Columna de La Reconquista | Los orígenes de la masonería (Parte XX): Un «spoiler»

En algunos países, el spoiler se conoce como “destripe”. Puede entenderse este concepto como el dato que anticipa el final de una obra o que, al menos, brinda información muy relevante acerca del desarrollo de la historia, al punto de atentar contra el impacto que sus creadores esperaban causar en el público.

En este artículo hacemos un parón dentro de la serie que viene explicando la acción de la masonería en España (en los siguientes retomaremos el ritmo que traíamos), porque antes de continuar, vamos a «auto-destriparnos», revelando las intenciones que desde un principio tuvo la secta masónica y descubriendo el que sería el último capítulo de esta serie. Estos propósitos son desconocidos por la mayoría de los miembros de la secta, ya que muchos se integran en ella para obtener beneficios, sin importarles mucho el fin último de la misma.

El pequeño porcentaje de masones que gobiernan por encima de todos los demás son de corte luciferino, y, como buenos seguidores de su patrón, tienen las mismas intenciones que éste. El mandato de Dios a Noé tras el diluvio fue: “Sed fecundos, multiplicaos y llenad la tierra” (Génesis 9-1). Por eso no es de extrañar que las intenciones del demonio sean las contrarias:

“No seáis fecundos, disminuid y vaciad la tierra”

En todo lo diabólico se percibe siempre una forma de copiar al revés. Si lo cristiano se caracteriza por enaltecer la Cruz, lo diabólico lo asume pero lo invierte. Si para el católico la Misa es el máximo acto sagrado, lo diabólico la adopta y la agravia (las llamadas «misas negras»). Si la historia sagrada se considera descendiente de Set, ellos inventan una cronología que los lleva hasta Caín. Y así, de manera progresiva, lo satánico va adoptando toda la sacralidad y simbología cristiana e intenta invertirla. Por lo tanto, no es casual que en estos últimos tiempos, la masonería luciferina (que es la que controla a toda la masonería), que goza de gran poder mundial, haya decidido dar el gran paso de darle la vuelta o subvertir el mandato divino de “sed fecundos, multiplicaos y llenad la tierra”, algo que venía pergeñando desde tiempos pretéritos.

Desde siglos atrás se vienen implementando teorías, filosofías e ideologías para despoblar el planeta, actividad ésta que, curiosamente, siempre fue llevada a cabo por miembros de la masonería pertenecientes a todas las disciplinas. Thomas Malthus era un cura anglicano, miembro destacado de la masonería británica y uno de los impulsores históricos del liberalismo económico en tiempos de la revolución industrial. Fue miembro, desde 1819, de la Royal Society, una organización secreta que aun hoy, con la reina Isabel II como su máxima autoridad (como sabemos, acaba de fallecer), cultiva los principios de la masonería en Inglaterra y en el mundo occidental. Este miembro de la masonería pensaba que la tierra no tenía capacidad para alimentar a tanta gente. Y ya en el siglo XIX teorizaba de la siguiente manera:

“Un hombre nacido en un mundo que ya es propiedad de otros, si no logra obtener subsistencia de sus padres, a quienes puede en justicia demandar, y si la sociedad no requiere su trabajo, no puede pretender el derecho a la menor porción de alimentos y, de hecho, no tiene nada que hacer allí donde está. En el ingente banquete de la Naturaleza no hay para él un puesto vacío. Ella le ordena salir, y pronto ejecutaría ella misma sus órdenes si él no logra despertar la compasión de algunos de sus invitados. Si estos invitados se levantan y le hacen un hueco, otros intrusos aparecerán inmediatamente en demanda del mismo favor. La noticia de una provisión para todo el que acuda llena la sala con numerosos pretendientes”. 

