Columna de La Reconquista | “Justicia que llega tarde no es justicia”

Razón tenía, señor lector, el cordobés Lucio Anneo Séneca, filósofo romano nacido en la Hispania Bética, a quien se le atribuye la sentencia que afirma: “nada se parece tanto a la injusticia como la justicia tardía” –la cual, en formulación más breve y coloquial, corresponde al íncipit de esta columna–. Y es que, en verdad, la auténtica justicia no es un lujo para unos pocos (poderosos, personas con “contactos”, compadres de tragos, trapicheos y muchos otros tipos de actuaciones moralmente reprobables, además de las que fueren directamente ilegales), sino la necesidad y derecho de muchos. Por ello dijo el famoso Martin Luther King que “La injusticia en cualquier parte es una amenaza a la justicia de cualquiera” (y ya saben ustedes cómo terminaron tanto Séneca como Luther King… ¡asesinados!).

Creo que a estas alturas de la historia y del panorama mundial, ya es a todas luces evidente que a la patulea de políticos demagogos que nos gobiernan le fascina repetir ad nauseam las ya manidas (y, por supuesto, incumplidas) promesas de más empleos, mayor calidad de vida, más “integración”, más viviendas, mejor sistema de salud y menos impuestos, pero es muy raro escuchar propuestas (o simples “promesas”, según su concepto) respecto a qué hacer con la exasperante lentitud que se vive en nuestros tribunales de justicia (igual me da que de instrucción, de segunda instancia, constitucional o supremo), porque, aun cuando se llenen la boca con el dignísimo vocablo «justicia», en realidad no es tal, ya que meramente aplican una muy cuestionable legalidad –y digo «cuestionable» en forma generosa, puesto que es muchas veces ilegítima la finalidad que persiguen–.

Nuestros tribunales –especialmente el Tribunal Constitucional y el Tribunal Supremo– se deslegitiman con cada decisión aplazada, cada dilación efectuada –tan cercana al delito de procrastinación– con esos asuntos que esperan resolución durante años… Y muchas veces las sentencias (incluso las ya firmes) no hacen justicia puesto que son de incumplible cumplimiento. Pongamos algunos ejemplos, señor lector, si a usted le parece, a la luz del título de nuestra columna (“Justicia que llega tarde no es Justicia”)…

¿De qué nos sirve, por ejemplo, una resolución que afirme la inconstitucionalidad de dos estados de alarma –promovidos por el Ejecutivo del Reino de España y aprobados en las Cortes–, si no puede repararse el daño efectuado a la totalidad de la población (en la privación del ejercicio de sus derechos civiles, fundamentales y humanos), especialmente en aspectos de vida, salud, trabajo, economía o libre desarrollo de la personalidad? Peor aún, ¿cómo hacer «justicia» mediante esa resolución a quienes han perdido patrimonio, vida y seres queridos, en daños que son de imposible reparación (porque por ley no se resarcen los daños materiales y morales, los perjuicios de toda índole y menos aún se resucita un finado)? Y, para mayor INRI, ¿qué «justicia» pueden hacer tan altos tribunales cuando no señalan pena a los responsables de la comisión de los hechos señalados? Es  una burla… Leer las sentencias provoca llanto amargo por lo ambiguas, vagas e inoperantes. Señorías, no es suficiente con decir que algo no fue acorde a la ley si no se reparan las violaciones efectuadas a la ley y a quienes les fue aplicada tal norma inconstitucional… “Cosas veredes, amigo Sancho, cosas veredes…”.

Ídem con temas tan fundamentales (y controversiales, sin duda alguna) como los recursos promovidos contra leyes aberrantes (ley del aborto, ley de la eutanasia, ley de reforma educativa, ley de “memoria histórica y democrática”, etcétera). Mientras dilucidan sobre la inmortalidad del cangrejo, la reproducción del berberecho salvaje en cautiverio, o los falsos derechos a disponer de vida ajena, olvidan los dignísimos (con perdón) magistrados que se siguen perpetrando tales homicidios –dolosos y culposos–, literales unos (aborto y eutanasia, que “interrumpen” –¡odioso eufemismo!– la vida física y biológica), y metafóricos otros (educación de «adoctrinamiento», violando la libertad de elección, la patria potestad y la Constitución que garantiza una lengua común, o «prostitución» de la historia, que no es jamás “democrática”, puesto que la objetividad y exhaustividad no dependen de las decisiones que vote nadie…). Con sus dilaciones, no solo no hacen justicia sino que pervierten la dignidad de la Patria y de sus habitantes, insultan la inteligencia de cualquier ser racional y ofenden el recto sentido de la hermenéutica y los principios pro persona en nombre de un pro lege trasnochado y vacío.

En mis tiempos de estudiante –que, si bien del siglo pasado, son posteriores con mucho a la Guerra Civil y la etapa subsecuente, pues nací y crecí en lo que pomposamente llaman “democracia”, que no es tal–, se nos enseñaba que la justicia debe ser siempre rápida, pronta y expedita. ¿Olvidaron ustedes tales principios? ¿O hemos de darles un cursillo de introducción a los principios generales que, desde Ulpiano y demás compiladores del Codex, se han mantenido hasta que ustedes aplican nefastas leyes e inaplican el sentido de la justicia? Bonum facere –hacer el bien–, alterum non ladere –no dañar al otro–, suum cuique tribuere –dar a cada quien lo que le corresponde–. ¿Qué bien hacen si olvidan resolver con prontitud la ilegalidad que mata? ¿Cuánto mal permiten, negligentes y estúpidos leguleyos, si no alzan su voz ante lo que necesariamente saben que perjudica? ¿Cómo aplican los principios de igualdad, equidad y proporcionalidad, si solo responden en base a criterios de “género”, de “transversalidad”, “ecosostenibilidad”, y hasta “ley verde”, en vez de garantizar que todos tengamos efectivo el derecho a la justicia pronta y verdadera? ¡Ay, qué cierto es que corruptio optimi pessima(la corrupción de lo bueno es la peor, entendiendo por “lo bueno” la Justicia auténtica y legítima)!

Finalizo. Por si cupiere en ustedes el deseo de enmienda, no olviden leer el “El decálogo del buen juez”, de Miguel de Cervantes Saavedra, como aparece en la segunda parte de su magna obra (El Quijote), en el capítulo XLII)… Aprenderán, sin duda. Les dejo el vínculo: https://luisito67.wordpress.com/2012/09/23/el-decalogo-del-buen-juez-de-miguel-de-cervantes/#:~:text=Hallen%20en%20ti%20m%C3%A1s%20compasi%C3%B3n,que%20las%20informaciones%20del%20rico.&text=Cuando%20pudiere%20y%20debiere%20tener,riguroso%20a%20la%20de%20compasivo.

Exijamos, señor lector, usted y yo, ¡todos!, que la justicia sea pronta y cierta, ponderada y eficaz, plena y accesible, que repare y sancione al tenor de lo auténticamente justo, correcto, decente y bueno… Antes de que nos quedemos sin «Justicia» y vuelvan los “tribunales del pueblo”, dedicados a hacérsela manu propia

@CondestableDe

@LaReconquistaD

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *