Columna de La Reconquista | Los orígenes de la masonería (Parte XXI): dos atentados y la semana trágica

En nuestro penúltimo artículo, rematábamos comentando muy de pasada el atentado perpetrado por estos incansables enemigos de la paz y la libertad (los masones, aunque se jactan de pacíficos y libertadores) al Rey D. Alfonso XIII. Fue un atentado completamente masónico; sus dos autores, Francisco Ferrer Guardia y Mateo Morral, pertenecían a la Masonería, y el encubridor, José Nakens, también. En este artículo, hablaremos un poco más de estos tres personajes.

El anarquismo y la masonería tuvieron un estrecho vínculo. Anteriormente al atentado cometido en la persona de Alfonso XIII, que fue llevado a cabo, el 31 de mayo de 1906, se había perpetrado el asesinato de Cánovas del Castillo. Tuvo lugar el 8 de agosto de 1897 en el balneario de santa Águeda (Guipúzcoa) donde el presidente del gobierno español pasaba unos días de descanso, y fue obra del anarquista italiano Michelle Angiolillo, que le descerrajó tres disparos a quemarropa. La conjura de la que formaba parte este “Angiolillo”, y de la cual fue simplemente el ejecutor y cabeza de turco (ya que fue el único ajusticiado), obedecía a los intereses masónicos de la independencia de Cuba. Dicha conspiración se llevó a cabo a través de un portorriqueño, “Emeterio Betances” (masón), y también en contacto con el republicano José Nakens, director de la publicación “El Motín” (semanario satírico, republicano y anticlerical), siendo Nakens, masón también, por supuesto. Este magnicidio se llevó a cabo porque Cánovas, era el único partidario de llevar a cabo la defensa de las provincias de ultramar que aún quedaban. El asesinato de Cánovas dio paso en la presidencia del gobierno al masón Sagasta, que allanó el camino para la pérdida de las provincias de ultramar. Todo esto, con la complicidad del presidente americano que declaró la guerra a España, William Mckinley.

Mckinley también pertenecía a la masonería. Vemos aquí muy claramente el peligro que encierra la secta, pues éste es un ejemplo claro de cómo los masones no se deben a sus patrias ni a sus estados: se deben y obedecerán siempre los dictados de su organización por encima de los intereses de sus propios países. En este caso, Angiolillo, Emeterio Betances, José Nakens, Sagasta y Mckinley, trabajaron todos por una misma causa común, siendo todos de nacionalidades distintas. Aunaron sus esfuerzos en pro del interés de la masonería internacional. Como ya dijimos, en 1906 se vuelve a atentar, esta vez contra Alfonso XIII el mismo día de su boda. No consiguieron asesinar al Rey, pero dejaron decenas de muertos y heridos (hombres, mujeres, niños y ancianos) que se encontraban en la calle contemplando el paso de la comitiva real. Volvemos a tener a Nakens, como colaborador y encubridor de este atentado regio, el cual llevó a cabo el anarquista y masón Mateo Morral pero que contó también con la colaboración de otro masón y anarquista: Francisco Ferrer Guardia. Gente toda esta muy distinta, pero hermanadas por el odio masónico a España. Esta conspiración pretendía propiciar un levantamiento que de nuevo instaurase la república. Sobre Ferrer Guardia, dice Alberto Bárcena en su libro “Iglesia y Masonería” lo siguiente:

“Ferrer Guardia había mantenido estrecho contacto con uno de los principales protagonistas de La Gloriosa, el que fuera Gran Maestro del Gran Oriente español, Manuel Ruiz Zorrilla. Se encontraron en París donde el antiguo ministro de Amadeo de Saboya se había exiliado poco después de la Restauración, y el otro llegaba huyendo de las consecuencias que pudiera acarrearle el haber participado en la intentona golpista republicana del general Villacampa, en septiembre de 1886.

Había ingresado en la Masonería en 1883, a la edad de 25 años, alcanzando, como sabemos, el grado 32; perteneció a la logia barcelonesa Verdad y su nombre simbólico fue Zen. Era un fiel discípulo de Bakunin y de Anselmo Lorenzo, «hermanos» suyos”, además, en cuanto a su pertenencia masónica. Y de ellos heredaba la convicción de que la «propaganda por el hecho», es decir la comisión de atentados sangrientos, cuanto más visibles mejor, resultaba necesaria para acceder a ese mundo nuevo que la secta imaginaba desde hacía más de dos siglos; tres si contamos el precedente alemán de los rosacruz. La ocasión propicia se presentó al anunciarse la boda del rey de España, que congregaría en Madrid a representantes de todas las casas reales de aquella Europa todavía mayoritariamente monárquica. Fue un atentado completamente masónico; sus dos autores Francisco Ferrer Guardia y Mateo Morral pertenecían a la Masonería, y el encubridor, José Nakens, también. El primero fue, indudablemente, el cómplice y colaborador necesario; el segundo el cerebro y ejecutor material”.

