Columna de La Reconquista | “Los orígenes de la masonería (Parte II)”

Terminamos nuestro anterior artículo diciendo que con la infiltración illuminati, la masonería dio un paso más en su camino de perdición. Esta infiltración la conduce hacia prácticas satánicas. Aunque hay que hacer notar, como decía Ricardo de la Cierva: “Todos los masones no son satánicos, pero todos los satánicos son masones”. Cuesta creerlo, pero en la masonería se adora a Lucifer. De manera consciente o menos consciente, antes o después, con mayor o menor implicación… Esto se hace. Desde su comienzo oficial en 1723 (masonería especulativa, no la de artesanos constructores), ya mostró su anti-catolicidad, ya que nace en contra de las monarquías católicas y a favor de las protestantes, la familia real inglesa siempre ha estado muy ligada a la secta. A partir de 1776, esta secta político-gnóstica empieza a ser infiltrada por otra, que es la que ocupa hoy el interés de nuestro artículo y es la que domina actualmente dentro de la masonería. La de los illuminati.

No decimos ninguna barbaridad, y prueba de ello, son las palabras que Pío VIII le dedica a la secta masónica en la encíclica Traditi en el año 1829: “Secta satánica que tiene por única ley la mentira, por su dios al demonio, y por culto y religión lo que hay de más vergonzoso y depravado sobre la faz de la tierra”.

En el artículo anterior, decíamos que el año 1776, Adam Weishaut funda el grupo llamado de los Illuminati de Baviera. Su meta era, instaurar un Nuevo Orden Mundial. Para llevar a cabo esta operación, pensaron que quien controlara el dinero de las naciones controlaría a las naciones. Desde entonces quedó como fundador Weishaut, y Amschel Rothschild como financiador del grupo. Pero… ¿quiénes fueron estos dos personajes? Nos centraremos primero en Amschel Rothschild.

Amschel Rothschild era de ascendencia judío-jázara. Los jázaros eran una tribu centro-asiática de origen turco-mongol que vivía en torno al mar Negro. Eran mercenarios que usaba el Imperio Bizantino para contener a los Omeyas (el Islam). En el siglo VIII, sus líderes se convierten por una serie de razones al judaísmo, no siendo de la etnia judía. Este dato lo corrobora uno de los más grandes filósofos judíos: Yehudah Halevi, del siglo XI (nacido en España y muerto en Israel), inspirador de Maimónides, según algunos.

Este dato no ha quedado en la nebulosa de la historia gracias también al libro de Arthur Koestler (1905-1983), “La Decimotercera tribu”. Koestler fue un novelista, ensayista, historiador, periodista, activista político y filósofo húngaro de origen judío, a quien que muchos dicen que lo “suicidaron” (a él y a su esposa) por hablar del Sionismo.

Dicho esto, tenemos que definir bien la existencia de dos tipos de judíos: los askenazi y los mizrajíes o mizrajim. Los primeros son los descendientes de los conversos jázaros, vienen a ser el 75% del total de los judíos (unos dieciséis millones), y no son judíos de raza sino de adopción, y paradójicamente, son los que están empecinados en volver a Israel cuando nunca estuvieron allí. Estos judíos son los que crearon el sionismo. El sionismo es una ideología y un movimiento político nacionalista que propuso desde sus inicios el establecimiento de un Estado para el pueblo judío, preferentemente en la antigua Tierra de Israel. Los mizrajíes son descendientes de las comunidades judías del Medio Oriente, son judíos semíticos, los descendientes de Abraham. Resumiendo: los mizrajíes son de ascendencia árabe y los askenazi  de ascendencia eslava. Llegados a este punto, tenemos que declarar para que no nos tomen por lo que no somos: no somos antisemitas, pero no estamos a favor de las prácticas de un pequeño grupo de personas, que se esconden bajo el abrigo del pueblo judío, y que, cuando se les critica, acusan de antisemitismo a todo el que osa hacerlo. Para dejar este punto muy claro, hacemos nuestras las palabras que Don Gil de la Pisa expresa sobre este particular en su libro “La Piedra Roseta de la Ciencia Política”: “He combatido –combato y combatiré mientras viva– contra los «judíos perversos» que buscan destruir el Reino de Dios. Estos «judíos perversos» (así los llama monseñor Ernest Jouin), no son muy numerosos, pero son, todopoderosos. Pues tienen ya en sus manos, por un lado, las riendas de todos los «poderes fácticos»: riquezas (bolsas, bancos, sociedades de inversión, oro), materias primas y, por otro, controlan los gobiernos de los pueblos, los tribunales de justicia, los organismos internacionales, y son dueños absolutos de los medios de comunicación y de las nuevas tecnologías. Y podríamos alargar la lista de «sus poderes»”.

De este linaje de judíos askenazi (jázaros que se asentaron en Europa del Norte) surge la familia Rothschild, y de esta familia, nace uno de los fundadores de la secta illuminati. Obviamente, no metemos a todos los judíos askenazis en el mismo saco, pero esta familia judío-jázara practicaba una suerte de religión (fundamentada muy posiblemente en la Kabalá) que los llevó a la práctica del luciferismo.

El fundador de la dinastía fue Moisés Amschel Bauer, prestamista de dinero y propietario de una empresa de contabilidad y finanzas. Mayer Amschel Bauer heredó el negocio de su padre (Moisés), tenía contactos y hacía negocios con familias muy importantes, entre otros, trabajó para un banco de la familia Oppenheimer en Hannover Alemania y se familiarizó con el General von Estorff (importante militar de la época); su padre había colocado un hexagrama rojo sobre la puerta de entrada del negocio, y cuando Mayer se hace cargo de éste, cambia el apellido “Bauer” por el de “Rothschild”, porque «Rot» en alemán significa «rojo», y «Schild» significa «símbolo». Así que el famoso apellido significa «símbolo rojo». Este hexagrama representa tres seises (al hexagrama se le dan multitud de significados, pero para los illuminati es importante), y más adelante veremos cómo el famoso número también es utilizado por Rockefeller.

En 1770 Mayer redacta un proyecto para la creación de los illuminati, y le encarga a Adam Weishaut el desarrollo del mismo. Adam era un cripto-judío askenazi, exteriormente de fe católica romana (es la adhesión confidencial al judaísmo mientras se declara públicamente ser de otra fe), El gran historiador Alberto Barcena, en su libro “Iglesia y Masonería”, dice lo siguiente sobre este personaje: “El fundador de los Illuminatis de Baviera (Adam Weishaut) era profesor de Derecho Canónico –lo que se ha utilizado recientemente para limpiar su imagen diabólica, como si el haber impartido esa disciplina le hiciera incuestionable– de la Universidad de Ingolstadt. En 1780, los illuminati pretendieron sin éxito unificar a toda la masonería europea bajo su dirección. Cuatro años más tarde se dispersaron por la Alemania protestante, una rama con apoyo masónico, pasó a Francia y otra llegó hasta América, donde junto a fuertes rechazos, encontró el apoyo de Thomas Jefferson, que en 1800 llegó a calificar a Weishaupt de “entusiasta filántropo” (como Bill Gates). En 1785 se constituyó en Nueva York la Logia Colombia de la Orden de los Illuminati, de la que procede la Gran Logia Rockefeller, que perpetúa el designio de su fundador: un mundialismo en el sentido que Weishaupt propugnaba”.

A estas alturas, algunos habrán empezado a entender lo que ocurre actualmente a nivel mundial. Pero a modo de paréntesis, hablaremos un poco de Rokefeller y terminaremos este artículo explicando de manera rápida cómo era el plan de la Orden Illuminati. Continúa Barcena diciendo: “La gran Logia Rockefeller, apoyo fundamental de las organizaciones pantalla de la Masonería (CFR, LA TRILATERAL, BILDERBERG, etcétera), es “una orden secreta del iluminismo”, de signo luciferino, con sede central en Nueva York; muy cerca del Rockefeller Center, con la figura del mítico Prometeo en el suelo en actitud de rebeldía un tanto orgiástico contra Zeus (Prometeo, es la representación mitológica de Lucifer), el dios supremo del panteón griego, y símbolo de la irreligiosidad en cualquier época. En lo alto del rascacielos Tishman, de 116 metros de altura, figuraba el 666 de brillante color rojo de día, iluminado de noche. Este número fue retirado en 1992, pero el edificio es ahora el “666 Quinta Avenida. Su rito pretende otorgar una luz superior a la masónica”. La de Lucifer, huelga decirlo.

Pero si este es diferente de Satanás, como la Masonería pretende, cabe preguntarse qué pintaba el número de la Bestia en ese rascacielos. Y también el por qué dicha Gran Logia solo admite a masones que hayan alcanzado los grados superiores en el Rito Escocés Antiguo y Aceptado; es decir a los que han adorado a Baphomet. Aparte de exigirles una relevancia especial en el mundo de la política”.

¿Por qué se exigen estas condiciones para pertenecer a la logia de Rockefeller? Muy sencillo: porque allí se rinden honores a “El Baphomet, dios andrógino” (Lucifer), y además, los aspirantes al grado 29 del Rito Escocés, tienen que pisar la cruz.

Volvemos pues, para terminar, con Adam Weishaupt. Como ya dijimos, en 1776, funda la orden Illuminati, y muy pronto se introducen en la Orden Continental de los masones con esta doctrina y se establece la Logia del Gran Oriente. Todo esto fue hecho bajo las órdenes y las finanzas de Meyer Amschel Rothschild. El proyecto de dominación mundial que promovían, contaba con unos pasos muy concretos:

– Reclutar a 2000 seguidores (pagados); los mejores en el campo de las artes, las letras, la educación, la ciencia, las finanzas y la industria.

– Planificar un sistema de sobornos (también sexuales), para obtener el control de las personalidades de más alto nivel, sobre todo en la política, para obligarlos a implementar leyes que interesaran a la secta. Al Presidente Thomas Woodrow Wilson lo manejaron perfectamente con esta táctica sexual.

– Vincularse en colegios y universidades, para relacionarse con estudiantes poseedores de una capacidad mental excepcional y recomendar su formación especial en relaciones internacionales. Esta formación se llevará a cabo por parte de los Illuminati en forma de becas. Cosa muy extendida al día de hoy en Estados Unidos.

– Todas las personas atrapadas bajo el control de los Illuminati, más los estudiantes que hubiesen sido entrenados y educados, se utilizarán como agentes en todos los gobiernos, ubicándolos como especialistas detrás de la escena.

– Obtener el absoluto control de la prensa, con la intención de inducir a las masas a creer que un gobierno mundial, es la única solución a los muchos problemas de la humanidad (muchos creados por ellos). Eso fue en aquella época que solo existía prensa escrita y literatura, en nuestros tiempos como sabemos todos, controlan todos los medios de comunicación excepto algunas excepciones.

Como podemos observar tenían un plan perfectamente trazado. A día de hoy, vemos claramente que “de aquellos polvos, estos lodos”. Pero estas pautas fueron unos primeros apuntes que con el tiempo fueron perfeccionando. Más tarde fueron afinando más sus operaciones y se les filtró algún documento más sobre sus planes. Uno de ellos es “Los Protocolos de los Sabios de Sión”, documento que han intentado desmentir y ridiculizar a lo largo de la historia y han empleado muchos recursos en hacerlo parecer un cuento de «conspiranoicos», pero mucha gente de prestigio los estudió, llegando a la conclusión de que son verdaderos. Uno de ellos es nuestro gran filósofo y escritor Don Gil de la Pisa, que menciona este asunto en el anteriormente citado libro “La Piedra Roseta de la Ciencia Política”. Dichos protocolos serán el objeto de nuestro próximo artículo.

@LaReconquistaD

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