Columna de La Reconquista | “Ni lo compre: «progresismo» no es «progreso»”

El gran sueño humano. Aspiraciones y anhelos. Progresar. Avanzar. Alcanzar metas. Desarrollarse. Ser feliz. A todo ello le llamamos, más o menos coloquialmente, «progresar». Pero ha de constar que ello no es en modo alguno «progresismo», puesto que el esfuerzo personal en superarse nada tiene que ver con ideologías, sino con actuaciones. Hoy, la palabra «progreso» se emplea como lo opuesto a «retroceso», para hacernos comulgar con ruedas de molino y creernos que ser «progresista» es lo bueno, lo correcto, lo positivo, mientras que todo lo que se encuentra fuera de ese «progresismo» es negativo, atrasado, anticuado –o, en términos políticos modernos, «conservador casi reaccionario»–.

Por eso, para iniciar, hemos de conocer la etimología de los términos, a fin de evitar posteriores confusiones. Así, el vocablo «progreso» proviene del latín progressus, que significa“avance”, y que a su vez deviene del prefijo pro (hacia adelante) y el participio gressus (del verbo gradior, que significa “ir”, “marchar”, deveniente a su vez del sustantivo gradus, “paso”, “peldaño”). A su vez, el “progresismo” es la adición del sufijo –ismo (que implica “creencia”, “movimiento”, “doctrina”).

Hemos de partir del punto de que el progreso (visto como «desarrollo», como «avance») es óptimo, y que en la historia universal han existido épocas de desarrollo auténtico e integral para el progreso. Todo lo que sea progreso siempre será bueno, pero hay definir la palabra «progreso», puesto que una cosa es el progreso material –el de los derechos, de la tecnología, el de economía, el de telecomunicación, el de energía, etcétera– y otro muy distinto es el mal llamado «progreso de la izquierda», «modelo progresista» o «progresismo» –que desea ir más allá de lo antes mencionado–, mediante el cual se busca manejar a los seres humanos con una muy peculiar concepción de «libertad» –que nada de libertad tiene, pues estrangulan los derechos al prohibir en algunos países de corte socialista (y sus derivaciones extremas) derechos en muchísimas áreas de la sociedad, como, por ejemplo, en la libertad religiosa, de asociación, reunión, manifestación, información, elección de educación, sanidad, etcétera–.

Entre las ideas cumbres del «progresismo» destaca una que es toral: el adoctrinamiento obligatorio e irrespetuoso a los niños y jóvenes, al enseñarles de forma obligatoria sus ideas socialistas –como la enseñanza pública de baja calidad en contenidos e hipersexualizada, un “lavado cerebral” previsto por la Agenda 2020-2030, la agenda LGTBIQ+132 (perdón, ya varían mucho las siglas)– y todo lo que buscan que aceptemos, pero que no solo piden que sea aceptado, sino también apoyado –y esto último sería pasar sobre nuestros derechos, si bien lo van consiguiendo gracias a la pasividad, pereza, miedo y desinformación que los ciudadanos, en gran medida, tenemos, por desgracia–.

El «feminismo» es otro «cáncer» abortado del ideario socialista –gracias a señoras (seguramente “seres de luz”, claro) que se adjudican casi en exclusiva el «progresismo»–, porque una cosa es luchar por la igualdad de la mujer y sus legítimos derechos, y otra cosa es el odio contra los hombres –y, dicho sea de paso, contra toda persona que no apoya su odio sin sentido–.

El tema sobre el aborto es otro punto en discordia. Muchas personas respetan la decisión de la madre al aborto, si bien yo no lo comparto en forma alguna. Aunque, repito, que por ley lo respetamos –pero nunca me podrán obligar a decir públicamente que el aborto es algo bueno–.

Con relación a la opción de cada persona a decidir cuál género quiere tener –y eso que biológicamente sólo existen dos, aun cuando gramaticalmente pueda añadirse el género “neutro” o “epiceno”), y es respetado como subjetividad, pero ya hay países donde si a un hombre que se siente mujer, o viceversa, quiere denunciar a quien no lo vea como él se autopercibe, y el denunciado puede hasta ser encarcelado según la denuncia, porque según la interpretación progresista del sistema de legislación en estos países, todos lo demás están obligados a llamarlos como ellos se sientan –o sea, debo llamar “señorita” a un hombre solo porque parezca mujer, sea por cómo se viste, o por cirugías estéticas, aun cuando tal cosa es sin duda es una violación a mi libertad de ver las cosas según como la ciencia me ha enseñado, porque por más cirugías que se realice un hombre, al morir ese hombre que se ha operado para llegar a ser mujer, el departamento de patología de un centro médico habrá de certificar que ha fallecido un hombre–. Ergo, no me pueden obligar a apoyar lo que mi sentido común me pide que no apoye, ni donde la ciencia tampoco les da la razón: es mi libertad creer en lo que la naturaleza desarrolla.

Pero el «progresismo» quiere que todos apoyemos sus ideas, y renunciemos a nuestras creencias, valores y principios –o sea, que esa concepción de la «libertad» es, en otras palabras, abolir la lógica, la inteligencia, la razón y la elección–. Tal argumento, ad auctoritatem, esbasura, puesto que hablar de «libertad» y obligar a dejar a un lado la racionalidad, la naturaleza y la inteligencia –además de los datos que la ciencia proporciona– por orden de gobiernos autoritarios es la aniquilación de la propia libertad.

En resumen, estimado lector, y siguiendo al enciclopédico autor D. Miguel de Farnesio (@FarnesioDe): la izquierda es opresora y dictatorial, se disfrace como guste. No está para nada mal el progreso, pero una cosa es «progreso», y otra muy distinta las «ideologías progresistas». Aseguro a usted que me quedé muy corto con todo el alcance negativo de la ideología progresista –y su agenda completa para manejarnos como marionetas, como seres que solo cumplen un número–. La izquierda afirma que protege nuestros derechos –mientras gobierna la derecha–, pero cuando ellos, los de la izquierda gobiernan, se acaban los derechos para algunos.

La conclusión, pues, sin duda, es irrecusable: No compre usted tal discurso, de verdad, porque el auténtico «PROGRESO» no es lo mismo –ni lo será– que el falseado y manido «PROGRESISMO» al que acuden los solípedos ungulados para intentar “justificar” sus imposiciones y violaciones a la dignidad del ser humano.

@LaReconquistaD

2 comentarios en «Columna de La Reconquista | “Ni lo compre: «progresismo» no es «progreso»”»

  • el julio 29, 2021 a las 1:40 pm
    Enlace permanente

    Admirado, Condestable:

    Felicidades por su columna. Brillante. Solo puedo decir que me ha encantado, como todo lo que hace. Además, ha tocado un tema de muchísima actualidad, negativa, por desgracia, por parte del rojerío enfermo que se ha propuesto acabar con todo lo que sea preciso para imponer su maldita y asesina ideología.
    Considero un honor que me haya citado de manera tan cariñosa. Muchas gracias, amigo.

    Le mando un fuerte abrazo, patriota.

    Respuesta
    • el julio 29, 2021 a las 7:52 pm
      Enlace permanente

      Mil gracias, D. Miguel de Farnesio, amigo y admirado, respetado y siempre considerado como caballero en toda su extensión.

      Debemos dejar mucha tinta, mucha pluma y muchas publicaciones antes de que algunos oídos se abran, algunas voces reclamen, más brazos se levanten… Si nos dejamos, ¡nos meriendan!

      Mi oración y afecto, D. Miguel. Siempre, todo, por Dios y por España.

      Respuesta

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *