Columna de La Reconquista | “No se puede estar a favor de algo sin estar en contra de lo contrario”

Días atrás, un famoso cantante español decía que él no estaba en contra de nada, pero que estaba a favor de la vida (se refería al tema del aborto). Es muy difícil estar a favor de algo sin estar en contra de lo contrario a ese algo. No se puede estar a favor de la vida y no estar en contra de la muerte, no se puede estar a favor de un equipo de fútbol sin, de alguna manera, estar en contra del otro. Cuando dos ejércitos entran en combate es muy difícil estar a favor o combatir en uno sin estar en contra del otro. En este mundo estamos en guerra contra el mal, no se puede estar a favor del bien sin estar en contra del mal.

En un mundo paganizado y relativista optar por la verdad se convierte en cargar con una cruz, y todas las cruces crucifican. Defender la vida en medio de una sociedad que asumió hace tiempo la cultura de la muerte y del descarte no sale gratis. Cristo lo deja bastante claro en el Evangelio: “El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama”.

Un célebre refrán dice que “no se puede nadar y guardar la ropa” Otro, no menos conocido, dice que “no se puede soplar y sorber” a la vez. Podría parecer que muchas veces se pretenda lo uno y lo contrario. Se puede ser indiferente al mal, estar en contra o estar a favor de él, pero lo que no se puede es estar a favor del bien y no posicionarse en contra del mal. Cuando se busca la muerte de alguien se está en contra de la vida, y cuando se busca salvar la vida de alguien se está en contra de la muerte.

Aristóteles, en su libro Metafísica, nos explica que cuando dos opuestos pertenecen al mismo género hay un estado intermedio:

Por ejemplo, en el género de las temperaturas tenemos lo frío y lo caliente, al pertenecer estos al mismo género, está lo tibio.

En el género de las elecciones tenemos lo bueno, lo malo y, necesariamente, lo regular, es decir, lo intermedio entre ambos.

En cambio, la verdad y la falsedad pertenecen a géneros distintos: la verdad al género del “ser” y la falsedad al género del “no ser”; por lo tanto, no hay un estado intermedio entre ambos, algo es falso o verdadero.

Pensar que se puede estar a favor de la vida en el caso que nos ocupa y pretender no estar en contra de la muerte (aborto), se podría interpretar como que… matar está mal y yo no mataría, pero al no estar yo en contra de nada, estoy a favor de que se mate, siempre que el que mate no sea yo. No se puede estar a favor de dos cosas contrarias, sin estar en contra de una de ellas. En el Evangelio escuchamos a Jesús que dice: “Nadie puede servir a dos señores: porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien, se entregará a uno y despreciará al otro”.

Si este cantante hubiese dicho: no estoy en contra de nadie (en vez de decir que no estaba en contra de nada), pero estoy en contra del aborto, hubiese tenido más coherencia su respuesta, ya que quedaría bien entendido que no le desea el mal a nadie, ni a quien aborta ni al que es abortado. “No se puede nadar y guardar la ropa”. La verdad nos hace libres, pero, obviamente, compromete. No se puede optar por la verdad sin enfrentarse o estar en contra de la mentira; decir: no estoy en contra de nada, pero estoy a favor de la vida, queda bonito, pero no se sostiene filosóficamente.

El Papa Pío XII, en la Encíclica Humani Generis, en la polémica sobre el Modernismo, advertía en el “irenismo” un peligro muy real. “Irenismo” (la palabra viene del griego eirene, que significa paz), es una de las tendencias modernistas que más daño ha causado a la Iglesia y a la sociedad. Si tuviésemos que resumirla, diríamos que es la herejía del “buenísmo”, pero si queremos profundizar más este asunto, podemos leer la encíclica Humani Generis. El Irenismo es un movimiento que busca la paz y la unión a toda costa. Es el ocultamiento de la realidad de las cosas por no ofender al oyente. Cuando se emplea la doctrina sin caridad como si fuese un ariete se cae en un extremo; y cuando se esconde la doctrina para no desentonar con el ambiente y no se habla con claridad se cae en el otro. Podríamos decir que este segundo extremo es el Irenismo.

En su afán de conciliar, acaba cediendo terrenos de la doctrina que son innegociables. Lo confía todo al diálogo y en muchas ocasiones se comporta con un exceso de sensibilidad humana obviando las verdades de la doctrina (prima más las buenas relaciones que la defensa de la doctrina). El Irenismo no es amigo de poner los puntos sobre las íes.

La vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción. Desde el primer momento de su existencia, el ser humano debe ver reconocidos los derechos de la persona, entre los cuales está el derecho inviolable de todo ser inocente a la vida. El Catecismo dice en su punto 2272: “La cooperación formal a un aborto constituye una falta grave. La Iglesia sanciona con pena canónica de excomunión este delito contra la vida humana. “Quien procura el aborto, si este se produce, incurre en excomunión “latae sententiae” Con esto la Iglesia no pretende restringir el ámbito de la misericordia; lo que hace es manifestar la gravedad del crimen cometido, el daño irreparable causado al inocente a quien se da muerte, a sus padres y a toda la sociedad”.

Resumiendo. En esta vida no se puede estar en contra de todo, pero tampoco se puede estar en contra de nada.

@LaReconquistaD

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