Columna de La Reconquista | Los orígenes de la masonería (Parte XXIV): Los que controlan la secta

En el último capítulo veíamos cómo la masonería actuaba en España y fuera de España. La destrucción del Imperio Austro-húngaro fue obra de la secta (porque son una secta luciferina, lo sepan la mayoría de sus miembros o no lo sepan, expertos en conseguir más de un resultado favorable a la vez para sus intereses espurios). Con la Primera Guerra Mundial consiguieron dos objetivos muy importantes: La desmembración de un imperio católico, por antonomasia, y hacerse con los territorios de Israel. También se apuntaron otro tanto no menos valioso patrocinando la Revolución Rusa, que acabó con el asesinato del Zar y su familia, con lo que asestaron un golpe mortal a la cristiandad.

Ya en 1917 daban muestras públicas de sus inclinaciones anticristianas y satánicas. El mismo Maximiliano Kolbe fue testigo de una manifestación de la masonería en Roma. Nos narra que vio en persona una procesión formada por masones anticlericales que ensalzaban a Giordano Bruno, enarbolando un estandarte negro en el que Lucifer aparecía venciendo a San Miguel Arcángel. En la plaza de San Pedro distribuyeron octavillas donde se afirmaba que “Satanás debe reinar en el Vaticano y el papa será su siervo”. Esto fue una declaración en toda regla de sus oscuros fines.

Maximiliano Kolbe, clérigo franciscano conventual polaco, era un gran propagador de la devoción al Inmaculado Corazón de María y un acérrimo combatiente contra el modernismo, el sionismo y otros peligros que acechaban a la Iglesia en el siglo XX. Nos hacemos eco de un artículo del “Español Digital”, que resalta un escrito suyo titulado “Pobrecillos”, donde Kolbe dice lo siguiente:El hombre ha sido redimido. Cristo ha fundado su Iglesia sobre la roca. Una parte del pueblo hebreo reconoció en Él al Mesías; los otros, sobre todo los fariseos soberbios, no quisieron reconocerlo, persiguieron a sus seguidores y dieron curso a un gran número de leyes que obligaban a los hebreos a perseguir a los cristianos. Estas leyes, junto a narraciones y a apéndices, hacia el año 500, formaron un libro sagrado, el «Talmud». En este libro, los cristianos son llamados: idólatras, peores que los turcos, homicidas, libertinos, impuros, estiércol, animales de forma humana, peores que los animales, hijos del diablo, etc. Los sacerdotes son llamados adivinos y cabezas peladas (…) a la Iglesia se la llama casa de estulticia y suciedad. Las imágenes sagradas, las medallas, los rosarios, son llamados ídolos. En el «Talmud», los domingos y las fiestas son considerados días de perdición. En este libro se enseña, entre otras cosas, que a un hebreo le está permitido engañar y robar a un cristiano, pues todos los bienes de los cristianos –está escrito– “son como el desierto: el primero que los toma se hace dueño”. Esta obra, que recoge doce volúmenes y que respira odio contra Cristo y los cristianos, es considerada por estos fariseos un libro sagrado, más importante que la Sagrada Escritura».

Llegados a este punto, habría que distinguir entre «Torá» y «Talmud». Si bien ambos son textos religiosos y fundacionales del pueblo hebreo, son obras muy distintas. Tanto la Torá como el Talmud son entendidos por la religión judía como transcripciones fieles de la cultura oral antigua del pueblo de Israel. Pero a diferencia de la Torá, que se asume dictada por Dios al profeta Moisés, la escritura del Talmud se atribuye a antiguos estudiosos rabínicos, por lo que no es de extrañar que la Torá sea un libro compartido por las tres grandes religiones monoteístas y el Talmud, como dice Kolbe, arranca como una obra de “los fariseos soberbios”, mientras que los judíos ortodoxos se apegan a la Torá. No todos los judíos son iguales. Existen judíos, que están en contra del sionismo, por lo que cuando hablamos que tras la masonería se esconden judíos sionistas, no nos referimos a todos los judíos.

