Columna de La Reconquista | “La cruz de la vergüenza”

Bochornoso, vergonzoso y repulsivo es, apreciado lector, leer en el Boletín Oficial del Estado del 29 de diciembre cómo el Gobierno del Reino de España ha concedido, por Real Decreto 1194/2021 de 28 de diciembre –para más inri, como “inocentada” serviría– la “Gran Cruz de la Real y Distinguida Orden Española de Carlos III” a un deleznable político –de cuyo nombre no quiero acordarme– que pasará a la historia únicamente por sus líos de faldas, sus percepciones millonarias de toda dictadura –comunista o islámica, igual da–, sus soflamas incendiarias, su defensa a todo separatismo y ultranacionalismo y su odio a España –tanto a la palabra de nuestra hermosa Patria, cuyo nombre afirmó no poder decir sin asco, como a las instituciones que la representan, desde la Corona hasta el Poder Judicial–.

“Roma no paga a traidores” (Roma traditoribus non praemiat), parece ser que dijo Quinto Servilio Cepio tras su «negociación» con Viriato (para incumplir luego lo pactado, claro). España los condecora. Su falaz promesa “por su conciencia y honor” el día en que prometió su indigno cargo ante el Rey Felipe VI (cargo en el que duró lo preciso para hacerse con pensión vitalicia) no ha sido sino un inicio de latrocinio, insultos y mofas a todo lo que de bueno tiene y ha tenido España. ¿Cómo no se nos cae la cara de vergüenza al leer y permitir este nuevo escarnio a España (por no hablar de la condecoración que ha recibido, y que él mismo se ha preciado de quitar hasta a los difuntos)?

Si intento aquietar un poco mi pensamiento y mi palabra, encuentro la paradoja de que al propulsor de la destrucción de Cruces se le entrega un “Gran Cruz”, de que al detractor de la monarquía se le hace miembro de una “Real y Distinguida Orden”, de que al perdulario carente de toda honra se le premia y alaba por unos supuestos “servicios al Estado”. ¿Cuáles? No creo que sea por su “fuerte escudo social”, ni por su gestión al frente de las residencias de ancianos, donde los dejó morir como vulgares perros, sin otra medicación que morfina, o por la representación en el ámbito internacional que ha hecho a España el hazmerreír de todas las naciones. Tal dislate es de tan magna enormidad como si fuese electo Gran Imán islámico o Papa católico el ateo más furibundo y satánico.

“No, no se agite usted, solo es una mención honorífica”, parece ser que oigo a algún lector no demasiado perspicaz. Perdóneme (le respondería), pero el honor sólo se da a quien se le es debido, a quien lo merece. Personas que solo han sabido agitar, dividir, corromper, insultar, traicionar y ser cómplices de aberraciones sin nombre ni número no pueden merecer honor alguno, ni siquiera debieran ser mencionadas excepto para condenación y vituperio (la antigua damnatio memoriaedel Derecho Romano, ¡cuán extrañada!).

Y este siniestro personajillo, sacado de pesadilla surrealista, no tiene otra ambición que destruir España y destruir la religión católica (tumbando, si pudiere, hasta la Cruz del Valle de Los Caídos, como su nefasto partido político ha promovido por incontables puntos de la geografía española), además de la ya por todos conocida de lucrar con el sufrimiento ajeno –tanto por sus “trabajos” de miseria y desgobierno como por sus “compensaciones” al servicio de regímenes sin justicia ni pudor–. Es un demócrata sin pueblo, un varón sin virilidad, una persona sin personalidad, un carroñero intentando nutrirse de cadáveres –sea de enfermedades pandémicas o de asesinatos verbales, sea de amenazas a la oposición o de oníricos orgasmos de acabar con la Nación–. ¡Asco, dolor e ira ha de provocar en cualquier persona con un mínimo de conciencia y dignidad!

Baste con esto. No seamos intemperantes y recordemos que “aunque la mona se vista de seda, mona se queda”, y por muchas medallas, condecoraciones e insignias que se le otorguen no deja de ser un pelele condecorado, un insigne charlatán, un “distinguido” demagogo, un ciego guiando a otros ciegos. Aunque la serpiente cambie de piel, no deja de ser serpiente; y aunque desparezcan coletas y pendientes, no cambia la persona, así como el carbón no deja de ser negro por mucho que se lave. Con sinceras y claras palabras, digo al hoy condecorado: “LE REPUTO TODA RESPONSABILIDAD POR SUS ACTOS, ESPERANDO SU INGRESO A PRISIÓN”.

@LaReconquistaD

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