Columna de La Reconquista | «Igualdad procesal»

¿Saben que El Tribunal Europeo de Derechos Humanos –cuya jurisdicción alcanza a 47 países europeos y cuyas decisiones son legalmente vinculantes para los 28 estados miembros de la Unión Europea– ha legitimado, en noviembre de 2018, en la práctica un código de blasfemia islámico en aras de “preservar la paz religiosa” en Europa?

La ruptura del principio de igualdad procesal entendido sin ambages, tanto dentro como fuera de España, como principio general para los operadores jurídicos y consecuencia del desarrollo de los valores superiores principales y más determinantes del Estado liberal; es decir, libertad, igualdad y justicia. No se hace mención de la fraternidad por su adscripción masónica, por lo tanto falsaria y, en última instancia, jurídicamente indeterminada. Que no como precepto natural, el cual sí lo aceptamos los cristianos, aunque preferimos denominarlo amor por el prójimo.

Esta ruptura es sumamente grave por las consecuencias tan letales que puede producir en ese mismo modelo de Estado liberal. De manera que causas sustancialmente iguales tienen resoluciones judiciales diferentes según la comunidad autónoma dónde se vean dichas causas. Es un golpe maestro que derriba progresiva pero irreversiblemente el edificio de moralidad y legalidad que tan complicado resulta al ser humano conseguir que se identifiquen mutuamente. Un golpe muy al estilo de las tesis de Antonio Gramsci y su “lento proceso”.

Daré un desgraciado ejemplo. Una supuesta violación grupal por parte de unos españoles es condenada con quince años de prisión en un lugar de España. Sin embargo, en otros lugares, las continuas violaciones de presuntos menores de edad musulmanes contra muchachas españolas suponen la puesta en libertad de los mismos por jueces que, en atención a una perversa legislación del menor que no se quiere modificar, entienden que es la resolución que cabe dictar. No es necesario ser doctor en Derecho para saber que esas resoluciones constituyen un monumental fraude de ley. Fraude a la justicia.

La situación de violencia y de angustia de la víctima a la que no se le hace justicia produce un efecto demoledor en el arquetipo mental de los más jóvenes. Concluirán siempre que una injusticia es posible en democracia. Y acabarán aprendiendo a convivir con la violencia y con la injusticia. Porque parece que los gobernantes se han propuesto decididamente a que se familiaricen con ella. Las manifestaciones de violencia, en sus múltiples variantes, son cotidianas ya. Y algunos la aceptan ya.

Toda esta violencia no es cuestión baladí ni ninguna casualidad, insisto una vez más. . Nuestros involucionistas gobernantes, al alimón con gran número de importantes magistrados que malgastan nuestro dinero con suma diligencia, básicamente lo que pretenden es este propósito. Violencia e impunidad.

El corolario de acobardamiento y de “caída de brazos” que produce la falta de justicia, por no incitar al odio, o por no criminalizar a los inmigrantes, o por no usar un lenguaje sexista y todas esas neuróticas pulsiones en la defensa a ultranza de ciertas minorías que el poder político desarrolla es un ataque a la mayor parte de la nación. No puede ser posible que sólo se atiendan ciertas causas que afectan a muy pocas personas pero defraudar la acción de la justicia a la mayoría de la población. Porque cuando los más jóvenes ven como éstas  injusticias ocurren continuamente sin solución se les arranca su genuino anhelo de justicia y de vivir en un orden social justo en el que se cumplan las leyes que nos hemos dado los españoles. No debemos permitir esa tragedia.

 La querella contra los magistrados del Tribunal Constitucional por no emitir fallo tras 11 años del recurso interpuesto contra la ley del aborto podría ser una buena manera de empezar a restablecer esa justicia en España. Por el contrario la sentencia “Sabadistch Wolff” vista en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, establece la aceptación de las costumbres de los musulmanes contrarias a la legislación positiva y a los principios democráticos europeos (como el matrimonio con niñas de 10 años que era el asunto sujeto a controversia en aquella ocasión) de lo contrario sería una blasfemia que pondría en riesgo la paz. No parece que ese sea el camino.

@LaReconquistaD

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