Columna de La Reconquista | «Jerarquía y Valentía»

Fiándonos del CIS de Tezanos (y ya es mucho fiarse, pero bueno), aproximadamente un 6% de la población del Reino de España profesa la fe católica. Recordando las actuaciones y palabras de la jerarquía católica (principalmente, porque las jerarquías de otras confesiones religiosas en el gran Reino de España poco se muestran), llegó a mi mente una frase bíblica, que dice literalmente: “Cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará fe en la tierra?” (Lucas 18,8). Su servidor, sin ser evangelista ni profeta (y, por supuesto, mucho menos obispo), casi puede responder categóricamente a la pregunta: NO EN LA JERARQUÍA. Quizá sí en el pueblo creyente, que mantiene la fe como vida, la fe como actuación coherente para gloria de Dios, la fe como conciencia del bien que se ha de hacer en la verdad y justicia.

Coincidiremos todos en que el ejemplo es el mejor modelo de enseñanza-aprendizaje, y por ello la coherencia traduce mejor el pensar y sentir que miles de apalabras huecas y vanas aunque bien sonantes, emocionantes retóricamente y pulidas en la oratoria. Y es que, por desgracia, eso es lo que tenemos en la Conferencia Episcopal Española: retórica barata, tanto para la doctrina (porque nada se oye hablar de los Novísimos, de la Tradición o el Magisterio) como para la vida (que no es solo cumplir requisitos de edad para recibir sacramentos y celebrar ritos). Obispos cobardes, que habrán de escuchar esas palabras de bocas de su Maestro: “!Apartaos de Mí, malditos, al fuego eterno…!” (Mateo 25,41).

Hum. Perdón. Uno que se deja llevar por la pluma… o la tecla, que a efectos es igual. Ante temas tan torales como las leyes de género, educación, trans, eutanasia, memoria histórica, indultos ilegítimos del llamado «procés», etcétera, el silencio parece ser el común denominador. Ah, no. Me olvidé de tres excepciones. Cualquiera pensaría que con 4 Cardenales, 11 Arzobispos, 45 Obispos Diocesanos, 17 Obispos Auxiliares (además de otros 4 Cardenales eméritos, 9 Arzobispos eméritos, 18 Obispos eméritos y 2 Obispos Auxiliares eméritos), es decir, de un total de 110 obispos (todos con derecho a voz en la Conferencia Episcopal y de ellos 66 con derecho a voto) se alzarían fuertemente muchas voces valientes y fieles en la defensa del bien común, la fe compartida y en nombre de la verdad y la justicia. Ja. Pues no.

De esos 110 eminentes y reverendos personajes, solo 3 han sido congruentes: el Arzobispo de Asturias (Mons. Sanz), el Obispo de Alcalá de Henares (Mons. Reig Plá) y el Arzobispo de Toledo (Mons. Cerro), especialmente en el tema de rabiosa actualidad hodierna: los indultos.

¿Paz? Siempre. ¿Respeto? A todas horas. ¿Solidaridad? Por supuesto. Pero cada cosa en su lugar, porque la casa no se comienza a construir por el tejado, sino por los cimientos. La vigente ley que regula el ejercicio del derecho de indulto y gracia (como antaño se llamaba), proveniente desde la republicana época de 1870, remarca muy específicamente la necesidad del arrepentimiento, la colaboración con la autoridad y los informes jurisdiccionales para poder ser ejercidos. Por lo visto ahora eso ya no importa: si eres separatista, nacionalista, autonomista o hasta autopista, ya se cumple que todo se vale y se vale todo, todo se puede menos lo justo, bueno, honesto, correcto, decente, adecuado y propicio. Recórcholis, ¡cuánto me hubiese servido un gobierno así, de apisonadora favoritista, para derogar leyes tan nefastas, decretos tan infames y servidores públicos tan despreciables!…

Abrid, obispos, las orejas y oídos, porque el alma y la conciencia parece ser que solo podrá hacerlo el Divino Hacedor… Si sois los guías del rebaño, ¡guiadlo por el único camino, verdad y vida! Si sois los sucesores de los apóstoles, ¡dad la vida por el mensaje de Cristo y la verdad, como ellos lo hicieron! Todos los bautizados somos Iglesia, sí, cierto, se nos enseña. Pero también se nos pide obediencia, cooperación, apoyo (hasta oraciones nos han pedido en ocasiones, qué milagro). Vamos a ser recíprocos: exijo a los obispos que sean fieles usque ad mortem, hasta la muerte (autem mortem crucis, incluso la muerte de la cruz). No necesito que me pidáis más ayunos (que son buenos para la penitencia), ni “ayuditas” para pintar la iglesia, comprar los micrófonos y arreglar el tejado si antes no habéis sido los «pastores con olor a oveja» que dice el titiritero Fran. Si os preguntáis porqué la gente abandona las iglesias, miraos al espejo: vuestro rostro y palabras son feos y fétidos, porque so excusa de «prudencia», calláis la verdad; so pretexto de «comprensión y compasión», abandonáis al que obra el bien para auxiliar al que comete el mal. No, no encontrará el Señor fe en ustedes… salvo que cambien.

¿Puedo recomendarles una buena confesión general? Digo… Sé que tomará meses el hecho de que la terminen, pero os aseguro, eminentes jerarquías, que el baño purificador de la absolución os propondrá que seáis absueltos por vuestro rebaño mediante las acciones y palabras precisas, oportunas, verdaderas y luminosas, como si las dijeseis ante el mismo que os habrá de juzgar…

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