Columna de La Reconquista | “Los orígenes de la masonería (Parte III): Los protocolos de Sión”

En el anterior artículo, veíamos como los illuminati, tenían un plan perfectamente trazado para hacerse con el poder mundial, plan que si no lo pueden cumplir a la perfección, siempre buscarán la manera de trazar algún itinerario alternativo o posponer hasta que se den las circunstancias apropiadas. Es de admirar la gran capacidad que tienen para hacer el mal, y la inteligencia con que lo llevan a cabo: “hacen el mal muy bien”. Pero como decíamos en el anterior capítulo “estas pautas fueron unos primeros apuntes que con el tiempo fueron perfeccionando”. En todos los congresos que han tenido desde entonces hasta nuestros días, han seguido perfeccionando esa hoja de ruta, aunque no tenemos copia de las decisiones que toman en cada uno de ellos. Tan solo tenemos un ejemplar que alguien les robó (supuestamente) tras el primer Congreso Sionista en el año 1897 y que llevan desde entonces intentando hacer ver que son una falsedad. Son los llamados “Protocolos de los Sabios de Sion”.

Los Protocolos son una especie de agenda, donde pusieron por escrito sus intenciones de control global y la manera pormenorizada de llevarlo a cabo. Antes de entrar de lleno a los Protocolos, daremos un poco de contexto a esta historia. La “colonización” del Estado de Palestina por el pueblo judío no fue una iniciativa de personas individuales y religiosas que quisieron volver a su tierra ancestral (algo que de ser así, no hubiese sido posible porque fue necesario mucho dinero, muchos recursos políticos e incluso guerras para conseguirlo). A partir de  1882, Edmond James de Rothschild empezó a comprar tierras en la Palestina otomana con el objetivo a largo plazo de crear un país de propiedad Rothschild. Recordamos que el Sionismo es el movimiento político que abogaba originalmente por el restablecimiento de un estado judío y que actualmente persigue el desarrollo y protección del estado independiente llamado “Israel”. El sionismo surgió a finales del siglo XIX, pero esa inquietud por el retorno no partió de los judíos semíticos o de linaje, es una iniciativa de judíos askenazi –o judíos de adopción–.

En 1897 los Rothschild organizan el primer Congreso Sionista. Este primer Congreso se tendría que haber celebrado en Múnich, pero debido a la oposición de los judíos locales (que estaban bien establecidos y no quisieron que se les relacionara con esta organización) tuvo que ser trasladado a Basilea (Suiza). Dicha reunión fue presidida por un personaje llamado Theodor Herzl, judío “asimilado” –aquellos que aun siendo judíos según las leyes religiosas, han abandonado todas sus señas de identidad: ni religión, ni idioma, ni cultura, ni empatía grupal–.

Los judíos que se habían instalado en Palestina empezaron a darse cuenta de que no había ningún altruismo patriótico ni religioso tras la intención de los Rothschild de crear un Estado judío, y es en 1901 cuando los colonos judíos que ya estaban establecidos envían una delegación para solicitarle a Edmond James de Rothschild lo siguiente: “Si quiere que se mantenga el Yishub (judíos que comenzaron a asentarse en el territorio desde 1882 hasta el establecimiento del Estado de Israel en 1948), en primer lugar, saque sus manos de allí y permita a los colonos corregir por sí mismos lo que sea necesario corregir”.

A lo que Edmond James de Rothschild contestó: “Yo creé el Yishub, solo yo. Por lo tanto, ningún hombre, ni colonos, ni las organizaciones, tienen derecho a interferir en mis planes”.

Tras la Primera Guerra Mundial, Mosul, Palestina y Transjordania, pasaron a manos británicas, algo que podemos conectar con un episodio bastante curioso que ocurrió en 1916. En ese año, Alemania estaba ganando la guerra y ofreció el armisticio (acuerdo que firman dos o más países en guerra cuando deciden dejar de combatir durante cierto tiempo con el fin de discutir una posible paz) a Gran Bretaña sin exigir reparaciones de guerra, cosa que los británicos estaban considerando, pero es entonces cuando los Rothschild entran en acción y, a través de un agente suyo, Louis Brandeis (miembro activo del movimiento sionista), envían una delegación sionista desde Estados Unidos a Inglaterra con la promesa de involucrar a los americanos en la guerra en apoyo de los británicos si estos se comprometían a darles la tierra de Palestina a los Rothschild.

