Columna de La Reconquista | La ceremonia de la confusión

En relación a la concentración en Plaza Colón de Madrid convocada por VOX, el baile de cifras da que pensar. Asistentes según:

1.- Diario PÚBLICO: 2.500

2.- Subdelegación del Gobierno: 25.000

3.- OK DIARIO: 80.000

4.- VOX: 100.000

Si hacemos una regla de 3 nos salen 51.875 (que tampoco está nada mal). Pero no deja de causar perplejidad que de la estimación más baja a la más alta haya una diferencia de 97.500 asistentes, es decir un Camp Nou repleto de aficionados.

En los tiempos que corren nos dicen que todo es cuestión de metodología, ¡que se lo pregunten al Sr. Tezanos y al C.I.S! ¿Metodología? Veamos. Para contar un rebaño lo normal es contar el número de cabezas, pero hay quien cuenta el número de patas y divide por cuatro, intentando demostrar que la distancia más corta entre dos puntos es una curva.

Según nos dice el filósofo José Antonio Marina: “Los sentidos es la forma con que tenemos de interrogar a la realidad”; dice Julian Hochberg sobre el comportamiento perceptivo de los seres humanos que «El modo en que una persona mira al mundo depende tanto de su conocimiento de él como de sus objetivos, es decir, de la información que busca». No olvidemos que quien busca y no sabe lo que busca, cuando encuentra no sabe lo que ha encontrado. Por consiguiente, a la realidad se la interroga de acuerdo a nuestras necesidades. El propio profesor Marina lo ilustra de la siguiente guisa (cito de memoria): “Tres hombres entran al mismo tiempo en el mismo bar. Contemplan la misma escena. Pero cada uno de ellos tiene necesidades diferentes. El sujeto A ha ido para tomarse un trago y le interesa la barra y el botellero del bar. El sujeto B ha quedado con su novia y realiza una inspección ocular para saber si ha llegado. El sujeto C se está orinando y busca con su mirada una puerta que identifique el baño”. Ya lo ven, la misma escena está interpretada por los sentidos de manera diferente, pues son diferentes las necesidades de cada individuo.

Hemos llegado a un punto tal que hasta el resultado de la interrogación de la realidad por parte de nuestros sentidos se ha transformado en un acto de fe. Decía A. Machado que “la fe no es creer sin ver, sino creer que se ve”. Las personas necesitan –necesitamos– creer y con arreglo a una serie de criterios o de opiniones preconcebidas nos decantamos hacia un lado u otro de la balanza. “¿Esta es la opinión que más se ajusta a mi criterio? Pues con ésta me quedo”.

Vivimos en una época en que la inteligencia emocional se ha impuesto sobre la inteligencia racional. La sociedad ha arribado a un estado de catarsis en lo individual y de hipnosis en lo colectivo. En los pasados confinamientos por la «plandemia» se hablaba de la “inmunidad de rebaño”. Estamos asistiendo al pensamiento de rebaño. Para ilustrarlo, el pensamiento de rebaño es un autobús lleno de pasajeros y que el único que sabe el destino y las paradas es el chófer, ya que los que están dentro se han ido subiendo porque les gusta el autobús.

En palabras de Aristóteles el Hombre es un zoon politikón (animal político), con un claro sentido de pertenencia y de parcela compartida con otros congéneres. Esa parcela compartida era general. La diferencia con nuestro tiempo es que ya no son parcelas, son “parcelitas”, input-output que van creando micro coordenadas que dibujan un perfil muy particular. Si bien en recientes tiempos pretéritos alguien se podía considerar de izquierdas o de derechas, ahora no es suficiente. En la actualidad uno debe ser –verbigracia– de izquierdas, gay y negro, o musulmán. Eso les lleva a una parcela cada vez más diminuta, pero con unas claras señas de identidad que los empodera. También se puede ser blanca, lesbiano/feminista, abortista y oriental, con lo que sucede ídem de ídem. La suma de todas estas incongruencias, que suelen ser inequívocamente agenda globalista, es muy notable. Muchos pocos hacen un mucho. Más en un rebaño que tiene el estigma, la orden a veces subliminal y en ocasiones manifiesta, de agitprop (agitación y propaganda). La nueva izquierda o mal llamado marxismo del siglo XXI no pretende convencer, lo que está consiguiendo es movilizar a todos estos grupúsculos minoritarios, movilizarlos como a un solo hombre con el fin de escrachar a los pocos patriotas que quedan en España.

Las dinámicas de grupo son expansivas o depresivas. Es evidente de toda evidencia que las dinámicas de grupos de la nueva izquierda son expansivas, debido a que la “derechita cobarde” declinó cualquier debate cultural, dejando en sus manos las escuelas, institutos y Universidades. Cuarenta años de adoctrinamiento son muchos años.

“Si te quiero / no es porque te lo digo, / es porque me lo digo y me lo dicen” (Pedro Salinas). Estos magistrales versos dan mucho que pensar. Nos está indicando que el ser humano precisa de una confirmación ajena a sus sentimientos y a sus sentidos con el fin de confirmarlos. Somos muy comunicativos e interactuamos, pero necesitamos corroborar a través de terceros para adaptarnos mejor a la realidad. Eso lo hacemos a través del lenguaje. Ahora bien, con la entrada en escena del lenguaje aparece una actriz no deseada: la Mentira. Estamos ante una colosal mentira de la izquierda en todos los ámbitos. No es difícil mentir (están hartos de demostrarlo), lo difícil es mantener la mentira (algo que también están hartos de demostrarlo, pero con la inestimable colaboración de los Medios de Desinformación Masivos y la complicidad de los enemigos de España). En ese campo nos han ganado la batalla, porque mienten más y mejor. Tras cuarenta años de adoctrinamiento se han encargado de blindar sentimientos y creencias que ya escapan al control de sus víctimas, sus acólitos.

La inteligencia no es sólo la capacidad de resolver problemas, sino también de crearlos. En ese sentido la izquierda globalista se ha significado por su capacidad de crear problemas donde o no los había o ya no lo había. Han conseguido disponer de un ejército de acólitos abducidos, “lobotomizados”, capaces de movilizarse a una sola orden o sugerencia, al par que también han conseguido introducirse y/o amedrentar a todas y cada una de las instituciones del Estado, incluida la Monarquía.

¿Cuáles han sido los instrumentos para llegar a este punto de casi no retorno? Como muy bien desarrolla el profesor Marina son tres, lo que denomina “prejuicio-superstición-dogmatismo = fanatismo”.

En palabras de Gordon Allport, prejuicio es estar absolutamente seguro de algo que no se sabe. Son miríadas de prejuicios los que tiene el mal llamado «marxismo del siglo XXI», sobre todo entre los más jóvenes: Aborto, feminismo, empoderamiento, LGTBIQ+, fascismo, cambio climático, eutanasia, franquismo, Estado plurinacional y un larguísimo etcétera. A mí me han llegado a llamar por un artículo hasta “cristo-fascista”. Pero si preguntamos individualmente a cada uno de ellos el significado de estos prejuicios no saben qué contestar, y si lo saben ignoran cómo argumentarlo.

No recuerdo ahora quién dijo que el Poder sólo sirve para abusar de él. Está muy claro, tan claro como que el Poder tiende a perpetuarse. La Historia está plagada de ejemplos; ahí se equivocó estrepitosamente Marx cuando predijo que llegado a un grado de madurez del socialismo, el Poder (Gobierno) se marchitaría, dando paso a la Arcadia feliz del comunismo. J.A. Marina nos dice que los mecanismos del ejercicio del Poder son permanentes y se reducen a tres: a) La capacidad de hacer daño; b) La capacidad de dar premios; y c) La capacidad de cambiar las creencias. El Gobierno de Sánchez se ha significado en llevar hasta sus últimas consecuencias los tres puntos supradichos. Persecución, acoso y derribo implacable a la oposición, millonarias subvenciones y despilfarro por doquier y la facilidad de crear realidades alternativas con la inestimable colaboración y complicidad de los MDM (Medios de Desinformación Masivos). Sin ir más lejos, recordemos los “hospitales saturados” durante el anti constitucional confinamiento. Bajo esa óptica, es muy difícil sustraerse a la opinión publicada. Ya Stalin demostró que una mentira cien veces repetida se convierte en una “verdad” aceptada.

La superstición es la supervivencia de una creencia muerta pero que la aceptamos como válida. En este contexto y bajo los prejuicios –“franquismo”, “dictadura”- apuntados más arriba, Sánchez se dedica a resucitar viejas creencias profanando tumbas. Está resucitando la leyenda negra desde los Reyes Católicos hasta la propia Constitución del 78, pasando –cómo no– por el franquismo, para acabar blanqueando al terrorismo de la ETA. La “Ley de memoria democrática” es un claro exponente de todo ello. Voltaire sentenciaba que la superstición era la antesala del fanatismo. Sánchez está convencido, como lo estuvo Napoleón, de que su poder no tiene más límites que su voluntad. “Con frecuencia el poderoso no sabe bien lo que hace porque su entorno y la sociedad le ofrecen poca resistencia” (Marina dixit). A la cita bíblica de “Todo pueblo tiene el Gobierno que se merece” (Eclesiastés 10:2), cabría oponerle la de que “Todo Gobierno tiene el pueblo que se merece”, pueblo que ha sido yendo adoctrinado, adocenado y alienado desde hace más de 40 años. Sánchez es un personajillo, un homunculus mobilis, al que le ha tocado en suerte el descabello de España, pero en esa cuadrilla que se encomienda al noble arte de Cúchares, él es el monosabio.

