Columna de La Reconquista | “Ha de helarte el corazón…”

No, no, no. No me refiero a las temperaturas gélidas que en esta época están sucediendo en buena parte de la geografía hispana. Igualmente, para nada me dedico a analizar películas de terror (porque nuestra realidad es más trágica que cualquier filme que dijere). Créame usted, estimado lector, que jamás es por gusto traer a colación dolores, tragedias y sinrazones. Pero si me permite usted citar al evangelista Lucas, “si vosotros calláis, gritarán las piedras” (Lc. 19,40).Y es que, releyendo al poeta de Hernani, Gabriel Celaya, que afirmó que “la poesía es un arma cargada de futuro”, llegó a mi mente el famoso poemilla tan conocido por todos nosotros –e incluso tarareado en diferentes versiones musicales– que contiene el título de esta columna, y que, en su totalidad, dice: “Españolito que vienes al mundo te guarde Dios. Una de las dos Españas ha de helarte el corazón”.

Con este poema, el número LIII de su obra Proverbios y cantares (en Campos de Castilla), Antonio Machado Ruiz, el poeta más joven del movimiento literario de la denominada “Generación del 98”, fue un profeta, ya en 1912, reflexionando sobre el tema de las dos Españas, de la situación que se vivió en la Patria durante la Guerra Civil (y que él mismo padeció, muriendo en el exilio, en Colliure, Francia, en 1939). Ciertamente, el poema hacía referencia en un principio a la situación civil y bélica de la España del siglo XIX –con referencias a “una España que muere y otra España que bosteza” (y que hoy probablemente adaptaría con “una España que madruga y otra España en la pereza”, pero bueno…)–, aunque también vaticinó la España de la tercera década del siglo XX, y muy avant la lettre, la actual España del siglo XXI. ¡En verdad que está cargada de futuro la letra del poema! Lo que no tengo tan claro es qué futuro tendrá en breve mi herida España.

Dos Españas. ¡Qué espanto de realidad! La Patria, que por definición no es sino una –y no entro a las consideraciones de otros calificativos como “grande” o “libre”, puesto que no es el tema que ahora me incumbe–, está dividida. No es nada nuevo, en cuanto a lo que la Historia –no las leyes de pseudo «memoria histórica» ni zarandajas de esas– ya ha compilado en sus anales, pero sí sigue sorprendiendo que no aprendamos de ella, para evitar ese famoso “divide y vencerás” – atribuido a Cayo Julio César por unos o a Filipo II de Macedonia por otros–, en sintonía con la Escritura (San Marcos 3,24: “todo reino dividido contra sí será devastado”). No se trata de hacer una crítica a la gran mayoría de los políticos nacionales (y mundiales) de la actualidad, sino una constatación de que la lógica es más fuerte que la ideología, porque si cierto es que “la unión hace la fuerza”, ¿qué hará la desunión sino debilitar (en el mejor de los casos) o destruir (en el peor, y más realista, de los escenarios)?

Ciertamente, es legítimo tener diferentes visiones de cómo llevar a cabo proyectos de mejora, de fortalecimiento económico y social, de calidad democrática. Todo ello, itero, es muy loable. Ahora bien, las «visiones» a las que hago referencia se han de sostener siempre en la inteligencia, la lógica, la razón, y se han de defender mediante la argumentación, contrastación, corroboración y utilidad pública, buscando siempre aquello que construye y que lleva a una sociedad –no he de diferenciar ahora entre «nación», «estado», «pueblo» y «sociedad», aun cuando es muy interesante la disquisición– a su auténtica finalidad: el bien común (o, con palabras de Aristóteles, a su teleología: la felicidad, traducida como el bienestar personal y social, el alcance de las legítimas metas propias y comunes). Todo lo que no sea esto, es una «ideología» –que divide, desune, rompe–, una utopía –es decir, una inalcanzable imaginación– o una malsana sinrazón.

Y, sin embargo, el noble pueblo español, y así lo padece cada uno de sus habitantes en mayor o menor grado, está desorientado, desubicado y desalentado, porque se ha fomentado desde las instancias gubernamentales nacionales y supranacionales todo aquello que nos hace diferentes (curiosa paradoja, que disfrazada de «igualdad», «escudo social», «protección a los grupos vulnerables» e incluso «derechos humanos», es innegable), todo aquello que nos separa (por origen, sexualidad y preferencias, lengua e idioma, tendencias políticas o apolíticas, etcétera), y pareciera que se cumple nuevamente ese soneto de Francisco de Quevedo que inicia con el tan conocido cuarteto: “Miré los muros de la patria mía, si un tiempo fuertes, ya desmoronados, de la carrera de la edad cansados, por quien caduca ya su valentía…”.

Se nos hiela el corazón… En nombre de esas desuniones desafectas a la concepción de “Patria”, se han cometido vilezas incalificables e injustificables que en verdad han helado el corazón de todos nosotros –o así pareció inicialmente–, como lo afirmó Pilar Ruiz Albisu, madre de Joseba Pagazaurtundua (asesinado por la sanguinaria banda terrorista ETA en 2005), en referencia a los compañeros de partido político de su difunto hijo… ¿cómo pudo predecir que, apenas quince años más tarde, esos mismos “compañeros” se dedicarían al «blanqueamiento» de los despreciables asesinos, perseguidores de una inexistente, mítica y utópica “patria vasca”? Parecida situación se da en otras regiones del país, donde, so pretextos pseudo-históricos (que no legitima uno solo de los historiadores objetivos, solamente los orates abducidos), sigue rompiéndose la Patria, dividiendo familias, poblaciones, sentimientos, economías y futuros.

Se nos hiela el corazón… Por la ineptitud de legisladores, ministros, jueces y políticos que solo buscan su interés –o el de sus posiciones políticas–, mientras cierran los ojos ante la miseria en la que se han sumido –y se van sumando– millones de compatriotas por la falta de trabajo, de oportunidades, de salud, de hambre, de reconocimiento de esa tan cacaraqueada –pero nunca real y eficazmente practicada– “dignidad” e “igualdad” de todos, para todos, con todos.

Se nos hiela el corazón… Ante el vil asesinato que es el aborto (al que eufemísticamente denominan “interrupción del embarazo”, como si se pudiese volver a “reactivar”), la eutanasia, la imposición de «ideología de género», la hipersexualización y adoctrinamiento escolar… mientras a quien no aprueba tan nefastas estupideces se le tilda de todo menos de “persona digna”.

Y se nos seguirá helando el corazón, hasta que el calor del amor sincero, fraterno, dedicado, entregado y vivo a la Patria, a la Justicia, a la auténtica solidaridad, fraternidad, igualdad y compasión sea nuevamente una hoguera que reconforte, reavive y fomente la unidad en ideas, medios y finalidad. Llámeme usted «loco», si gusta, pero déjeme soñar con ello, que no son ideologías ni elucubraciones vacías… Solo es amor a la Patria, a los hermanos compatriotas españoles, a quienes son –¡somos!– capaces de convivir en la búsqueda de lo bueno, justo y bello… o que están –¡estamos!– decididos a morir intentándolo, para que nuevamente la Patria tenga un corazón que lata cálido, una sangre vigorosa y fuerte, un anhelo de futuro próspero, justo y leal. ¿Podremos conseguirlo juntos? 

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@LaReconquistaD

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