Columna de La Reconquista |La metástasis se expande… contra el embrión

Permítame, mi muy estimado señor lector, que hoy atraiga su atención hacia una de las naciones más queridas de nuestra Patria: la antigua «Nueva España», el actual «Estados Unidos Mexicanos» o, sencillamente, México. ¿Por qué? Porque coincide en mucho con las situaciones análogas tanto de América Latina (Venezuela, Perú, Cuba…) como de nuestra amado Reino de España, máxime en todo lo referente a «ideologías» siempre “anti” algo –si bien muy adecuadamente disfrazadas de un “pro” lo-que-sea: por los derechos de las minorías (contra el bien común de la casi entera sociedad), por los derechos de las tortugas (aunque no haya medicamentos para niños con cáncer), etcétera–.

Durante los tres pasados días, la Suprema Corte de Justicia de la Nación (lo que equivaldría al Tribunal Supremo en España) ha emitido un fallo que hace historia, pero por lo «diabólico»: ha dejado sin protección legal a los millones de niños concebidos en tierras mexicanas. Literalmente, millones –y no es baladí la cifra, pues basta constatar el alto número de mexicanos que nacen fuera del matrimonio para observar que a partir de ahora sus vidas peligran, no están protegidas–.

No es el momento de caer en lamentaciones estériles, ni de poner el acento en lo frágiles y falaces que fueron las argumentaciones presentadas por los magistrados para respaldar su sentencia. El daño está hecho, de nada nos sirve darle vueltas al pasado, que no podemos cambiar; la actitud constructiva es imaginar el futuro, soñar con un futuro en el que quepan todos los seres humanos, sin ser excluido nadie por estar todavía en periodo de gestación.

Ante esta dura decisión los pro-vida en esta nación hermana enfrentan, a mi parecer, dos retos. El primero está en volverse “inasequibles al desaliento” –o, como se diría popularmente, “no tirar la toalla”–. El segundo reto en realidad es más arduo, pues supone cambiar la estrategia, reinventarse en el nuevo escenario, ciertamente hostil, en el que se encuentran, para continuar en la tarea de esta batalla cultural por la vida.

No se trata de cerrar los ojos a la realidad, ni de minimizar el inmenso trabajo de filigrana realizado para defender la vida en 19 estados de la federación. No se trata de dar unas palmaditas en la espalda diciendo: “Ánimo, ¡tú puedes!”. Se trata de examinar y discernir cual es el bien posible asequible en esta nueva situación. Si antes la batalla estaba en las leyes –y en sensibilizar a los congresos estatales sobre el hecho de que la vida humana comienza desde la concepción y que, por tanto, debe ser protegida desde ese instante–, ahora el Poder Judicial ha tirado por el suelo todo ese esfuerzo, ha pateado el tablero con un golpe de estrategia –que, dicho sea de paso, ya se veía venir–. En efecto, la «cultura de la muerte» ha ido imponiéndose y su esquema suele ser siempre el mismo: si no consiguen hacerlo por vía parlamentaria, acuden al expediente de la vía judicial. Siempre es más fácil convencer del error a un grupo pequeño de juristas que al grueso del Congreso –es decir, más “accesibles” son los señores ministros, once en total, que 500 diputados con “gustos refinados” (cualquier parecido con España de seguro que es mera coincidencia, ajá)–.

Si la batalla ya no está en las leyes, puesto que si no parece viable revocar la sentencia, ¿qué pueden hacer los hermanos mexicanos que se sienten pro-vida, además de lamentarse? Pues, en primer lugar, y como siempre, brindar la batalla cultural. Para ello, todos tenemos un aliado muy fuerte: la ciencia, la embriología, el estudio del maravilloso proceso de formación del ser humano a partir del momento de la fecundación. La filosofía también puede ser aliada, profundizando en el concepto de dignidad y lo que ello implica. El derecho, por desgracia, no –pues ya vemos que se vende al mejor postor–, pero sí la biología, al resaltar el valor y el milagro que supone cada vida humana.

