Columna de La Reconquista | ¿Hijos o «Perrhijos»?

No le engañaré: me llamó poderosísimamente la atención este término de «perrhijos» que, en días pasados, utilizó un periodista para describir la situación de los nuevos “hijos”, las mascotas, esos animales domésticos que en muchas ocasiones nos acompañan en nuestra vida cotidiana. Desde luego, somos conscientes de que anteriores generaciones a la nuestra crecieron pensando que su única vía de formar una familia era a través de los hijos, aunque mi generación –y las subsiguientes, más jóvenes– dicen con convicción que no quieren tenerlos.

Sin duda alguna, la concepción de «familia» está cambiando también en este aspecto, y los hijos son ya una “decisión personal” más que una expectativa de vida (¡y ya ni digamos una vocación!). Usted igual que yo, señor lector, vemos cómo cada vez más las familias se están formando con mascotas. Lo vemos con los que se ha dado por denominar «millenials» y «centenials» –además de la generación X, la generación de cristal y cuantos eufemismos quieran darse al hecho de que no quieren observar la ley natural tal cual ha sido por siglos y milenios–. Éstas son generaciones que están teniendo menos hijos, que están decidiendo motu proprio no tener hijos, o –en el mejor de los casos– que los están postergando.

En tanto se deciden a tener esos hijos –y no hago mención a recibir libremente de Dios los hijos que Él mandare, como reza el voto matrimonial, que es cosa de cocerse aparte–, las mascotas entran en parte a llenar ese vacío (otras partes son la vida social, laboral, etcétera). Las mascotas (y rogaré me perdone si no me dirijo a ellas aún como “seres sintientes que experimentan dolor, ansiedad y sufrimiento, físico y psicológico, cuando se les mantiene en cautividad o se les priva de alimento, por aislamiento social, limitaciones físicas o cuando se les presentan situaciones dolorosas de las que no pueden librarse”, tal como recoge en su texto el Código de Protección y Bienestar Animal, del 3 de agosto de 2022 –que modifica la Ley 17/2021, del 15 de diciembre–) ahora poseen derechos y características que no se conceden a los embriones humanos, pero sí a los huevos de halcón, fíjese que tiene ídem el asunto… Pero iba a comentarle que las mascotas son una población que tuvo un boom desmesurado durante la contingencia sanitaria –que parece no acabar, entre cepas, viruelas, monos y compañía, pero no es el punto–.

La gente sola en casa necesitaba compañía, claro, porque la televisión aburre, rezar el Rosario no está de moda y tener hijos es un gasto “innecesario” que disminuye el concepto de wellfare state (lo que han llamado “calidad de vida” o “estado del bienestar”). Lo que es innegable son los datos demográficos: desde hace 30 años, la natalidad se ha ido reduciendo. En el año 2020 nacieron 40% menos personas que las que nacieron en 1990, aunque el segmento de alimentos para mascotas, en la última década, haya crecido el 160%. Lógicamente, ha aumentado la industria asociada en gastos por veterinarios, psicólogos animales, seguros, cuidado estéticos y hasta servicios funerarios (al fin de cuentas, parece que todo se reduce a “mercado”, y sí, el mercado de mascotas es enorme).

Hace tres años, un diario español (cuyo nombre omito, para no hacer propaganda) reseñaba (y reproduzco textualmente) que: En las últimas décadas, los canes pasaron de ser animales con una función determinada a ser compañeros de vida, miembros de la familia y parte de la cuenta bancaria. En España ya hay más animales de compañía que menores de 14 años… Alguien afirma que «no existe mejor alivio para la melancolía y la soledad que la compañía de uno de estos ‘peludos’, ni lealtad tan conmovedora como la de sus ojos atentos, sus lengüetazos y su trufa próxima y húmeda»… El 40% de los hogares españoles cuenta con una mascota mientras que los nacimientos han caído un 30% en la última década. Este país envejecido tiene cada vez más ancianos, menos niños y más perros. En Madrid hay el doble de posibilidades de cruzarse con una persona paseando a un perro que con una pareja con carrito de bebé. La revista Forbes se plantea en un artículo si los «millenials» están sustituyendo a los bebés por las mascotas. Cada vez más personas viven solas y se acompañan de un ‘amigo’ de cuatro patas para hacer frente a ese desamparo”.