En 1931, Giovanni Papini publica una novela muy curiosa: “Los diarios del GOG”, donde relata un episodio muy clarificador sobre algo que hoy entenderíamos perfectamente:

“Esta mañana, mientras me hallaba preparando tranquilamente mi itinerario asiático, se me ha presentado un hombre de unos cincuenta años, amable y casi obsequioso, quien me ha manifestado que debía hablarme a solas de cosas muy importantes. Hice salir a mi secretario y me dispuse a escucharle. —¿Conoce usted la Fom? —me ha preguntado en voz baja el visitante. He tenido que admitir que no había oído hablar nunca de ella. Me lo imaginaba. Y es mejor que sea así. Se trata, como le explicaré, de una Liga secreta. Mis jefes creen que la adhesión de usted sería infinitamente de desear. He creído que se trataba de una especie de Ku-Klux-Klan y he manifestado que en manera alguna quería mezclarme en sociedades secretas. Cuando le habré dicho lo que es la Fom estoy seguro de que cambiará de manera de pensar. El nombre, como ya debe imaginarse, es una sigla de iniciales. Nuestra Liga se llama: Friends of Mankind y sus fines son completamente desinteresados. Los fundadores, cuyos nombres me es imposible revelarle, han partido del siguiente principio: el aumento continuo de la Humanidad es contrario al bienestar de la Humanidad misma. Por medio de la industria, la agricultura y la política colonial, se intenta suplir el déficit, pero está claro que dentro de algún tiempo habrá un balance demasiado desigual entre el banquete y el número de los que al banquete asisten. Malthus tenía razón, pero se equivocó al creer demasiado cercano el desastre. En realidad, la Naturaleza, en forma de terremotos, erupciones, epidemias, carestía y guerras, viene a diezmar de un modo periódico al género humano. También el tráfico automovilístico, el comercio de estupefacientes y los progresos del suicidio contribuyen, desde hace algún tiempo, a la reducción de los habitantes del planeta. Pero todas estas, llamémoslas providencias, no consiguen compensar el aumento de nacimientos, sin contar que son, para las víctimas, formas dolorosas de supresión. ¿Cómo remediarlo? Aunque no hayamos llegado al hambre, está cercano el momento en que nuestras raciones se verán reducidas. Y entonces es cuando interviene la Fom. Esta se propone acelerar racionalmente la desaparición de los que sean menos dignos de vivir. La nuestra podría llamarse –en su primera fase– la Liga para la eutanasia inadvertida. El inconveniente de las calamidades naturales –como las epidemias y las guerras– es que provocan la desaparición de los jóvenes, de los inocentes, de los fuertes. Pero si es necesario hacer un expurgo sobre la tierra, es justo, ante todo, eliminar a los inútiles, a los peligrosos o a aquellos que han vivido ya bastante. El terremoto y la cólera son ciegos; nosotros tenemos ojos y muy buena vista. Nuestra Liga se propone, pues, apresurar de un modo dulce y discreto, y en el secreto más absoluto, la extinción de los débiles, de los enfermos incurables, de los viejos, dé los inmorales y de los delincuentes; de todos esos seres que no merecen vivir, o que viven para sufrir, o que imponen gastos considerables a la sociedad. »Los medios de que nos servimos son los más perfeccionados: venenos que no dejan rastro, inyecciones a altas dosis, inhalaciones de gases anestésicos y tóxicos. A nuestra Liga pertenecen muchos médicos, enfermeros y criados, los que se hallan en las condiciones más favorables para esos actos humanitarios, y los resultados son excelentes. Pero forman también parte de ella numerosos particulares que se prestan, con toda la cautela necesaria, a suprimir a un amigo, a un pariente y también a simples desconocidos. La moral pública, ofuscada por las viejas supersticiones, no ha llegado todavía a reconocer, o al menos a tolerar, nuestras operaciones benéficas, y por eso nos vemos obligados a obrar con el más profundo secreto. Ninguno de los nuestros, hasta ahora, ha sido descubierto, y, a despecho de los obstáculos, las estadísticas de mortalidad, desde que se constituyó la Fom, demuestran que nuestro trabajo filantrópico no ha sido inútil”.

A nadie se le escapa que es un relato (aunque novelado) muy llamativo, y pareciera que Papini supiese bastantes cosas de las sociedades secretas. Pero más aún: en la novela Un mundo feliz”, de Aldous Huxley, publicada en 1932, nos presenta un mundo nada deseable, donde a través del control de la natalidad, el adoctrinamiento desde la niñez, las drogas y la tecnología, se consigue cambiar radicalmente la sociedad. Las élites consiguen un cambio radical de paradigma social a través de estos y otros medios. Un mundo homogéneo, ecologista, hipersexualizado, polígamo. Donde han desaparecido la familia, la libertad, la propiedad privada, la privacidad, la diversidad cultural, la literatura, la religión, la filosofía y el amor.