Las “tiernas y recatadas señoritas” –absoluta ironía– de pañuelos verdes tienen eslóganes muy “simpáticos”, como el que corean diciendo: “Aborto sí, aborto no, eso lo decido yo”. Bueno, analicemos eso y tomemos el reto que plantean: ahora pueden abortar a placer, no hay frenos ni límites. Nos toca trabajar para que poco a poco vaya siendo la opción menos atractiva: que no aborten –primero, porque no se embaracen sin desearlo, y luego porque no quieran (aunque puedan)– hacerlo. Es necesario que la inmensa mayoría de mujeres redescubra el valor inconmensurable de la vida humana, de la cual ellas son portadoras y –permítaseme decirlo– «ángeles guardianes». Una batalla cultural, en definitiva, es siempre un gran desafío, ni fácil ni sencillo, ya que, finalmente, el aborto es negocio y hay muchos intereses económicos y políticos en juego.

Esto es muy difícil de realizar y vivir en un contexto como en el que nos rodea, en el que paulatinamente «la persona» ha sido sustituida por «el individuo». Este “atomismo social” promueve la indiferencia, el egoísmo, la despreocupación y la no injerencia en la vida de los demás –todo lo cual se considera un «bien a proteger», aunque no lo sea la vida del embrión concebido…–.

Pero la verdad y realidad del ser humano es muy otra. El cuidado (eso que los griegos denominaban epiméleia) no consiste en suplir ni limitar la vida de otro, sino muy al contrario en dejar ser y apoyar el actuar de una persona que se encuentre limitada o disminuida por cualquier razón. «Cuidado» es «cultivo de la vida». Cultivamos la vida como cultivamos la Tierra, no con el fin de explotarla, sino de llenarla de sentido. Y cultivamos las tradiciones que nos hacen ser precisamente quienes somos, como cultivamos aquellas instituciones (Estado y Familia) que nos configuran como seres humanos en sociedad. Ahí −sobre todo dentro de cada familia− todo son relaciones de cuidado: los padres cuidan de los hijos; los esposos se cuidan mutuamente… Al mismo tiempo, todo ese cuidado genera aceptación y reconocimiento por aquellos que son cuidados, de forma que los hijos van aprendiendo a cuidar de sus padres y de sus abuelos, o los ciudadanos han de cuidar de la ciudad y del Estado… (es la teoría política que estudiamos, y que aunque parezca mentira, algunos nos esforzamos en defender).

Los pro-vida tenemos la urgente tarea de “reestructurarnos” en nuestras tácticas y estrategias, puesto que “donde está el peligro, ahí está la salvación” (Holderlin). Lo que está sucediendo en México, en España, en el mundo, puede ser una oportunidad maravillosa para que dejemos de ser reactivos y tomemos la iniciativa en el debate público. Se ha de “abrumar”, por así decirlo, a la sociedad –especialmente la médica y la educativa– con los datos ciertos, puros y duros que arroja la ciencia sobre el desarrollo del embrión, su capacidad de sufrir, la formación de sus órganos, o su sustancialidad, diversa de la de la madre. Por otro lado, la campaña cultural deberá ir contracorriente también, exaltando la grandeza de la maternidad, privilegio exclusivo de la mujer, quizá la acción más grande que pueda el ser humano realizar, el dar la vida a otro ser humano. No verla como un obstáculo a la realización personal, sino como un medio para lograrla, integrándola a su vez con las otras dimensiones de la vida humana, como pueden ser la profesional, la cultural, la social, etcétera.

Tampoco debemos incurrir en el error de ser «políticamente correctos», puesto que no es sino una máscara (y muy burda) de hipocresía (so pretexto de «educación» o «armonía social»), sino que hemos de quitarnos todo miedo, puesto que la verdad, aunque solamente una voz la proclame, sigue siendo eso mismo: la verdad (única, indubitable, insoslayable, incontrovertible). No es fanatismo de tipo alguno, sino lógica plena, señores.

En definitiva, la batalla cultural ha de mostrar que el embrión es una maravilla, y que no hay nada como ser madre –para que el camino del aborto sea cada vez menos recorrido por mentes a veces engañadas, a veces, confusas, siempre sufrientes…–, como dar vida y alegría a nuestros hogares y familias, a nuestra sociedad y país.

#SalvemosLasDosVidas

#LaVidaIniciaConLaConcepcion

@LaReconquistaD

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