Columna de La Reconquista | Los orígenes de la masonería (Parte XVI): La «Gloriosa» y respuesta a un lector

La Reina Isabel II no formó parte de la masonería (y en realidad hubiese encajado mejor, por sus ideas tradicionales y religiosas, en el bando que apoyaba a su tío, más que en el berenjenal masónico que de facto la controlaba). Esta situación derivaba de la mala gestión de su madre, al convencer a su esposo Fernando VII para que amnistiara a multitud de masones para volver a España (los pecados de los padres recaen sobre los hijos).

La revolución de Cádiz, conocida como «La Gloriosa», dio comienzo el 18 de septiembre de 1868. En esa ciudad tuvo lugar el pronunciamiento de la Armada, bajo el mando del almirante Topete. La «Gloriosa» –o “Revolución de Septiembre” o “la Septembrina”– fue una sublevación militar que se llevó a cabo en España en septiembre de 1868, que supuso el destronamiento y exilio de la Reina Isabel II y el inicio del período denominado “Sexenio Democrático” (1868-1874). Estuvo totalmente orquestada por la masonería. Los tres elementos principales de esta revolución fueron Prim, Ruiz Zorrilla y Sagasta. Los tres, alcanzaron altos grados dentro de la secta: Prim llegó a ser Soberano Gran Inspector del Gran Oriente de España; Ruiz Zorrilla alcanzó el puesto de Gran Maestre al igual que Sagasta (éste último llegó a reconocerlo de manera pública en una sesión de Cortes).

Como sello de garantía de todas las revoluciones masónicas, ya se pueden imaginar qué medidas tomaron con principal urgencia… Pues sí, la persecución religiosa es algo que no falla, es la marca de la masonería (la marca de la bestia), no pueden nunca contener ese odio visceral a la Iglesia. Alberto Bárcena, en su libro “La pérdida de España”, nos comenta lo siguiente: “Al mes de triunfar la revolución, el Supremo Consejo del Grado 33 hacía llegar a los suyos una serie de indicaciones sobre las políticas concretas que, en relación a la Iglesia, esperaban ver implantarse de inmediato: supresión de las órdenes religiosas; escuela laica; secularización de los cementerios; matrimonio civil, como base de la siempre buscada “reforma de la familia”. Se trataba también de rapiñar lo que había sobrevivido a las desamortizaciones anteriores, rematando el proceso tendente a lograr la indigencia eclesiástica de una vez por todas. Así que Ruiz Zorrilla (Ministro de Fomento), en enero de 1869, decreto que todas las bibliotecas y colecciones artísticas de catedrales, iglesias, monasterios y órdenes militares pasaran a poder del Estado. También suprimieron de las Universidades las Facultades de Teología. Dios desapareció de la Universidad española, por decreto del Supremo Consejo de Grado 33”.

Hay que darse cuenta de una cosa, de una matemática que no falla: lo primero que hacen los gobiernos masónicos (o los que se deben a la masonería) es ir a por la Iglesia, intentar eliminarla, robar sus bienes, expulsar a los sacerdotes, asesinarlos, eliminarla de las escuelas y universidades. En esta revolución todavía quisieron llegar más lejos: los jesuitas volvieron a ser expulsados. Pero la demanda más ambiciosa fue que intentaron llevar a cabo la abolición del celibato eclesiástico (que no llegaron a implementar, quizá por falta de tiempo).

En esta serie de columnas puede parecer muy reiterativo que se haga tanto hincapié en las persecuciones religiosas. No es algo no premeditado. Es premeditado, porque es signo éste y garantía de que la revolución es masónica. No son patrimonio exclusivo del comunismo (las persecuciones religiosas), son más bien «patrimonio de la masonería» (ya que el comunismo es un engendro masónico, y no podía faltarle este ingrediente tan importante). En los siguientes capítulos seguiremos viendo este patrón. Poco a poco, la masonería irá actuando en España con más libertad y con más medios. Veremos cómo estuvo tras los desmanes de la Primera República, y cómo llegaría a unos niveles de odio extremos durante la segunda.