Mucha controversia existe sobre si el Talmud se expresa en esos términos peyorativos hacia los cristianos o es una falsedad. El que escribe ha podido leer algunos de estos preceptos en un Talmud en la red. También se podría objetar que existen copias del Talmud adulteradas, pero entonces habría que fundamentarlo en el testimonio de santos como Maximiliano Kolbe o el padre Menvielle, del cual reproducimos un párrafo de su libro “El judío en el misterio de la historia”: “Los cristianos deben ser destruidos. A los discípulos de «aquel hombre», cuyo mismo nombre entre los judíos suena a «bórrese su nombre y su memoria», no se les puede desear otra cosa, sino que perezcan todos, romanos, tiranos, los que llevan en cautiverio a los hijos de Israel, de suerte que los judíos puedan librarse de esta su cuarta cautividad. Está obligado, por tanto, todo israelita a combatir con todas sus fuerzas aquel impío reino de Idumea, propagado por el orbe. Pero como no siempre y en todas partes y a todos es posible este exterminio de cristianos, manda el Talmud combatirlos al menos indirectamente, haciéndoles daño de todas las maneras y así disminuyendo su poder y preparando su ruina. Donde sea posible, puede el judío matar a los cristianos y debe hacerlo sin ninguna misericordia. Vamos a detenernos en este último punto trayendo los textos de la obra de Pranaitis”.

También podemos poner como prueba de todo esto, al padre Lustinos Bonaventura Pranaitis, al que Menvielle cita en su libro. Pranaitis tiene una obra, “El Talmud enmascarado”, a la cual pueden acceder en la siguiente dirección web: Véase obra Pranaitis

Hay que tener en cuenta que los fariseos son los fundadores del judaísmo rabínico y, por lo tanto, sus ancestros espirituales. Esto es indudable, ya que después de las guerras judías contra el Imperio Romano, el partido fariseo dominó todo el pueblo judío. En efecto, como enseña Mons. Gustavo Podestá (antiguo cura de la parroquia Mater Admirabilis, de Buenos Aires, que ha estudiado en profundidad la obra del padre Menvielle), después de la Caída de Jerusalén, profetizada por nuestro Señor, liderada por Tito, todo el judaísmo se volvió íntegramente farisaico porque al caer Jerusalén en el 70 d. C., murió o fue esclavizada casi toda la nobleza judía –que combatió hasta el final– pero algunos fariseos se fugaron oportunamente del interior de las murallas encabezados por el rabino Ben Zakkai Yochanan, que escapó escondido en un féretro. Los fariseos fugados celebraron el Concilio de Jamnia, conformando el nuevo Sanedrín, que desde entonces, hasta el día de hoy, es exclusivamente fariseo, el cual condenó y quemó toda la literatura religiosa no-farisea. El fariseísmo entonces codificó su moral y este código se llamó «Talmud».

No obstante, tenemos que aclarar, otra vez, que no se trata de todos los judíos, existen judíos que están en contra del sionismo y, por lo tanto, no tienen relación con estas leyes del Talmud (y las prácticas cabalísticas, que trataremos en otro capítulo) ni con la masonería. Podríamos resumir diciendo que los que están al frente de la masonería: son judíos sionistas, que, apoyados en prácticas cabalísticas y herederos de las consignas del Talmud, son los que manejan el cotarro masónico. Como sería el caso de Rockefeller. Comenta Alberto Bárcena en su libro “Iglesia y Masonería”: “La Gran Logia Rockefeller, apoyo fundamental de las organizaciones pantalla de la Masonería, es una orden secreta del iluminismo, de signo luciferino, con sede central en Nueva York […] muy cerca del Rockefeller Center con la figura del mítico Prometeo en el suelo en actitud de rebeldía un tanto orgiástica contra Zeus, el dios supremo del panteón griego, y símbolo de la irreligiosidad en cualquier época. En lo alto del rascacielos Tishman, de 116 metros de altura, figuraba el 666 de brillante color rojo de día, iluminado de noche. Este número fue retirado en 1992, pero el edificio es ahora el “666 Quinta Avenida”.

 Véase judíos anti-sionistas.

Este tipo de judíos cabalísticos (que gobiernan la masonería) y que absorben del Talmud esa indiferencia y odio hacia los demás grupos humanos, se suelen refugiar en el común de los judíos, para que cuando se les señala como inductores de males y calamidades; a través de la ADL (La liga de Anti-difamación, que fue fundada en 1913 y tipificada como masónica), que hace labor de lobby en el Congreso de EE,UU. y lleva adelante actividades referidas a su denominación…, lucha continuamente por castigar a quien se atreva a señalarlos, acusando falsamente de antisemitismo a todo aquel que los denuncie.