En efecto, cada día aumentan quienes no quieren casarse, para no tener obligaciones ni perder su “libertad”; y si se casan –al menos por la ley civil–, no quieren hijos, o los retrasan lo más posible, en edades de 35 a 40 años o más, con los peligros obvios que ello entraña para la gestación (pese al “ejemplo” de Adriana Lastra). Quizá muchos de nosotros procedamos de familias más o menos numerosas, pero de esas familias ya no hay, ni siquiera en nuestra propia parentela (¡haga usted recuento mentalmente!). Muchas jóvenes, en un anhelo legítimo de superarse, estudiar, trabajar e independizarse económicamente –que, reitero, es legítimo–, ven en la maternidad un obstáculo para sus planes, pues tener uno o más hijos genera dependencias para su atención –y esto, enfatizo ya no es legítimo–. Muchas mujeres no quieren tener este tipo de “cargas”, pues cuidar al hijo impide ir a muchas fiestas y andar de vacaciones por todas partes (máxime cuando no hay abuelos dispuestos a “encargarse” por temporadas de ellos, al igual que “cuidan” de las mascotas cuando los amos no están).

Esta actitud, sin más ambages, es netamente egoísta –salvo en las imposibilidades físicas o económicas–, puesto que cuando uno da la vida para que otros tengan vida, la vida se goza en mayor plenitud, pues no hay mayor felicidad que hacer que otros sean felices, como ser verdaderos padres y madres, física o espiritualmente. En algunas vocaciones consagradas se decide no casarse ni tener hijos, no por egoísmo y comodidad, sino para entregar todas las energías al servicio de Dios y del prójimo, lo cual exige sacrificios y renuncias, pero asumiendo esto por amor y libremente, hace a estas personas más fecundas, plenamente realizadas y no unos seres frustrados y en amarga soledad. Se aprecian las mascotas, sin duda alguna (¡yo mismo las tengo!), pero no son una compensación.

Quizás usted, amable lector, sepa que el actual ocupante de la Santa Sede no es precisamente persona de mi especial afecto. Sin embargo, en la Audiencia General del 5 de enero de este año, habló de la importancia de los hijos y de estar dispuestos a recurrir a la adopción si no es posible tener hijos biológicos, y criticó a quienes tienen perros o gatos en vez de hijos, con las siguientes palabras: “Hay un cierto egoísmo. El otro día, hablaba sobre el invierno demográfico que hay hoy: la gente no quiere tener hijos, o solamente uno y nada más. Y muchas parejas no tienen hijos porque no quieren, o tienen solamente uno porque no quieren otros; pero tienen dos perros, dos gatos… Sí, perros y gatos ocupan el lugar de los hijos. (…). Y este hecho de renegar de la paternidad y la maternidad nos rebaja, nos quita humanidad. Así la civilización se vuelve más vieja y sin humanidad, porque se pierde la riqueza de la paternidad y de la maternidad. Y sufre la Patria, que no tiene hijos y como decía uno de manera un poco humorística ‘y ahora que no hay hijos, ¿quién pagará los impuestos para mi pensión? ¿Quién se hará cargo de mí’? (…). La paternidad y la maternidad es la plenitud de la vida de una persona. Piensen en esto”.

Quienes procedemos de familias más o menos numerosas, valoremos lo que eso significa y animemos a las nuevas generaciones a ser generosas en engendrar nuevas vidas, que no sean egoístas pensando sólo en los bienes materiales (porque pueden llegar a compensar las carencias afectivas de una familia con el exceso en el apego a mascotas). ¡Nada se compara a unos hijos, cuando se desgasta la propia vida en su educación integral! No se trata ni de “importar” MENAs de dudosa procedencia, educación y costumbres (“sus niños”, según las “amiguis” Carmena, Colau y Almeida), ni dedicarse al arte de la procreación como animales en celo o por motivos poco meritorios (díganselo a la Montero, que reconoció no amar a su ex pareja… al menos quizás “amó” su ex cartera, quién sabe). Pero no. Solamente se trata de amor (asignatura no contemplada en los planes de estudios de la LOMLOE), amor que da vida y que fortalece las familias, la economía, la sociedad y la Patria.

Si no se presentan políticas serias de protección, defensa y fomento a la natalidad, ayudas a familias incipientes, ofertas de vivienda y empleo a familias numerosas españolas en las ingentes cantidades de municipios casi despoblados de nuestra amada España, el futuro ya no pinta negro, sino lo siguiente (veámonos en el espejo de Francia, con más de un tercio de su población no francesa; de Italia, con un 22% en las mismas circunstancias; de Alemania, con un 19% ídem, etcétera). El declive de Europa ya no es un temor sino una realidad. ¿Será igual con España? De usted, su decisión, su voto y su defensa decidida por la vida depende…

@CondestableDe

@LaReconquistaD

Un comentario en «Columna de La Reconquista | ¿Hijos o «Perrhijos»?»

  • el agosto 18, 2022 a las 9:24 pm
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    Pues sí, así es. Es un egoísmo absurdo, los perritos no nos van a cuidar cuando estemos mayores…

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