Columna de La Reconquista | Los orígenes de la masonería (Parte VIII)

Todos conocemos a esas personas que tienen opiniones a las que se aferran, por muchos argumentos que les demos en sentido contrario. Si al principio han pensado que algo era de una forma, ya podemos esforzarnos en hacerles que vean la realidad, que no vamos a conseguir que cambien de parecer. El propio Carl Sagan (conocido mundialmente por la serie “Cosmos”) relató en “El mundo y sus demonios” una anécdota reveladora: cuenta que una vez en Nueva York tomó un taxi y el conductor lo reconoció emocionado. Su primera pregunta fue si creía en los OVNIS, a lo que Sagan respondió que no. El taxista se ofuscó y terminó cortando la conversación abruptamente. Con su actitud, básicamente, demostraba que le daba mayor crédito a lo que había leído o escuchado sobre los extraterrestres que a lo que pudiera afirmar uno de los astrofísicos más notables del mundo.

Con el tema de la masonería ocurre algo parecido. Desde hace más de tres siglos se han ocultado las interferencias que la masonería ha tenido en casi todas las guerras importantes. La historia que mucha gente conoce está “descafeinada” de «sustancia masónica», y es realmente difícil conseguir que muchas de esas personas se acostumbren ahora a tomar ese “café histórico” en su pureza real (es decir, con la «cafeína masónica» que en realidad contiene). Pero como dice el Evangelio en Juan 4-37, “unos son los que siembran y otros los que recogen”, seguiremos sembrando esta realidad, al margen de los resultados visibles o no que podamos conseguir.

En este artículo continuaremos tratando el tema de la masonería en los Estados Unidos. El 4 de marzo de 1913 es elegido el presidente n° 28 de los Estados Unidosel señor Woodrow Wilson. Este presidente fue profesor de la Universidad de Princeton y, mientras estuvo en dicha Universidad, tuvo una relación con la esposa de un profesor becario. Poco después de acceder a la Casa Blanca recibió la visita de Samuel Utermyer (abogado, líder civil y millonario judío-americano, cuyo padre fue teniente en el Ejército Confederado y murió poco después del final de la Guerra de Secesión), que venía en nombre de un importante bufete de abogados, en relación con un chantaje por la suma de 40.000 dólares por silenciar la antes mencionada relación que mantuvo el presidente en Princeton.

El presidente Wilson no tenía esa suma para pagar el silencio de la mujer con la que tuvo la aventura, pero Utermyer se ofreció a pagarla de su bolsillo si a cambio el presidente, en la primera vacante que surgiera para la Corte Suprema, se comprometía a nombrar un candidato recomendado por él. A partir de este momento el presidente Wilson quedó en manos de la élite, y algunas de las cosas que haría posteriormente no fueron en beneficio del pueblo estadounidense, como fue entrar en 1917 en la Primera Guerra Mundial y poner en manos de las élites sionistas el control de la Reserva Federal (cosa esta última que lamentó el propio Wilson de manera pública antes de su muerte).

En torno a la Reserva Federal, existen dos fraudes de extrema gravedad que hay que resaltar en este artículo. El primero tiene que ver con la manera en que se produjo su creación en 1913. Y el segundo, cuando quedó el dólar sin ningún respaldo en oro.

El 22 de diciembre de 1913 un pequeño grupo de banqueros sionistas le quitaron al Congreso estadounidense la facultad de emitir la moneda y se la adjudicaron a ellos mismos, creando la Reserva Federal. Esta transición se produjo de manera totalmente fraudulenta y aprovechando la debilidad de Wilson, al que tenían totalmente en sus manos. Esperaron a la Navidad, cuando el Congreso había suspendido sus sesiones, y aprovechando que los congresistas que se oponían a la creación de la Reserva Federal se habían marchado de vacaciones, quedaron solo los que estaban a favor. En un solo día la aprobaron en la Cámara Baja, pasándola al Senado esa misma noche, que también la aprobó. Cuando se la presentaron a Wilson para firmarla, argumentó que no se podía hacer eso estando el Congreso en receso y se negó. Pero entonces, los banqueros sionistas que financiaron la campaña del presidente, le apretaron las tuercas y firmó.

Ante tan inaudito hecho, el congresista Charles Lindbergh (el famoso aviador), afirmó: “La ley establece el más gigantesco acto de confianza en la tierra. Cuando el Presidente firme ese proyecto de ley, el gobierno invisible del poder monetario será legalizado… El crimen más grande de todos los tiempos es perpetrado por el presente proyecto de ley de banca y moneda”.

Desde ese momento y hasta nuestros días, por muy inverosímil que parezca, no es el gobierno de los Estados Unidos el que emite su propia moneda. Es un pequeño grupo privado que tiene la facultad de emitir alegremente el dinero y además pedirle intereses al gobierno por el dinero que le suministra. Al principio ese dinero estaba respaldado por oro, pero a partir del año 1971 dejó de estarlo. No fue este el único servicio que prestó el presidente Wilson a la masonería, como veremos a continuación.

