Columna de La Reconquista | La inocencia asesinada (Parte II)

Continuando con la columna iniciada ayer, permítame usted retomar el hilo expositivo. El infanticidio debemos analizarlo bajo las líneas antropológica, psicológica y sociológica.

En muchas culturas y civilizaciones (¿?) se practicó el infanticidio como forma natural de preservar alguna suerte de raza pura. Pero nunca se llegó al infanticidio –salvo raras excepciones– con el asesinato directo (por ejemplo, mediante estrangulamiento), sino por métodos relacionados con la dejación de funciones o por omisión del deber de auxilio. ¿Por qué razón? Sencillamente porque a esas culturas o civilizaciones les quedaba un ápice de conciencia y no querían ser autores materiales directos del asesinato. Ni una libra de esa conciencia está quedando en nuestra sociedad, y si no otro gallo cantaría.

Pero debemos acudir a la RAE para saber de qué estamos hablando:

-Infanticidio: “Delito que consiste en matar a un niño, en especial a un recién nacido”.

-Filicidio: “Muerte dada por un padre o una madre a su propio hijo”.

En ambas definiciones hay un campo abierto y penal a toda suerte de psicopatologías, probablemente dignas de tratados de psiquiatría. Pero no estamos hablando de hechos supuestamente punibles en el Código Penal. Para juzgar están el Código, Dios y la Historia. De lo que se trata es de cuando se legisla con el fin de hacer de un hecho punitivo el derecho de unas minorías (ni aunque fueran mayorías tampoco). En eso estamos.

Me permito abrir un nuevo paréntesis, pues ante tamaño asunto me cuesta ordenar mis ideas.

Llamar matrimonio a la unión legalizada de una «pareja del mismo sexo» nos lleva a una pendiente de imprevisibles consecuencias. Verbigracia: en Canadá, EE.UU, Líbano, Dinamarca y España no está penada la zoofilia (prefiero denominarlo «bestialismo»). Toda vez que no es delito la zoofilia, ¿cuánto se tardará en España en legalizar el matrimonio entre seres humanos y animales?

Mientras las Juventudes del Partido Liberal sueco proponen legalizar la necrofilia y el incesto, los Verdes alemanes han propuesto legalizar la pederastia, la zoofilia y el incesto. La zoofilia también la ha defendido el profesor australiano Singer –galardonado con la más alta condecoración de Australia–, conocido por la defensa del infanticidio.

A eso estamos abocados.

Cierro este paréntesis.

Por la deriva que está llevando la AGENDA 2030, no tengan duda de que el filicidio se acabará aprobando. Por lo tanto, esa cultura (a cualquier cosa la llaman “cultura”) de la muerte en relación a las criaturas más indefensas del planeta ya está arraigada, por Ley y, de momento, con el filicidio ya está abierto el debate.

Hecha esta pequeña introducción, pues aborto-filicidio-apología del sexo con menores son hechos concatenados que por sí solos no podrían analizarse, iré al tema mollar: La intervención de Irene Montero –titular de la cartera de Igualdad– ante la Comisión de Igualdad del Congreso al referirse a los menores de edad. Su intervención ad pedem litterae fue la siguiente: “Todos los niños, las niñas, les niñes de este país, tienen derecho, tienen derecho a conocer su propio cuerpo, a saber que ningún adulto puede tocar su cuerpo si ellos no quieren, si ellos no quieren, y que eso es una forma de violencia. Tienen derecho a conocer que pueden amar o tener relaciones sexuales con quien les dé la gana, basadas eso sí en el consentimiento. Y esos son derechos que tienen reconocidos y que a ustedes no les gusta” (Irene Montero).

Esas declaraciones no admiten una doble lectura. Contumaces. Lapidarias. De una ministro en sede parlamentaria, investida con la autoridad que le otorga su cargo.

Volvamos a la RAE: 1º) Pedofilia: “Atracción sexual de la persona adulta hacia niños de su mismo o de distinto sexo”. 2º) Pederastia: “Práctica sexual con niños”. En virtud de ambas definiciones, debemos concluir que en la pedofilia encontramos un plus de cuasi morbosidad, pero sí una atracción enfermiza y congénita. Nada que objetar. Se puede nacer pedófilo, como súper dotado, ciego, con un cuerpo atlético, rubio, negro, jorobado o gay. Prestarles toda la ayuda posible desde el punto de vista clínico y social. Homo sum, humani nihil a me alienum puto (hombre soy; nada humano me es ajeno a mí). Pero en la pederastia hay una perversión intrínseca, de vicio y de pecado más que controlado por el interfecto. A esos pederastas iba dirigido el discurso de la Montero (la que se toma al sexo por montera).

Antecedentes de hecho.

En 2010 aparece la “Guía de un pederasta para el amor y el placer: el código de conducta de un amante de niños”, de Philip R. Greaves. Tal como afirma su autor los pederastas eran unos “incomprendidos” y ofrecía consejo para ajustarse a la Ley. Esta guía apareció en AMAZON en formato electrónico, llegando a estar entre los 100 libros más vendidos en su portal. Ante la indignación de los usuarios de AMAZON, la misma respondió a través de un comunicado: “Amazon cree que no vender determinados libros simplemente porque nosotros y otros creen que su mensaje es cuestionable equivale a censura” y “Amazon no respalda o promueve sentimientos de odio o actos criminales. Sin embargo, sí respaldamos el derecho que cada individuo tiene a elegir qué comprar”. Más que elocuentes los comunicados del gigante multinacional del comercio, perfectamente alineados con las manifestaciones de la ministro feminista y comunista bolivariana. ¿Casualidad? No, causalidad. AGENDA 2030 en estado puro.

Después tenemos a otro sujeto: Richard Huckle. Durante más de una década abusó de casi 200 menores de 6 meses a 12 años y escribió un manual con consejos para otros pedófilos: “Pederastia y pobreza: una guía para el amante de niños”. Condenado a 21 cadenas perpetuas y asesinado en su propia celda a los tres años de prisión, en 2019.

Son dos casos diferentes, el uno en el terreno teórico y el otro en el práctico, si bien guardan elementos en común: Pederastia y publicaciones en Internet, publicaciones sin censuras. El que no quiera ver que detrás de toda esta degeneración está la mano del Cabal, de la AGENDA 2030, que se lo haga mirar; blanco y en botella o verde y con asas.

Los latinos distinguían entre el homo faber, homo ludens, homo belicosus, homo sapiens y homunculus mobilis. Si el primero es el productivo, el segundo deportista, el tercero guerrero, el cuarto inteligente, el último se puede traducir como un “personajillo”. La ministro Montero pertenece al homunculus mobilis. Más nada. Un fronting, una testaferro, una empresa pantalla siguiendo un argumento y un guión incapaz de interpretar correctamente. Una indigente intelectual. Pero, ¿cuál es el fin último de toda esta perversidad sin límites? LA INOCENCIA. Acabar con el ser humano desde su inicio, siendo un embrión que late; con el neonato. Y si alguno escapare a esa persecución más propia de Herodes que de nuestra época, entonces quieren poseer la inocencia de los niños.

“El porvenir de España depende enteramente de vosotros los niños españoles. Y dentro de vosotros, niños españoles, depende enteramente de que aprendáis o no aprendáis una cosa. ¿Sabéis cuál? Esto que habéis de aprender y cultivar en vosotros exquisitamente, niños españoles, es lo que en mayor grado faltaba a nuestros padres y nuestros abuelos. ¿Sabéis qué es? ¡Ah!, una cosa que parece muy sencilla. Esta: distinguir entre personas”. (Ortega y Gasset dixit).

Antes estábamos acostumbrados a rezar por el alma de los muertos. Ahora ya rezamos por los que no llegaron ni a nacer, a por los que asesinarán nada más nacer y por los que ultrajarán hasta lo inimaginable, hasta arrebatarles los más preciado que tienen: LA INOCENCIA.

Sabido es que primitivas civilizaciones sacrificaban a sus niños a fin de satisfacer, agradar y/o apaciguar a sus dioses. Lo que quisiera saber es a qué clase de dioses rinde culto esta gentuza. Ignoro si adoran al becerro de oro, pero estoy persuadido de que adoran el oro del becerro.

Esa defensa numantina que desde el Gobierno presidido por Sánchez y en boca de la Montero se hace en torno al asesinato de los más indefensos no tiene parangón en la historia reciente. Matar, matar, asesinar… empezando por el feto para continuar (tan pronto lo hayan aprobado) con el neonato, para acabar asesinando la inocencia de los niños. ¡Malditos seáis! La Historia y Dios os juzgarán.

Pedir la reprobación del Congreso y/o exigir la dimisión o cese de la Montero me sabe a poco, a muy poco. La apología de la pederastia en algo gravísimo, algo que no debería tener tan bajo coste.

Los niños no se tocan, ni se besan obscenamente, ni se acarician… y los nuestros mucho menos. Ya es cuestión de honor y, parafraseando a D. Pedro Calderón de La Barca en “El alcalde de Zalamea”: «Al Rey, la hacienda y la vida se ha de dar, pero el honor es patrimonio del alma, y el alma sólo es de Dios».

@LaReconquistaD

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