En el caso de Huxley, habría que dar un pequeño repaso a su historial familiar. Aldous Huxley era hermano de Julian Sorell Huxley, biólogo evolutivo, escritor, humanista y eugenista (ciencia del buen nacer). Los mecanismos para conseguirla pueden ser “positivos” por el fomento de la reproducción de los más aptos o “negativos” por las trabas o la incapacitación a los “menos aptos” para que no se reproduzcan. También fue el primer director de la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura)Además, era nieto de Thomas Henry Huxley, que también tenía ideas eugenésicas.

El abuelo y el hermano de Aldous Huxley eran miembros reconocidos de la masonería, luego, podríamos inferir, que la novela no era algo ficticio, sino una manera de avisar sin ser tomado por loco.

Más aún: en 1974, Henry Kissinger, Secretario de Estado en el gobierno de Nixon elevó un informe cuyo título era el siguiente: “Implicancias del Crecimiento Poblacional, para la Seguridad de los Estados Unidos y sus Intereses de Ultramar” (también conocido como “Informe Kissinger”). En ese informe decía que en el siglo XXI Estados Unidos tendría necesidad de recursos que se encontraban yacientes en los países pobres. Apuntaba después que si esos países alcanzaban un crecimiento poblacional importante, sería inevitable su desarrollo industrial. Desarrollo que debían evitar a toda costa, y que había que eliminar el talento de los individuos jóvenes de esos países que pudiesen oponerse a la explotación extranjera. La manera que proponía para evitar ese auge era promover el aborto en dichas poblaciones. Remataba textualmente diciendo: “Lógicamente, para que los países anfitriones de nuestras políticas no sospechen (…) debemos ocultar nuestros objetivos demográficos, detrás de planes sanitarios”.

Ni mencionar, tan siquiera, la relación estrecha de Kissinger con la masonería.

Más aún: el Presidente de Argentina, Alberto Fernández, en una entrevista dirigida por Jorge Fontevecchia llego a decir lo siguiente: “Mantener una persona con vida, cuesta mucha plata, con toda la aparatología la medicación. Yo lo que quiero es una política más racional. Eso que dije antes, una política más racional y menos emocional”.

Dejaremos el enlace a esta entrevista porque, ciertamente, puede parecer que sacamos esta frase de contexto. Es cierto que la sacamos de contexto, pero para el que escribe, no deja lugar a dudas la mala intencionalidad de esas palabras. No obstante, cada quien saque sus propias conclusiones. Alberto Fernández fue iniciado en la masonería y es un ejemplo de tantos otros que podríamos traer a colación.

Véase al final del vídeo

Estas teorías eugenésicas empiezan a calar en la población. Una concejala de juventud del ayuntamiento de Arrecife (Las Palmas de Gran Canaria), Elizabeth Merino, llegó a decir lo siguiente: “Yo pienso que este virus que ha mutado ya dos veces, en aras de poder matar a las personas mayores, es un aviso de la naturaleza de que estamos llenando la tierra de ancianos”.

Véase comentario completo

Alguien podría preguntarse: ¿Cómo, puede existir algún grupo humano que se decante por seguir a Lucifer? Una pregunta muy lógica, pero hay que tener en cuenta que la idea que tienen estos personajes sobre Lucifer es muy particular. Nos lo aclara muy bien el ex masón Gabriel López de Rojas, en una entrevista que concedió a Jiménez del Oso y que aún circula por la red:

¿Qué es la orden Illuminati?

  • La orden Illuminati es una orden masónica, ocultista y luciferina, que se dedica a dar una iniciación a las personas que se acercan a sus puertas.

¿Qué pinta Lucifer en una orden así?

  • Para los no iniciados, Lucifer es el maligno, ya que tienen una formación cristiana y prioritariamente católica. Para nosotros (en los grados inferiores) Lucifer es un ángel de luz, que ilumina las tinieblas interiores y conduce a la unión con Dios. Y en los grados superiores, enseñamos que Lucifer es el propio Dios.

El Dios cristiano es dogma, limitación, amputación, castración, muerte. Lucifer está más unido a la libertad, libre albedrío y unos planteamientos totalmente contrarios. Nosotros consideramos mucho más maligno al dios de los cristianos que a Lucifer”.

@LaReconquistaD

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