En 1897 los Rothschild organizaron el Primer Congreso Sionista (movimiento político nacionalista que propuso desde sus inicios el establecimiento de un estado para el pueblo judío). Este primer congreso se tendría que haber celebrado en Múnich, pero debido a la oposición de los judíos locales (que estaban bien establecidos y no quisieron que se les relacionara con esta organización), tuvo que ser trasladado a Basilea (Suiza).  Dicha reunión fue presidida por un personaje llamado Theodor Herzl, judío asimilado (aquellos que, aun siendo judíos, según las leyes religiosas, han abandonado todas sus señas de identidad: ni religión, ni idioma, ni cultura, ni empatía grupal), quien afirmaría en uno de sus diarios: “Es esencial que los sufrimientos de los judíos empeoren, esto ayudará a la realización de nuestros planes. Tengo una excelente idea: voy a inducir a los antisemitas a liquidar la riqueza judía. Los antisemitas nos ayudarán, y con el propósito de apropiarse de sus riquezas reforzarán la persecución y la opresión de los judíos. Los antisemitas serán nuestros mejores amigos”.

Dicho proyecto consistía en fundar el Estado de Israel, pero en vista de que los judíos estaban asentados en sus respectivos países y no colaboraban con la idea de dejarlo todo y mudarse a Palestina, se le ocurrió que, si eran perseguidos, no les parecería tan mal. Herzl fue elegido presidente de la Organización Sionista, adoptando dicha organización, como símbolo, el hexagrama (símbolo de la casa Rothschild), que años más tarde terminaría formando parte de la bandera de Israel.

Los judíos que se habían instalado en Palestina empezaron a darse cuenta de que no había ningún altruismo patriótico ni religioso tras la intención de los Rothschild de crear un Estado judío, y es en 1901 cuando los colonos judíos que ya estaban establecidos envían una delegación para solicitarle a Edmond James de Rothschild lo siguiente: “Si quiere que se mantenga el Yishub (judíos que comenzaron a asentarse en el territorio desde 1882 hasta el establecimiento del Estado de Israel en 1948), en primer lugar, saque sus manos de allí y permita a los colonos corregir por sí mismos lo que sea necesario corregir”.

A lo que Edmond James de Rothschild contestó: “Yo creé el Yishub, solo yo. Por lo tanto, ningún hombre, ni colonos, ni las organizaciones, tienen derecho a interferir en mis planes”.

Tras la Primera Guerra Mundial, Mosul, Palestina y Transjordania, pasaron a manos británicas, algo que podemos conectar con un episodio bastante curioso que ocurrió en 1916. En ese año, Alemania estaba ganando la guerra y ofreció el armisticio (acuerdo que firman dos o más países en guerra cuando deciden dejar de combatir durante cierto tiempo con el fin de discutir una posible paz) a Gran Bretaña sin exigir reparaciones de guerra, cosa que los británicos estaban considerando; pero entonces, los Rothschild entraron en acción y, a través de un agente suyo, Louis Brandeis (miembro activo del movimiento sionista), enviaron una delegación sionista desde Estados Unidos a Inglaterra con la promesa de involucrar a los americanos en la guerra en apoyo de los británicos, si estos se comprometían a darles la tierra de Palestina a los Rothschild.

Si unimos este detalle al hecho de que Edmond James de Rothschild empezó en 1882 comprando tierras en esa zona y posteriormente al comentario de Theodor Herzl en su diario, y sumamos el ofrecimiento de paz de los alemanes a los ingleses… podríamos plantearnos como hipótesis que, sin la interferencia de los Rothschild, la Primera Guerra Mundial podía haberse evitado.

Los Rothschild abortaron la propuesta de paz que Alemania ofreció a Inglaterra, prometiendo a ésta que involucrarían a Estados Unidos del lado de la Triple Entente (una alianza entre diversos países en el año 1907 y enmarcada en el conflicto de la I Guerra Mundial, que integró a Francia, Gran Bretaña y Rusia, a los que progresivamente se unieron otras naciones a lo largo del conflicto), si Inglaterra prometía cederles Palestina. Cosa curiosa y que demuestra el poder que tenía y sigue teniendo esta familia, porque la prensa americana, que hasta ese momento era pro-Alemania, comenzó una campaña publicitaria en su contra con el fin de manipular al pueblo americano y ponerlo en contra de los alemanes. Aún sorprende mucho más que los Rothschild consiguieran meter a Estados Unidos en la guerra, puesto que se da el caso de que en 1916 el presidente Woodrow Wilson realizó una campaña por su reelección con el eslogan: “Él nos mantendrá fuera de la guerra”. Al parecer, la presión que ejercieron los Rothschild sobre el Presidente pesó más que su promesa electoral de no involucrarse en la Guerra.

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