Columna de La Reconquista | Francisco I el Globalista

Habitualmente, y supongo que le habrá sucedido también, señor lector, cuando uno abre su cuenta de correo electrónico suele toparse con un montón del denominado “correo basura”, de spam, de phising y otras clasificaciones, que, dependiendo de la pericia en la configuración de los filtros ya se van para una carpeta u otra, para la eliminación directa o el bloqueo irreversible. No nos ha quedado de otra que ponernos al día en parte de esto que llaman “inteligencia artificial” –apresurándome a decir que de “inteligencia” tiene menos que la mente de un comunista–, “tecnología digital” –aunque no me acaban de convencer sobre si se refiere al uso de dígitos por sistema binario o al uso de los dedos para estar encadenados a teclas de todo tamaño– y adelantos similares. Signa temporum, sin duda.

¿Por qué le escribo esto? Muy legítima pregunta, máxime por el encabezado que intitula esta pobre columna… Le respondo presuroso: hoy (en un lapso de unas doce horas) he recibido 19 correos diferentes de contenido religioso-eclesiástico –ni me crea usted tan mojigato, porque la verdad que he eliminado sin abrir 8 de ellos, he destinado directamente a la basura otros 5 y he leído con atención el resto–. Dos correos me han llamado poderosísimamente la atención, porque el remitente de uno de ellos es persona de mi plena amistad y confianza, y el otro contenía varios mensajes papales, con las últimas sandeces del actual ocupante de la Santa Sede. Le ruego me permita explicar el contenido y el porqué del calificativo “sandeces”, antes de que proceda usted a bloquearme directamente.

La primera memez, no signada por el “okupa” pontificio, habla de la “pluralidad” en el “camino sinodal” de la “iglesia que camina en Alemania” (creo que se arrastra como serpiente, pero eso dejémoslo para otra circunstancia). Es decir, que alguien por las colinas romanas está ya un poco harto de las estupideces que dicen los hijos del Cardenal Marx –solo a D. Bergoglio se le ocurre poner al frente de la Iglesia en Alemania a un tipo más oscuro que calzón de minero, con un apellido tan poco motivante, pero ese es otro tema–, y recuerda que “no hay que sacar aun conclusiones”. Pues claro que no. La “sinodalidad” en la Iglesia es como la “co-gobernanza” en el Estado Español: mucho ruido y pocas nueces, excepto para quitarse las pulgas de encima –y sacudirse de paso las responsabilidades–. Un Sínodo nunca es dogmático, aunque pueda terminar en ser cismático, pero ante pronunciamientos tan tibios poco se logrará. En fin, ya comenzaban mis neuronas a subir de temperatura, en una especie extraña de “calentamiento eclesial”.

Lo que me ha sentado como un misil in flexura sacralis recti ha sido el segundo correo. Es el texto íntegro del “Mensaje del Papa Francisco a la Conferencia Europea de la Juventud”, que se estaba celebrando en Ucrania –vaya que no había otro lugar– el pasado 6 de julio. Este texto, signado por el nada Santo Padre, se centra en tres puntos: El Pacto Educativo Global (una estupidez que en septiembre de 2019 emitieron supuestos “educadores” para que se adoctrine a todos los jóvenes en “fraternidad”), la Apertura a la Acogida (sí, acertó usted, es un documento “inclusivo e incluyente”, claro) y el Cuidado de la Casa Común (la ecología, el menor consumo de carne, la reducción de combustibles fósiles, bla, bla, bla, trufado de citas a su propia encíclica Laudato si’, como un Pedro Sánchez cualquiera, auto-alabándose).

De un total de 1,734 palabras (un texto breve, para lo pedante que suele ser el tipo), el término «Dios» se menciona 0 (cero) veces, se menciona a Cristo 0 (cero) veces, y el vocablo «Iglesia» aparece 0 (cero) veces. De absoluta, total y plena vergüenza. Me confieso católico, y católico practicante; he realizado el juramento antimodernista que se me exigió en su momento; he participado o impartido conferencias en cuatro continentes sobre libertad religiosa, derechos humanos y derecho natural, y jamás, jamás, jamás hasta hoy había leído un texto “religioso” (por su presunto contenido y autoría), “eclesiástico” (por su jerarquía) que no tuviese al menos algo de maquillaje (como lo ha hecho ya el mismo citado “okupa” vaticano), alguna que otra vaga referencia a que Dios es bueno, que Jesús dice que hemos de cuidarnos o que la Iglesia es casa de todos (¡je, ya no, por lo visto, ahora es la ecología!).

Me declaro escandalizado. Y humildemente pido perdón a quien pudiere escandalizar con mis palabras sobre Jorge Mario Bergoglio, Francisco I. Pero, ateniéndonos a la coherencia de vida, de profesión de fe y de oficio, creo que el “okupa” en comento habría de recordar, puesto que lo juró cada vez que asumió un orden sagrado y un cargo pastoral: el triple deber sacerdotal (aunque sea jesuita este señor, le obliga igualmente), conformado por el munus docendi, munus sanctificandi, munus regendi, o sea, el deber de enseñar, el deber de santificar y el deber de guiar al pueblo de Dios.

Díganme, por caridad, cómo se guía, enseña o santifica en un Pacto Global Educativo que solo trata de temas banales (porque lo mundano, aun cuando profano, pertenece también a la enseñanza de la Iglesia, sin duda). Aclárenme, Ilustrísimos y Excelentísimos Señores Cardenales, Arzobispos, Obispos, Abades mitrados y sin mitrar, Deanes, Arciprestes, Párrocos… cómo es posible pretender que un mensaje de evangelización a la Juventud Europea me hable de comer menos carne, sin mencionar ni siquiera a Jesucristo, Camino, Verdad y Vida (y no hablo de la Sagrada Eucaristía, porque como es el Cuerpo de Cristo, habrá quien nos tache, como en tiempos de Nerón y Trajano, de “antropófagos”, no lo dudo).

Pues esto es lo que hay. Ya no solo fue profeta el Papa San Pablo VI cuando dijo que “el humo de Satanás ha entrado por las ventanas de la Iglesia” (en referencia al Concilio Vaticano II), sino que San Juan Pablo II el Magno y Benedicto XVI también lo han sido, al afirmar que se acercaban los tiempos en que nos daría vergüenza hablar de Cristo o hacer en nosotros la señal de la Cruz. Lo vemos hasta en quien porta al cuello una presunta “Cruz del Buen Pastor”, el mismo “Pastor” que, so pretexto de vivir la austeridad y la pobreza (y no habitar en los Palacios Apostólicos) gastó cientos de miles de euros en “acondicionar” unas humildes habitaciones para su persona… El “Papa” del Globalismo, ¡cómo me duele decirlo! Casi me recuerda el Cantar de Mío Cid, en su verso 20, que dice: “¡Por Dios, qué buen vasallo si tuviese buen señor!”. Si tan obediente fuese “Franciscus” a Cristo como lo es al N.O.M. y el Globalismo, la evangelización no estaría en retroceso, ni habría pactos con la iglesia comunista china (cismática y herética), ni los asesinatos y expulsiones de religiosos estarían a la orden del día en México, Nicaragua, Venezuela, Nigeria, etcétera.

No dejemos de pedir al Todopoderoso su misericordia, porque, cuando Él vuelva, ¿encontrará fe en la Tierra?

@CondestableDe

@LaReconquistaD

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