Mateo Morral lanzó un artefacto a la carroza de los novios, que milagrosamente salieron ilesos, aunque causo muchas víctimas. Tras hacerlo, salió huyendo y vino a esconderse en la redacción de “El Motín” (periódico del cual era director José Nakens). Esto lo contó el mismo Nakens en una carta a su colega el director de “La Correspondencia de España”, señor Romeo. Bárcena, relata el contenido de dicha carta:

“Después de tomar una cerveza en Cuatro Caminos, había llevado a Morral a casa de un amigo, en el Puente de Ventas, que lo escondió. Reconocía, además, haber obrado de igual manera con el anarquista Angiolillo, el asesino de Cánovas. Empezaba su carta pidiendo a Romeo que la publicara; cosa que este hizo, de modo que todo Madrid conoció inmediatamente los detalles de los encubrimientos que convertían a Nakens en cómplice de dos magnicidios; uno de ellos, el más reciente, en grado de tentativa, con los resultados que sabemos. La conexión entre «hermanos», aún sin haberse visto ellos antes, como era el caso de Morral y Nakens, funcionaba; lo asombroso era la desfachatez del periodista, que justificaba su acción”.

Nos centraremos ahora, en Ferrer Guardia, conspicuo masón y anarquista rabioso. Un personaje muy peligroso, vehemente y agresivo. Responsable directo de los desmanes de la “Semana Trágica”. Ferrer fue el fundador de la llamada “Escuela Moderna” y desarrolló este proyecto (como él mismo decía) para introducir las ideas de la revolución en el cerebro de los niños, a fin de destruir las ciudades de sus fundamentos. Predicaba una revolución sangrienta, “ferozmente sangrienta” llega a decir. Porque (según él) debía salir de ahí la purificación de las conciencias y esto justificaba que corriera la sangre a torrentes. Mateo Morral trabajaba para Ferrer en dicha escuela; tras el atentado regio acabó “suicidándose”, como dijeron las noticias, al no poder escapar. Ferrer y Nakens, salieron indemnes gracias a la protección de las logias y de sus medios afines. Más tarde Ferrer sería condenado a muerte y ejecutado, pero no por el atentado a los reyes, sino por ser el responsable directo de la “SEMANA TRÁGICA”.

Don José María Pemán, en su libro “Historia de España Contada con Sencillez”, dice lo siguiente: “En Barcelona la protesta revolucionaria contra el envío de soldados a África toma carácter violentísimo y se produce la llamada Semana Sangrienta. Durante siete días son dueñas de la ciudad las turbas. Se queman muchas iglesias, y los revolucionarios llegan a bailar por las calles con los cadáveres de las monjas asesinadas. Jefe de toda aquella barbarie era el revolucionario y masón Francisco Ferrer, fundador de una «escuela moderna», donde se enseñaba que Dios no existía y la bandera de la Patria no era más que “un trapo en la punta de un palo”… El gobierno de Maura procede con energía y fusila a Ferrer. Ante este fusilamiento, el enemigo revolucionario que España tiene enfrente enseña toda su cara y aparece en toda su verdad. La masonería de todo el mundo organiza una enorme campaña de calumnias e injurias contra España. Vuelve a salir, con nueva irritación, toda la vieja «leyenda negra». En Bélgica se llega a levantar un monumento al fusilado español. Se ha visto claro que el enemigo sigue siendo el de siempre: el mundo impío –hereje ayer, masón hoy–, constante enemigo de la España defensora de la fe. Las injurias son las mismas que en los tiempos de Carlos V y de Felipe II y es que la batalla que España tiene que pelear es también la misma”.

