Columna de La Reconquista | Francisco I el Globalista (Parte II)

Por regla general, he sostenido, señor lector, aquel adagio del Catecismo del P. Gaspar Astete que dice que “Doctores tiene la Santa Madre Iglesia que les sabrán responder”. Sin duda, ha de ser cierto. Ahora bien, ello no implica –y más en los tiempos de la “sinodalidad”, tan cacaraqueada– que quienes conformamos el pueblo fiel no podamos decir, en humildad y conciencia, cuanto pensamos acerca del depositum Fidei, el depósito de la Fe que la Iglesia debe custodiar y transmitir (y bajo Cristo, el Papa, como Soberano Pontífice y Vicario Suyo, si bien son títulos que rechaza el actual “okupa” de la Santa Sede, hasta llegar a suprimirlos del Anuario Pontificio para considerarlos “títulos históricos”, reliquias del pasado).

Ayer, dilecto lector, mi pluma clamaba contra dos documentos dimanados del Vaticano (que no contra la Iglesia Católica), especialmente contra el aciago Mensaje a la Juventud Europea signado por Francisco I “el Globalista”. Fallo mío fue no haber terminado de vaciar mi bandeja de entrada, puesto que tras la oración matutina, al continuar hoy las tareas de limpieza digital, me encontré con otro texto del mismo autor, titulado Mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación” (a celebrarse el próximo 1 de septiembre, si antes no se produce la Parusía).

Ayer mi boca casi arrojaba espuma como hocico de perro con pastilla de jabón, hoy la bilis amagó con provocarme una úlcera –si bien la Providencia Divina lo impidió, quizá para que siguiese expurgando mis pecados y escribiendo lo que otros callan–, ya que si los textos comentados con anterioridad eran burdos, descarnados e infames, los de hoy llegan cuidadosamente maquillados, trufados de referencias más sutiles y variadas (aunque las propias del “okupa” hacia su misma literatura, claro, no podían faltar). Pero el contenido es el mismo: globalismo, ecologismo, nuevo orden (“esquema, “concepción”, dice el espurio texto) y, en definitiva, sometimiento

Ganas me dieron, lo confieso, de dedicarle a D. Bergoglio, como hizo antaño el Beato de Liébana al descarriado Elipando (entonces Arzobispo de Toledo) el apelativo de “cojón del Anticristo”. Ganas, dije, tanto porque no llegaría a tal extremo por respeto a la dignidad que ostenta (o usurpa, no me tire de la lengua) como porque ya el autor Enrique de Diego lo ha hecho magníficamente en su último libro (cuya lectura le recomiendo sinceramente). Y como a estas alturas quizá usted ya ha de estar preguntándose por el quid de los espumarajos y gotas de tinta que esta torpe pluma hoy arroja, le desgloso, para su conocimiento, algunas “perlas” que el vigente “okupa” papal desgrana en su mensaje (escrito con mucha antelación el pasado 16 de julio, fíjese usted, lo que en lenguaje vaticano implica que de ese cerro no lo movemos ni con dinamita, en sentido metafórico, por supuesto).

La invitación a la «conversión ecológica» y a la «espiritualidad ecológica», así como a reconocer la «deuda ecológica», no es nada nuevo en el mensaje bergogliano. Claro, la primera es una estupidez, porque la auténtica conversión es la del corazón hacia Cristo, mediante el arrepentimiento y la penitencia (y no me vengan ahora con la bromita de “convertir el agua en vino”, que no es momento, ni tampoco fue “conversión” sino “transformación”). Lo de la «espiritualidad ecológica» tiene más bemoles, porque se inventa unos precedentes –ha debido leer con atención D. Bergoglio la «ley de memoria democrática» de sus amiguetes comunistas hispanos– poéticamente “basados” en San Francisco de Asís (bien sabe usted que tomó las palabras del Cántico de las Criaturas de éste para “plagiar” la encíclica Laudato si’), las metafóricas y bellas expresiones de los salmos y, ¡bárbara y osada estulticia!, los mensajes del Acuerdo de París, de la  COP15 y la propuesta para la COP27.

Estos tres últimos textos, estimado lector, son algunas de las Conferencias de la ONU sobre el «cambio climático». Que un ocupante de la Cátedra de San Pedro tenga que referirse a ellas como “sustento” de su argumentación no es otra cosa que un insulto al mensaje y doctrina a la que se debe, una blasfemia a la potestad petrina y un sometimiento inicuo a los poderes de este mundo –desde luego que Satanás ha de estar tomando nota y aprendiendo rápido, al igual que Pinocho ya ha reverenciado a Pedro Sánchez como “maestro” en “Mentirología” a nivel postdoctorado–.

La china COP15 (mantenida en Kunming, no en Wuhan) preveía una COP26 en Glasgow, pero se ha modificado la fecha para gozar de los cálidos climas egipcios en la COP27. Como fuere, todos sabemos ya a estas alturas que la naturaleza tiene su curso y que es deber de todos cuidarla, pero que no podemos decirle nada, porque ni caso nos hará (si no, propondría que fuesen Bergoglio, Biden, Soros y Sánchez a la cima del Etna, el Vesubio, el Kilauea o el Popocatépetl para que les rogasen frenar sus emisiones de vapores de magma, por el «calentamiento global», e igualmente recordaría a los mencionados personajes que, según la milenaria y venerable tradición, los líderes de los pueblos se sacrificaban para que la naturaleza no se enojase con los habitantes de la tierra… y ya entregado el mensaje, podrían tales señores descender en caída libre cada uno por el cráter y tomar un café con Hefesto o con Luzbel, tanto me da, rezaremos por sus almas, eso sí).

Y es que, estimado lector, el hecho de que Francisco I “el Globalista” emita un documento recordando que ha de reducirse la temperatura planetaria 1.5 grados es de chiste, de sorna, guasa, trácala, broma macabra o como guste. A ver, nada Santísimo Padre: ¿no podría dialogar con la Pachamama y los volcanes que tanto le gustan para que de una vez redujesen 10 graditos en sus emisiones, y así ahorrarle a usted escribir (y a nosotros leer) subsiguientes alocuciones idiotas, tan inútiles como las fotos de Sánchez en la España requemada? Recuerde usted que tanto Abraham como Moisés fueron “negociando” con el Señor Dios el número de los justos (desde la destrucción de Sodoma y Gomorra hasta el desierto del Sinaí), y también Mahoma lo hizo con Alá respecto al número de oraciones diarias de los pacíficos seguidores del Islam, así que, con un poco de fe y diálogo por su parte…

Toda esta “recapitulación ecológica” (la parte más inocua del globalismo, bien sabe usted) no me lleva sino a afianzar que el único sentido y razón de la vida cristiana es la que nos recuerda San Pablo (y que fue el lema del pontificado del Papa San Pío X): Instaurare omnia in Christo, recapitular todas las cosas en Cristo (Efesios 1,10). Así que, por favor (¡por caridad!), que la Iglesia (y las Iglesias) se dediquen nos dediquemos) a amar a Dios y al prójimo, a adorar al primero y cuidar al segundo, a servir con humildad al Señor y enseñar la verdad al hermano, y dejen (dejemos) que el Todopoderoso cuide de su Creación, para lo cual nos inspirará también su guía y auxilio. Pretender legislar (civil o canónicamente) sobre el clima es como decirle al Sol que se abstenga tres días de fusionar helio e hidrógeno. Aunque parece que también dialogar con algunas mentes (todas del lado siniestro) es como hablar con las paredes: misma inteligencia y misma respuesta.

Por cierto, ¿se ha percatado, amable lector, que ningún otro líder religioso, budista, musulmán, hare-Krisna, judío o tolteca, realiza pronunciamientos semejantes? ¿Será que ellos sí entienden aquel dicho de “sutor, ne ultra crepidam (zapatero, a tus zapatos)”, ya atribuido a Apeles, en el 308 antes de Cristo? Tome nota, D. Bergoglio, que mañana conversaremos sobre otros aspectos de su globalismo…

Continuará…

@CondestableDe

@LaReconquistaD

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