Si unimos este detalle al hecho de que Edmond James de Rothschild empezó en 1882 comprando tierras en esa zona y sumamos el ofrecimiento de paz de los alemanes a los ingleses… podríamos plantearnos como hipótesis que, sin la interferencia de los Rothschild, la Primera Guerra Mundial podía haberse evitado. Los “Protocolos de los Sabios de Sión” vienen a desvelarnos un plan para conquistar el dominio mundial a través de todo tipo de acciones. Y sirva como ejemplo el anteriormente expuesto de cómo se hicieron con el territorio de Palestina, a costa de una guerra.

Los Protocolos son un plan a muy largo plazo; son como las grandes catedrales, que quien empezaba la obra sabía perfectamente que no la vería terminada (véase el caso de la Sagrada Familia en Barcelona, que a día de hoy no está concluida su construcción). Son una descripción estratégica a largo plazo, con tácticas a corto, de cómo ir haciéndose con todas las riendas del poder del mundo por parte de una élite muy pequeña para conseguir un gobierno mundial, pasando primero por una demolición de las estructuras nacionales. En ellos se ve detalladamente cómo van a manejar el mundo cuando sus objetivos sean conquistados (cómo manejar la política, cómo manejar la moneda, cómo manejar la obra pública, cómo manejar el trabajo, etcétera), pero antes de llegar a ese punto, tienen que devastar y desarticular todo. Tirar el antiguo edificio para construir el nuevo. Muchas guerras han sido llevadas a cabo (guerras que no se hubiesen producido sin el apoyo de estos personajes) para cumplir con esta hoja de ruta.

La redacción de este documento encaja perfectamente con lo que es el acta de reunión de una logia. Son las actas de varias sesiones de esas reuniones, y de lo tratado en cada una de ellas. En total son 24 actas. Desde su publicación en 1905, han sido perseguidas como falsas y mucha gente ha sido amenazada o denunciada por publicarlas. No cuestionaremos en este artículo la falsedad o no de dicho documento, pero lo primero que sorprende es que se están cumpliendo al pie de la letra. La hipótesis más plausible es que estas actas fueron robadas tras el primer Congreso Sionista celebrado en Basilea en 1897, y que se le sustrajeron al Presidente de este Congreso, Theodor Herzl, en su hotel.

Saltan a la fama mundial cuando se publicó una obra que se llamó “El anticristo como posibilidad inmediata de gobierno”, de la autoría de un monje ruso llamado Sergei Nilus, donde se habla de ellos en el capítulo 12. Nilus ganó fama propagando que los Protocolos eran las minutas de una reunión de líderes judíos en el primer Congreso Sionista de Basilea (como ya mencionamos antes). El 26 de junio de 1933 la Liga Israelita Suiza y la comunidad israelita de Berna denuncian ante el Tribunal cantonal de Berna dicho documento, pidiendo que fuera considerado literatura subversiva y prohibida. Como consecuencia de la denuncia, cinco suizos fueron procesados por haber distribuido el folleto. Entre ellos el músico Silvio Schnell y el arquitecto Teodoro Fisher. Exigieron al Tribunal que hiciera un peritaje sobre la falsedad de los Protocolos. El teniente coronel retirado Ulrich Fleischhauer, director del “Welt-Dienst” (Servicio Mundial) de Erfurt, a petición de los acusados, es citado como experto el 6 de noviembre de 1934. El 15 de enero de 1935 Fleischhauer demostró que los sionistas y sus testigos, no tenían una sola prueba válida de la falsificación de los Protocolos y que todas las circunstancias estaban a favor de la autenticidad del documento. El 1 de noviembre de 1937, se dictó sentencia, y los acusados fueron absueltos. No se pudo determinar la falsedad o no del documento.

