Columna de La Reconquista | Hijos adoctrinados, padres responsables

Acabamos de echar el cierre temporal a nuestro local educativo, ¿el motivo? Cese vacacional. Quizá lo de temporal sea sólo eso, una acepción como tantas otras que no se corresponde con la realidad. Llevamos cerrados o clausurados –vía leyes de educación “progresistas” (otro concepto equívoco)– mucho tiempo. Muchos profesores no pueden ejercer su labor de antaño, exigir, formar y, sobre todo, aportar conocimientos que sirvan de chispa de arranque para la futura vida profesional de nuestros actuales alumnos.

Otros docentes, los nuevos, los recién salidos de las cocinas universitarias “progres” campan a sus anchas por los centros educativos. A ellos se les permite ofrecer una educación en valores –en valores multiculturales, claro está–. Explican, matizan, amplían y exponen su especial visión globalista del mundo. Su visión de la educación es ideológica al 100%. Con másteres ahormados de subvenciones institucionales se disponen a modificar el alma de nuestro alumnado. ¿Su herramienta? El consenso socialdemócrata, es decir, la progresía internacional. ¿Su mecanismo? Nadar en la superficie. La censura a la que someten, por ejemplo, a nuestra gloriosa historia española nace de la limitación del temario en sí, pues muchos temas no se dan, o bien porque resultan incómodos para el nuevo perfil de docente actual, o bien porque el tiempo, como casi siempre, es ese gran enemigo del hombre. Al 99% ocurre lo primero.

Ya nadie sabe quién es Pizarro, Cortés, Narváez, Balboa, Alvarado o Mendoza. Hoy todos saben el nombre de una adolescente que, siempre mal encarada, cercenará de un plumazo al invasor de turno: el cambio climático.

¿Quiénes son los responsables de esta situación? Ocurre, a veces, que ser original es decir aquello que los demás no esperaban oír. No se trata, en este caso, de ser original; lo que nos ocupa es algo tan serio que debemos arrostrar las responsabilidades lo antes posible. Al igual que depositamos gran parte de nuestro tiempo en sondear los diferentes mercados de nuestro interés (telefonía, plataformas de tv, bancos, hipotecas…), deberíamos centrarnos en lo realmente importante: nuestros jóvenes, aquellos que representan el 20% de nuestra población actual, pero que serán el 100% de nuestro futuro.

Hablen con sus hijos, pregúntenles acerca de su vida en el colegio, profundicen en la indagación: ¿Qué estáis viendo ahora en Historia? ¿Os han hablado de la hazaña española de 1492? ¿Cómo lo han hecho?

Si después de toda esta retahíla de preguntas no les convencen sus respuestas, es hora de comprarle un libro. Sin duda, su mejor amigo, en palabras de D. Ramón Gómez de la Serna: “el libro es el salvavidas de la soledad”.

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