Un escritor de la época llegó a decir que durante esa semana se quemaron 62 edificios religiosos, se satisfacen venganzas personales, se asesinan sacerdotes, se violan religiosas, y hasta algunos energúmenos bailan por las calles con cadáveres de monjas. De todo esto existe mucho material grafico. Como vemos, no podía faltar como siempre el gran ingrediente masónico en este nuevo episodio: no falla nunca. Obviamente nos referimos a la persecución religiosa en su más grave expresión. Pero como ya dijimos anteriormente, esta vez Ferrer Guardia fue sometido a consejo de guerra, condenado y ejecutado. No obstante la masonería internacional hizo todo lo posible por evitar este ajusticiamiento, pero sorprendentemente (excepcionalmente, porque suelen ser muy eficaces) no obtuvo ningún éxito. No obstante, consiguieron crear el mito heroico que persiste hasta el día de hoy sobre Ferrer Guardia. El 13 de octubre de 1990, el ayuntamiento de Barcelona inauguró en Montjuic un monumento en memoria de este personaje. Unamuno conocía perfectamente a Ferrer, y decía lo siguiente: “Se fusiló con entera justicia al mamarracho de Ferrer. Mezcla de tonto, loco y criminal cobarde. Aquel monomaniaco con delirios de grandeza y erostratismo (manía que lleva a cometer actos delictivos para conseguir renombre), se llevó a cabo una campaña indecente de calumnias, embustes y mentiras para intentar salvarlo”.

Francisco Franco era un gran conocedor de la masonería, y su versión del asunto que estamos tratando coincide totalmente con las de Bárcena y Pemán. No solo eso, sino que aporta algunos datos más. En su libro “Masonería”, nos relata lo siguiente: “Ferrer había pertenecido a la Logia “La Verdad”, de Barcelona. Casado legítimamente, tuvo cinco hijos. La primera, Trinidad, fue bautizada; los otros cuatro, Paz, Luz, Sol y Riego, no lo fueron. Expatriado a Paris, ingresó con sus dos hijas mayores en la Logia de la Rué Cadet, donde ocupó altos puestos. En 1893 se separó de su esposa, haciendo amistad con la señora Meunier, que pagó sus campañas y acabó dejándole su fortuna. Su liberalidad en Las Logias le había creado entre ellas una situación preponderante. Probada su culpabilidad en los sucesos de la Semana Sangrienta, que había desencadenado con el dinero traído de Francia, fue condenado a muerte después del oportuno proceso. La prensa francesa, durante el mes de agosto, se desata en campañas derrotistas al relatar los sucesos de nuestra Patria. En los periódicos belgas y franceses, en los días anteriores a la detención de Ferrer, se fingen entrevistas con él para que parezca que se encuentra en Bruselas y Paris y no se le busque en Cataluña, donde, al fin, es aprehendido. Cartas, consignas masónicas, reuniones de izquierdas, viaje a España del barón de Bonet a ver a Moret, fueron factores importantes de la masonería en aquellos días, y cuando tiene lugar la ejecución estallan en todas las grandes poblaciones de Europa las manifestaciones y las campañas violentas de Prensa contra tal ejecución ¿Injusticia? Sí, la hubo en parte: se ejecutaba al jefe directo y a dos pequeños autores materiales de los hechos; pero quedaban en la impunidad y recogían el fruto los que le habían preparado el ambiente. Los liberales masones se unen el día 18 en las Cortes a los republicanos para combatir al Gobierno, negándole toda colaboración. El Gobierno dimite, y, en frase histórica de Maura, “queda rota la normalidad constitucional”. La masonería había ganado su primera batalla. En el suceso que Lequerica refiere ganó la segunda. La tercera se dio en la casa de aquel prócer español en 1931, cuando se reunían los políticos liberales masones para expulsar a la Monarquía (…). Por mucho que se la quiera desfigurar, la Historia clama y acusa. Entre los grandes servicios prestados a nuestra Nación por la Cruzada, tal vez el mayor es el de haber redimido a España de la masonería, y éste es el hecho que constituye la causa real de la campaña indigna de difamación que contra nuestra Nación y Régimen se ha desatado. No hay que engañarse con ella: o renunciamos a nuestra soberanía, para entregarnos a la infamia de la traición dirigida desde el extranjero, o hemos de tener como un timbre de honor el sufrir esos ataques, que con nuestra unión se desharán en la impotencia. Todo cuanto pasa en el exterior y cuanto bordeando la traición contemplamos dentro, todo obedece a las mismas consignas y propósitos. Los masones se revuelven, y hemos de celar para que no retoñen, pues con ellos penetra el estigma de la traición”.

En los capítulos que llevamos de esta serie, queda ya muy claro (para el que tenga ojos en la cara y luz en la mente) que muchas conspiraciones han sido provocadas por los masones. Por eso no podemos estar más de acuerdo con Franco, cuando dice: “Los masones se revuelven, y hemos de celar para que no retoñen, pues con ellos penetra el estigma de la traición”.

@LaReconquistaD

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