Aprovechamos esta entrega para contestar a un lector que nos ha planteado algunas cuestiones tras leer los capítulos que aludían a Fernando VII. El lector plantea lo siguiente: “Interesándome por la verdad pregunto, ¿Fernando VII no fue el que le pidió a Napoleón ser su hijo adoptivo? Ahora no recuerdo ejemplos concretos, pero la idea que yo tenía del rey Felón era la de un rey malo: Submediocre, sin escrúpulos y sin otro interés que el suyo personal, poniendo velas a Dios o al Diablo según le conviniera a él. Un Pedro Sánchez, vamos. Y, me fastidia, pero en todos estos diagnósticos preternaturales, me parece que suele brillar por su ausencia la frecuente incapacidad de la Iglesia, con perdón, en ser competitiva en cuanto a traer desarrollo tecnológico y científico, combatir injusticias y sistemas defectuosos y obsoletos, defenderse política y propagandísticamente; y, en fin, adaptarse a las nuevas circunstancias con éxito y prontitud. Parece que muchas veces se durmiera en los laureles y solo hiciera algo interesante en épocas de crisis, como con Trento durante la Herejía Protestante. Y a la gente, que tiene muchos problemas y quiere progresar, porque ve que es posible, esa falta de avances no siempre le vale. Sin justificar a los que cogen los atajos de utopías sangrientas, que hacen muchas veces peor el remedio que la enfermedad”.

En primer lugar (ya que hace una pregunta y una aseveración), podríamos plantearle al lector una pregunta: Si le diesen a escoger, que escogería: ¿A una persona equilibrada con un mal programa o con malas intenciones que no es fiel a sus tradiciones y que esté rendida a intereses extranjeros? ¿O a una persona débil emocionalmente, pero apoyada por un buen programa y con gente dispuesta a defender su país, sus costumbres, sus tradiciones y que no se quisiera rendir a intereses extranjeros? Probablemente escogería la segunda. Los Reyes van y vienen, y cierto es que el problema de los reyes Borbones (unos más que otros) es que vivían con la preocupación constante de hacer adelantar materialmente el país. Comparaban a España con la Corte de París, como un país atrasado donde casi todo estaba por hacer. Algo parecido a lo que en España es el Partido Popular (que no tiene ningún interés en la batalla cultural). Los Borbones, a pesar de ser católicos, no tuvieron la misma fuerza en defender la Fe católica que tuvieron los Austrias, que desde Carlos I encajaron perfectamente con las tradiciones españolas fundamentadas en la Fe y que convirtieron a España en una potencia católica que salvó a Europa de las invasiones musulmanas cuando Francia y todos los demás países no movieron ni un dedo por evitarlo.

A la pregunta que hace dicho lector sobre si Fernando VII pidió ser hijo adoptivo de Napoleón, le diré que más bien Napoleón lo tuvo secuestrado (un secuestro de lujo, ciertamente, pero era eso o ser fusilado) para imponer como Rey a su hermano José. Aunque hay que reconocer que gran parte de culpa la tuvo Carlos IV (padre de Fernando VII) por entregar el poder a un hombre ambicioso y de mediano entendimiento llamado Manuel Godoy (los pecados de los padres, recaen sobre los hijos), quien, protegido sobre todo por la reina, fue el verdadero señor de España (y que además, era masón). Resumiendo: al pueblo le daba igual quien gobernara, si Godoy, si un rey o un presidente. El pueblo lo que quería era que no viniese nadie a fastidiarle su tradición y a matar curas. Por eso durante el reinado de Isabel II la mayoría de la gente se posicionó junto a Carlos María Isidro, no porque fuese más simpático, ni por ninguna cualidad personal, sino porque representaba la tradición y la Fe, ya que en torno a Isabel se había hecho fuerte la masonería. Algunos piensan, que lo de “Felón” le viene al rey por haber derogado la constitución de 1812 y eso no es cierto. Lo de «felón» le viene por haberse rendido a Napoleón. El pueblo estaba con el rey y no con la Constitución, por lo anteriormente citado. Por otro lado, destaco la frase que utiliza el lector cuando se refiere a que no justifica los desmanes revolucionarios: “Sin justificar a los que cogen los atajos de utopías sangrientas, que hacen muchas veces peor el remedio que la enfermedad”.

No es que hagan muchas veces peor el remedio que la enfermedad. Lo cierto es que existiendo enfermedad o no, siempre actúan de la misma manera: en el pasado, en el presente; y me temo mucho que en el futuro. Desde que apareció la masonería pueden haber cambiado en algo sus formas, pero nunca han dejado de practicar el rasgo que más la caracteriza: su odio a la Iglesia. En los siguientes capítulos veremos los tremendos sucesos de los que fueron promotores y nos llevaron a la sangrienta Guerra Civil. Como muestra un botón: dejo enlace a un artículo donde queda de manifiesto el odio con que los Frente-populistas manejaron la persecución religiosa (azuzados por la secta masónica), que ya detallaremos más adelante y que tienen el sello masónico, aunque muchos masones no sean conscientes de la realidad en la que viven.

Véase artículo

En cuanto a su diagnóstico de la Iglesia, no nos queda más remedio que decirle: está usted totalmente equivocado. Parece que ha asimilado totalmente la “Leyenda Negra” que pesa sobre la Iglesia y la Edad Media. Muchos achacan a la Ilustración todos los avances científicos. La Ilustración más bien lo que trajo fue guillotina y destrucción de las tradiciones. Se le puede atribuir haber ido cambiando reyes por presidentes, pero no mucho más. La Ilustración difundió la idea errónea de que la Iglesia agrupaba a un compendio de analfabetos que no se guiaban por la razón, y que ciencia y Fe eran opuestas.  Que la práctica religiosa se mantenía en el medio rural por la incultura de sus pobladores y que en la medida en que la cultura y el conocimiento fueran avanzando, la Fe iría disminuyendo. Por otro lado, difundió el mito de que la Edad Media fue una época oscurantista, lo que es algo totalmente falso. El nacimiento de las universidades en Europa tuvo lugar durante ese periodo. La Edad Media, en realidad, fue el punto de arranque del desarrollo del método científico, y la Iglesia, su artífice.

Los griegos hicieron grandes aportes en filosofía, geometría, astronomía, etcétera. Pero en física los primeros pasos se dieron en la cristiandad medieval durante el siglo XIV. El primer libro científico de categoría indiscutible es el que escribe Newton: Principia mathematica; pero Newton no parte de cero. Si uno reconstruye hacia atrás se encuentra a Copérnico (que era canónigo), Kepler y muchos otros, casi todos creyentes. Otras culturas, como la china, la egipcia, etcétera, inventaron numerosas cosas, pero no desarrollaron ningún sistema que explicara las leyes universales que fueron las que dieron pie al avance del método científico.

Todo esto fue posible porque los cristianos, partiendo de la base de que el universo es una obra divina, y llevados por la inquietud de conocer esta obra, se prestaron a indagar cómo funcionaba. Los primeros en pensar que el universo era inteligible fueron creyentes que, llevados por la idea de creación, buscaron el orden que se escondía tras ese proyecto divino.

Con la caída del Imperio romano se corría el riesgo de perder el conocimiento acumulado. La Iglesia comenzó a transcribir el saber o el conocimiento acumulado por la humanidad hasta ese momento, y esa labor la llevó a cabo en los monasterios. Los scriptoria eran esos monjes que vemos en los grabados antiguos sentados en un pupitre transcribiendo los manuscritos, también antiguos, cuando no existía la imprenta, ya que había que hacerlo porque el papiro con el pasar del tiempo se deterioraba. Manuscritos de todas las culturas: griega, árabe, incluso manuscritos del islam. No se quemaban los libros, si era saber, era válido. La medicina de origen islámico fue importada a través de esos manuscritos y después se tradujo.

Tras la recopilación de toda esa información por parte de los monjes se construye un método de enseñanza que es impartido en las escuelas monásticas a los frailes y a muchos otros. De esas escuelas monásticas, cuando se empiezan a construir las catedrales, se fundan las escuelas catedralicias, y todo esto dará lugar más tarde a la creación de las universidades a partir del siglo XI. El movimiento universitario lo funda la Iglesia Católica y se le da universalidad al conocimiento.

Galileo Galilei, escribiendo a Rafael Ocaberni, le viene a decir una frase que el mismo Juan Pablo II cita en Fides Et Ratio: “La Escritura y la ciencia son dos alas de un mismo pájaro, vuelan al unísono, no se contradicen”. Existen muchos bulos o mentiras sobre la persona de Galileo: no murió en la hoguera, se retractó de sus errores teológicos, tenía hijas monjas y murió en el seno de la Iglesia. Así mismo, la teoría heliocéntrica que defendía se la copió a Copérnico, que era un cura católico.