El dogmatismo es algo que impregna también a ese ejército alienado. Cuando se le ha dado un pequeño empujón a la credulidad, a la fe machadiana, están fijados los resortes para crear los automatismos de rechazo a toda crítica. Eso se produce cuando la realidad invalida cualquier creencia, pero –lejos de reconocer el error– se introducen las variaciones adecuadas para mantener la creencia previa. Y vuelta a empezar, vuelta la burra al trigo (como decimos en España). ¿Cuántos actos de dogmatismo conoce usted –improbable lector– que se han sucedido en los últimos años, negando la evidencia? El número de asistentes a la convocatoria de VOX es una prueba de ello, de la realidad paralela creada ad hoc, del “metaverso” globalista, ese que la gente (los “ciudadanos”, como se dice ahora) se niegan a aceptar aunque lo vean. Los que tenemos memoria –por tener una edad digna– (memoria que no es ni histórica ni democrática, sino vital), recordamos la vieja frase de “lo vi con mis propios ojos”. Pues esta frase ya está en desuso, porque los sentidos individuales deben ser refrendados por opiniones ajenas.

Según la RAE, el fanatismo es el “apasionamiento y tenacidad desmedida en la defensa de creencias u opiniones, especialmente religiosas o políticas”. La ecuación del profesor Marina es clara: Prejuicios + superstición + dogmatismo = Fanatismo.

Y entre tanto, ¿a qué dedica el tiempo libre la derechita cobarde? Atrapada en un discurso economicista con la errónea percepción de que obtendrá réditos electorales. ¡Cuán equivocados están! PP y PSOE son AGENDA 2030, hasta el punto de que podríamos hablar del PPOE. Mayoritariamente la gente prefiere votar al original antes que a una copia descolorida.

Estamos en los tiempos de la irracionalidad. Parafraseando al maestro Ortega, “las ideas se tienen, las creencias se son”. Tenemos a millones y millones de españoles –la mayoría de menos de 40 años– abducidos, adoctrinados, y que ya no “tienen” sino que “son”. Son creencia en estado puro. La credulidad es un rechazo mecánico a toda crítica (Marina dixit). A estos “ciudadanos” de nada les sirve que les hablen de bajada de impuestos, o de supresión de impuestos de transmisiones y sucesiones. Nada de eso va con ellos. Porque pensar ya no se estila. Ahora lo importante es sentirse, porque si te sientes eres. Si eres hombre nada te impide sentirte mujer, y viceversa. Si eres español puedes sentirte “independentista” catalán o vascuence, y no pasa nada porque tus deseos se convertirán en realidad. Además, puedes remover el árbol genealógico de Felipe VI, o quemar ejemplares de la Constitución, banderas de España, coches… barra libre para una generación irracional e irresponsable, irreverente, en una España en donde todo vale y que cuanto peor, mejor.

Estamos en las manos de un Gobierno cuyas siglas partidistas corresponden al partido más corrupto, asesino, golpista y ladrón de la Historia de España, un partido tradicionalmente formado de exiliados y ex presidiarios. Como ex presidiarios legislan para excarcelar a presos de la peor ralea: Golpistas, corruptos, malversadores y violadores. Ahora bien, como mires mal a tu esposa te empapelan, como te dirijas con el pronombre inadecuado a un trans te imputan un delito de odio.

Estos jóvenes lobotomizados, mientras tengan sus drogas, su botellón y puedan campar por sus respetos con la impunidad que les caracteriza, sometidos a la presión atmosférica que ejercen los MDM, no cuentan para nada en los discursos economicistas.

Tenemos una monarquía, pero reina la arbitrariedad o, lo que es lo mismo, llegar a conclusiones firmes sin evidencias que las apoyen. Se le ha perdido el respeto a la Verdad, aunque la verdad es que la Verdad siempre fue una Embajadora subjetiva de la Realidad.

Improbable lector, convendrá conmigo que corren malos tiempos para la lírica.                             

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *