Columna de La Reconquista | “Mass Media o manipulación de masas (Parte I)”

Los tradicionales mass media, hoy más conocidos como «medios de manipulación masiva», han experimentado una gran transformación en el último medio siglo. El denominado «cuarto poder», cuya independencia de los gobiernos le permitió derribar algunos –recordemos el escándalo Watergate–, se ha convertido en la actualidad en el mayor siervo de las élites gobernantes.

Grosso modo, podemos establecer dos etapas: la primera, entre los años 70 y 98, y la segunda, desde entonces hasta nuestros días.

En las décadas de los años 70-90 existían dos categorías bien delimitadas: Prensa seria, caracterizada por el rigor informativo y la investigación exhaustiva, y prensa sensacionalista o amarilla, centrada en sucesos escandalosos (el término «amarillismo» proviene de EE.UU, de finales del S. XIX; entonces se asociaba con la cobardía y la lucha por la audiencia). En España se diferenciaba entre prensa rosa –la dedicada a personajes famosos, con cierto rigor–, y la sensacionalista o rompedora de tabúes, muy prolífica en los primeros años de la democracia, cuyo objetivo era captar lectores o audiencia. La acepción «amarillismo» se empleó en la década de los noventa para referirse a la intromisión de lo banal en publicaciones y emisiones serias.

De las numerosas publicaciones, emisiones radiofónicas y programas televisivos de la primera etapa, queremos destacar la revista Cambio16, el programa de debate La Clave, en TV; y el programa radiofónico La mañana.

Cambio16 se sigue publicando on line. Nació en 1971, y fue la revista de la transición. En ella se publicaban noticias y reportajes de diversos temas de actualidad, con un rigor extraordinario. Surgió de la colaboración de un gran equipo de periodistas.

La Clave está considerado el mejor programa de debate de la historia de la TV. Inspirado en Les dossiers de l’écran, del francés Armand Jammot, fue creado, dirigido y moderado por el periodista asturiano José Luis Balbín (Pravia, 1940). Nació en enero de 1976, y durante 10 años mantuvo una gran audiencia en la 2 de TVE. Regresará a una cadena privada en 1990, en la que permaneció poco más de tres años. La actual RTVE se sirve de los programas, propiedad del Sr. Balbín, sin haber solicitado su autorización.

La mañana (1992-1998) fue el programa de mayor audiencia, cuando lo dirigía Antonio Herrero (Madrid, 1955 – Marbella, 1998). Un periodista ‘de raza’, crítico con el poder, azote del “felipismo”, removedor de conciencias, que molestaba hasta al propio Aznar, presidente de España cuando falleció.

Estas tres honrosas excepciones –que no son las únicas– en el panorama periodístico de la primera etapa, no significan que los medios de comunicación mantuvieran su independencia e imparcialidad respecto al poder. La línea editorial de cada medio de comunicación siempre ha sido conocida por el consumidor, y reconocida por el emisor.

Desde 1990, fecha en la que aparece en antena la televisión privada, la relación prensa-poder se refuerza. Los intereses económicos prevalecen sobre el derecho a la información. El «amarillismo» impregna casi todo el abanico de ofertas. El ciudadano ha de mantener alerta el sentido crítico para poder discernir entre «información» y «propaganda». Son años de cambios y transformaciones, que culminan en 1998 con la aparición de internet en nuestras vidas.

Es en esta segunda etapa, inmersos en la Era Globalista, cuando los formatos, objetivos, y procedimientos de los mass media revolucionan la industria de la información. No es tan importante «informar» como «persuadir», «convencer», «manipular». Los propietarios de los medios de comunicación son lobbies muy poderosos. Ellos nos dicen cómo vivir, qué pensar, qué comprar, qué querer, a quién amar… La diferencia entre «noticia» y «publicidad» se diluye. Los propios presentadores de los telediarios hacen publicidad en el plató. En la prensa escrita, la columna –o artículo de opinión– será la protagonista. Es la época de la proliferación de las tertulias en radio y televisión. Los tertulianos opinan sobre cualquier tema, aunque no sean especialistas. Nos sirven las noticias comentadas, pensadas, opinadas, y asimiladas. Surgen los «creadores de opinión». Y surge el mal de comienzos de siglo: La «telebasura».

Como afirmó el economista y escritor José Luis Sampedro: “Lo que llaman «opinión pública» es una opinión mediática, creada por la educación y por los medios. La opinión pública no es el resultado del pensamiento reflexivo de la gente”.

Los contenidos son elegidos para que las mentes no piensen; buscan el halago de un receptor poco exigente. Avanza el siglo XXI y vivimos la época del “todo vale”.

Continuará…

@LaReconquistaD

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