Volviendo al texto de Kolbe, ojo, a la aseveración: “todos los bienes de los cristianos –está escrito– son como el desierto: el primero que los toma se hace dueño”. Este es un concepto del Talmud, que el protestantismo inglés hizo suyo con una nueva terminología terra nullius, es decir, sin habitantes humanos (entendiendo que hay razas no humanas), y así justificaron el despojo de las tierras indígenas de Australia y el saqueo del continente. Arrebataron las tierras fértiles y arrojaron a los aborígenes a las zonas áridas del interior (mientras, de manera descarada, acusan al Imperio Español, falsamente, de actuar como ellos actúan). Los aborígenes llevaban en Australia aproximadamente 60.000 años cuando los primeros ingleses desembarcaron en 1770. De 300.000 a 750.000 aborígenes habitaban el continente, pero en 1911 (123 años después de los primeros asentamientos ingleses), solo quedaban 31.000 aborígenes. Lo mismo que hicieron con los indios de América del Norte y que Hollywood ha blanqueado tan magníficamente a través de todas las películas, haciendo parecer a los indios como malos, malísimos.

Vemos en todo esto la raíz talmúdica, que más tarde adopta el protestantismo, sobre todo calvinista. La teoría de Darwin se vio favorecida gracias a ese contexto histórico. El título completo de su primer libro es: “El origen de las especies por medio de la selección natural, o el mantenimiento de las razas favorecidas en la lucha por la existencia. La segunda parte de este título agradó mucho a las élites anglosajonas. Eso justificó el éxito que tuvo este libro entre las clases acomodadas inglesas calvinistas y por eso se difundieron las teorías de Darwin antes que las de Lamarck. “La vida es competencia y los más aptos triunfan”. En el siglo XVI el francés Juan Calvino (1483-1564) enuncia su doctrina de la predestinación, según la cual el ser humano está predestinado de antemano a condenarse o salvarse; ¿cómo saber de antemano el final de cada persona? Calvino es claro: Si a uno le “va bien” en la vida, si sus negocios son prósperos, es virtuoso y vive con austeridad, es seguro que se salva. En cambio si uno solo tiene desgracias en esta vida, seguro que está condenado.

Con ocasión del Congreso Internacional de la Masonería, celebrado en Bucarest en 1926, el Padre Kolbe, escribió un artículo: “Estos señores (es decir, los masones) creen que son ellos quienes han de gobernar”. Escribió también el Santo, aludiendo a los Protocolos de los Sabios de Sion (libro que consideraba fundacional para la masonería): “El protocolo número 11 afirma: «Crearemos y pondremos en vigencia las leyes y los gobiernos (…) y, en el momento oportuno, (…) bajo la forma de una revuelta nacional, (…) Es necesario que las poblaciones, desconcertadas por la revuelta, puestas todavía bajo la influencia del terror y de la incertidumbre, comprendan que somos de tal modo intocables, de tal modo llenos de poder que en ningún caso tendremos en cuenta sus opiniones y sus deseos sino, antes bien, que estamos en grado de aplastar sus manifestaciones en cualquier momento y en cualquier lugar (…) Entonces, por temor, cerrarán los ojos y permanecerán a la espera de las consecuencias (…) ¿Con qué objeto hemos ideado e impuesto a los masones toda esta política, sin darles a ellos la posibilidad de examinar el contenido? Esto ha servido de fundamento para nuestra organización masónica secreta (…) cuya existencia ni siquiera sospechan estas bestias engatusadas por nosotros en las logias masónicas”.

Resumiendo:

El control de la masonería, está en manos de un grupo de judíos (no todos), que tienen como fuente de inspiración el Talmud y la Cábala. A lo largo de la historia han dado muchas muestras de su inclinación luciferina, prueba de ello es la manifestación de 1917, de la que fue testigo el padre Kolbe. Los enemigos naturales de la masonería son los cristianos (y muy en particular los católicos), ya que consideran que Cristo es su Dios, y el Dios de la masonería es Lucifer.

Terminamos con un resumen de Don Gil de la Pisa (autor del libro “La Piedra Roseta de las Ciencias Políticas”), que haciendo suyas unas declaraciones de Monseñor Ernest Jouin (1844-1933, sacerdote católico francés, que publicó la primera edición francesa de “Los Protocolos de los Sabios de Sión”) dice lo siguiente: “He combatido (combato y combatiré mientras viva), contra los “judíos perversos” que buscan destruir el Reino de Dios. Estos “judíos perversos” (así los llama monseñor Jouin), no son muy numerosos, pero son ¡eso sí!, todopoderosos, ¡omnipotentes!, pues tienen ya en sus manos, por un lado, las riendas de todos los “poderes fácticos”: riquezas (bolsa, bancos, sociedades de inversión, oro), materias primas y, por otro controlan los gobiernos de los pueblos, los tribunales de justicia, los organismos internacionales, y son dueños absolutos de los medios de comunicación y de las nuevas tecnologías. Y podríamos alargar la lista”.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *