de indicativo del verbo «objetar», en referencia a la acción de ejecutar la objeción. Pero, ¿qué objeción? ¿Cualquier pega, pretexto, excusa o sentimiento momentáneo? Tampoco. Hablaremos, si lo tiene usted a bien, de la «objeción de conciencia» –y de lo peligroso que se está poniendo ejercerla o reclamarla, aun cuando sea un derecho reconocido y tutelado por la ley–.

Brevemente dicho, la «objeción de conciencia» es un derecho, que se refiere al rechazo de una persona (o un colectivo de personas, sean físicas o morales) hacia una conducta que le está siendo exigida por ley, por razones que cree deben inspirar su conducta –sean morales, éticas, religiosas o filosóficas–.

Los “eficientes” legisladores y “eficaces” magistrados de nuestro amado Reino de España se han pronunciado, en la última recta del año 2021, en dos asuntos de la más alta relevancia en materia de Derechos Humanos, tanto en las leyes de eutanasia, “trans” y de reforma educativa como en las de defensa de la vida. Además, empezaron con el pie izquierdo –bueno, no podía ser de otra forma, ¿verdad?–, puesto que por un lado, carecen de facultades para definir el origen de la vida humana y el concepto de persona y no pueden desconocerse estos conceptos frente a los derechos del embrionarios que van adquiriendo fuerza en la medida de su crecimiento y evolución natural. 

Por otra parte, la objeción de conciencia para el personal médico frente a la obligación de practicar intervenciones quirúrgicas que “interrumpan” un embarazo –¡qué aborrecible expresión, llamar así a un acto de “supresión homicida o infanticida”!–, lesiona de manera directa a la libertad de conciencia y el derecho a profesar una religión, creencia o culto –o no profesarla–, además que transgrede el derecho al trabajo digno o decente, siendo aquél en el que se respeta plenamente la dignidad humana del trabajador –sin que exista discriminación por origen étnico o nacional, género, edad, discapacidad, condición social, condiciones de salud, religión, condición migratoria, opiniones, preferencias sexuales o estado civil–. 

Muchos políticos y juzgadores manifiestan que no están de acuerdo en que la objeción de conciencia forme parte del núcleo esencial de la libertad religiosa, ideológica y de conciencia, constituyéndose en un derecho humano con rango constitucional –¡como si tal derecho no estuviese ya contemplado y tutelado en los propios Derechos Humanos!–, por lo que sostienen que debe evitarse que los médicos nieguen los servicios de aborto legal a mujeres y niñas, así como tratamientos de planificación familiar y tratamientos de esterilidad. 

En este sentido, amable lector, existe una grave coalición entre el derecho a la libertad religiosa y de conciencia frente al derecho a la salud y la libertad reproductiva, por lo que habrán de valorar los legisladores (si es que les “obligamos” a ello) ambas partes citadas, mediante un test de proporcionalidad en materia de Derechos Humanos, para verificar su constitucionalidad y que se permita generar un balance entre los derechos que están siendo objeto del análisis, con la finalidad de alcanzar no solo formalmente la justicia constitucional para mujeres y médicos que invoquen la protección legal, sino una justicia real.

En definitiva, señor lector: nos quieren prohibir hasta el hecho de estar en desacuerdo. Y no, no puede consentirse tal. Ciertamente, hay límites en toda libertad, pero no al extremo de “obligar en conciencia” a actos que repugnan la naturaleza humana, la lógica y la inteligencia, además de los principios, valores y creencias que cada quien pudiere tener.

Por eso, ¡YO OBJETO! Objeto a que me objeten mis libertades, objeto a que se “juegue” tan “al ahí te va” en materia legislativa o judicial, objeto a que se cosifique el trabajo, la dignidad humana y la decisión de las familias. Objeto a que se tengan tantas consideraciones y miramientos con los enemigos de España, con los que la fracturan, dividen y arruinan, con los que matan y odian, con los que celebran “homenajes” (que no son otra cosa sino puros reconocimientos de las atrocidades que han cometido los “carniceros” de turno, sean de Mondragón, Zaragoza o donde guste).

En fin, que yo OBJETO TODO LO QUE COARTE LO BUENO, JUSTO Y CORRECTO. ¿Y usted? ¿Nos atrevemos todos a objetar?

@LaReconquistaD

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