La Iglesia ha tenido mucho que ver con los avances científicos que disfrutamos hoy en día. Es gran falsedad decir que la Edad Media y la Iglesia fueron un obstáculo para el desarrollo de la razón y la ciencia; más cierto sería catalogarla como responsable directa de ese desarrollo. Pero no solo está en el origen de este desarrollo. A lo largo de la historia, destacados miembros de la Iglesia han llevado este conocimiento desde entonces hasta hoy. Uno de los descubrimientos más innovadores es la teoría del Big-Bang, obra de Georges Lemaître (cura católico), que es la mejor explicación científica que tenemos de cómo se creó el Universo. También podríamos hablar del padre Carreira, jesuita fallecido hace poco tiempo y astrofísico de renombre mundial. Sorprende la cantidad de creyentes que se han dedicado con éxito al estudio de la ciencia. Terminamos este artículo con una relación de científicos católicos:

  • Louis Pasteur (1822 – 1895). Químico y bacteriólogo francés. Católico. Fue el pionero de la microbiología moderna y desarrolló la vacuna contra la rabia.
  • Gregor Mendel (1822 – 1844). Naturalista austriaco. Sacerdote católico. Es considerado el padre de la Genética. En 1865 formuló las Leyes de Mendel sobre la transmisión de la herencia genética.
  • Santiago Ramón y Cajal (1852 – 1934). Médico español. Católico. Premio Nobel de Medicina en 1906 por sus estudios sobre el sistema nervioso.
  • Henri Becquerel (1852 – 1908). Físico francés. Católico. Premio Nobel de Física en 1903 junto al matrimonio Curie “…en reconocimiento de sus extraordinarios servicios por el descubrimiento de la radioactividad espontánea”.
  • Nikola Tesla (1856 – 1943). Ingeniero y físico serbio, nacionalizado estadounidense. Cristiano ortodoxo. Fue el inventor del uso actual de la energía eléctrica por corriente alterna.
  • Karl Landsteiner (1868 – 1943). Patólogo y biólogo austriaco. Católico. Premio Nobel de Medicina en 1930 por descubrir y tipificar los grupos sanguíneos.
  • Alexis Carrel (1873 – 1944). Médico francés. Católico. Premio Nobel de Medicina en 1912 en reconocimiento a su trabajo acerca de sutura vascular y trasplante de vasos sanguíneos y de órganos.
  • Guillermo Marconi (1874 – 1937). Ingeniero eléctrico italiano. Católico. Fue uno de los grandes impulsores de la radiotransmisión a larga distancia.
  • Alexander Fleming (1881 – 1955). Científico británico. Católico. Premio Nobel de Medicina en 1945 por descubrir la penicilina.
  • Victor Francis Hess (1883 – 1964). Físico austriaco. Católico. Premio Nobel de Física en 1936 por sus estudios sobre los rayos cósmicos.
  • Erwin Schrödinger (1887 – 1961). Físico austriaco. Católico. Premio Nobel de Física en 1933 por desarrollar su ecuación sobre mecánica cuántica.
  • Georges Lemaître (1894 – 1966). Físico y astrónomo belga. Sacerdote católico. Propuso la teoría de la expansión del universo y la teoría del Big Bang sobre el origen del universo.
  • Gerty Cori (1896 – 1957). Bioquímica estadounidense. Católica. Premio Nobel de Medicina en 1947 por descubrir el mecanismo por el que el glucógeno se convierte en ácido láctico en el tejido muscular. Fue la primera mujer que recibió este premio.
  • Clyde Cowan (1919 – 1974). Físico estadounidense. Católico. Codescubridor del neutrino en 1956 junto a Frederick Reines. Premio Nobel de Física en 1995 por sus estudios sobre las partículas subatómicas.
  • Jérôme Lejeune (1926 – 1994). Médico francés. Católico, está en proceso de beatificación. Es considerado el padre de la genética moderna.
  • Peter Grünberg (1939). Físico alemán. Católico. Premio Nobel de Física en 2007 por su descubrimiento de la magnetorresistencia gigante.
  • Eric Wieschaus (1947). Biólogo estadounidense. Católico. Premio Nobel de Medicina en 1995 por sus descubrimientos sobre el control genético del desarrollo embrionario.

@LaReconquistaD

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