Henry Ford, en una entrevista publicada en Nueva York, el 17 de febrero de 1921, dijo: “La única declaración que yo puedo hacer sobre los Protocolos es que encajan con lo que está pasando. Tienen dieciséis años y se han ajustado a la situación mundial de este tiempo“. Don Gil de La Pisa, en su libro “La Piedra Roseta de la Ciencia Política”, dice lo siguiente: “Ford no se ocultó, para decir que la realidad vivida encajaba perfectamente con el texto de los Protocolos. La opinión de un hombre de tal prestigio y talla, difundida por un periódico que por entonces, ya tenía setecientos mil lectores, había que callarla. En 1927, el Sionismo había conseguido ya eliminar un periódico tan molesto. Pero no se conformaron con esto, fueron directamente a por el magnate Henry Ford y le pusieron ante el dilema: o rectificas o hundimos tu empresa de automóviles y todas las demás. Y pusieron manos a la obra, de modo que el gran promotor de los vehículos de motor, ¡el gran Henry Ford!, tuvo que claudicar y publicar una carta donde reconocía sus errores, se arrepentía de haber sido engañado, y elogiaba la maravilla que para el mundo ha sido la sabiduría judía en todos los campos. Y las empresas de Henry Ford, a partir de ese momento, recuperaron su vitalidad y fue invitado a montar una fábrica de automóviles “en el paraíso de las libertades”. En la URSS del criminal Lenin y sus cachorros, en el nuevo país surgido tras la Revolución de Octubre, que había sido financiada por los banqueros judíos (askenazís) norteamericanos. Muy especialmente por Jacob Schiff, que donó, al menos veinte millones de dólares de la época, para financiar la revolución”.

El asunto de la financiación sionista para llevar a cabo la Revolución Rusa será motivo de nuestro siguiente artículo. Se ha discutido mucho la autenticidad de los Protocolos, pero cualquiera que los lea y sepa algo de su historia, no podrá menos de admirarse de la realización del plan ideado por estos “sabios de Sión”. Del empeño que ha hecho el Sionismo por sepultar en el olvido los Protocolos, primero: quemando una edición entera en Rusia, después: mintiendo sobre la existencia de un ejemplar en la Biblioteca de Londres (que sí existía), y haciendo grandes esfuerzos para que no se publicara en Estados Unidos una edición, a tal punto que no se consiguió que ningún diario de Nueva York publicara avisos para hacerle reclamo. Si los lectores quieren buscar más información, tengan en cuenta que en Google el 95% de la información que encontraran será a favor de la falsedad de estos. Han gastado muchos recursos a lo largo de la historia para negar su fiabilidad.

Terminamos ya este artículo, citando algunas personas célebres y reputadas que actual e históricamente y de manera rotunda afirman y afirmaban la autoridad y la autenticidad de estos Protocolos.

  • Don Gil de la Pisa: Doctor en Filosofía y Letras por la Universidad Santo Tomás de Villanueva de La Habana (Cuba), con el número 1 de la promoción. Tras la llegada de Fidel Castro al poder, abandona Cuba en el verano de 1959. Llega a España, ocupando puestos de ejecutivo y gerente en empresas nacionales e internacionales. Entre sus libros, se encuentra “La Piedra Roseta de la Ciencia Política”, libro que íntegramente se dedica a afirmar la autenticidad de los “Protocolos de los Sabios de Sión”.
  • Ernest Jouin (1844-1932), sacerdote católico francés, periodista y escritor. Publicó la primera edición francesa de “Los Protocolos de los Sabios de Sión”. Fundó la Revue Internationale des Sociétés Secrètes en 1912.
  • José María Caro Rodríguez (Los Valles, Pichilemu, 23 de junio de 1866-Santiago, 4 de diciembre de 1958), sacerdote chileno. Fue el octavo arzobispo de Santiago de Chile y el primer prelado chileno en ser ordenado cardenal. En su libro “Descorriendo el velo” cita a los Protocolos.

Véase ejemplar de los Protocolos

@LaReconquistaD

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