Columna de La Reconquista | “ETAmos pero que muy mal…”

Sí. Como lo lee. Si me perdona usted el barbarismo inicial del título, le diré el porqué, aun cuando no sea de agrado para nadie leerlo ni escucharlo…

ETAmos realmente mal. En esta semana, que debiera estar casi sacralizada en la memoria colectiva de los españoles (por el trágico aniversario del secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco a manos de la ETA), no se realiza actividad alguna que no sea el intercambio de noticias sobre el calor veraniego y la canícula, los posibles cambios en el ejecutivo gubernamental, las vacaciones escolares y si «vacunan» o no a los niños con o sin consentimiento parental.

No. No debiera ser así. Claro que los temas dichos son parte de nuestra cotidianeidad, y que tienen su importancia relativa (para cada quien, en lo personal), pero… ¿y la búsqueda del bien común? ¿y el pensar en los demás? ¿O es que hacemos como el avestruz, esconder la cabeza y creer que así no seremos vistos ni atacados, mientras crece la violencia callejera, las colas del hambre y la opresión casi dictatorial de un gobierno que impone por Real Decreto su ideología perversa, sin pensar que se debe a todos y cada uno de los habitantes del Reino de España, y no solo a sus socios filoetarras, separatistas y de calaña similar?

A ver. La ETA no ha muerto. La ETA no ha desaparecido. La ETA no ha dejado de actuar. Reivindicar “triunfos” que evoquen la victoria de la sociedad (o del Estado) sobre el terrorismo etarra es una ceguera mental. Seamos analíticos. Si hemos de creer el discurso “oficial”, ya se extinguió la banda terrorista armada, quedando el brazo político para reivindicar en una formación partidista sus “legítimas” –dicen– aspiraciones a ser un “pueblo libre y soberano”. ¿Será que no han mirado su DNI, donde inequívocamente aparece la nacionalidad española del titular? Lo mismo podríamos sugerir a sus grandes amiguetes de coalición –la OTA, o sea, Otros Tontos Abominables– ERC, JxCat, PdCat, BNG, etcétera, porque muy “yo no soy español”, pero bien que cobran sus salarios de representantes populares de manos de ese “Estado opresor” (aunque en realidad los paga el ciudadano, usted, yo, todos, no el Estado).

Si se ha extinguido, dígame: ¿Ha escuchado usted que hayan entregado sus arsenales? ¿Dónde están las armas, los zulos, las ubicaciones de los pisos francos? ¿Sabemos cuántos conformaban el apoyo ciudadano a esos viles seres? ¿O es que dirán que se ocultan esos datos por “seguridad nacional”? ¿Dónde están todos los dineros que “recaudaron” por el «impuesto revolucionario» durante décadas? Si fuesen las cuentas del Rey emérito, armaríamos un gran pleito, pero las de A. Otegui no las pide nadie (quizá porque el solicitante pudiera encontrar un regalo bajo su carro, en la tradicional forma de Goma-2, pero eso es otra historia).

El terrorismo de ETA ha obtenido una nueva carta de naturaleza para actuar en su versión remasterizada, la versión política, formando parte de las estructuras, instituciones y gobiernos. Es una realidad palpable, tangible, plenamente comprobable. ¿Se siente usted con ganas de visitar las bellezas de la tierra vascongada pero teme acercarse al Cantábrico? ¿Piensa usted en que pudiere ocurrirle algún suceso fuera de lo cotidiano –no sé, quizás una bala perdida, una agresión vía pedrada, una bombita de “recuerdo”, insultos– que le haga percibir las cosas de manera diferente?

¡Ay, qué flaca es la memoria! Ya está en límites tan raquíticos como los de nuestras carteras y ahorros, gracias a los desvelos del Gobierno. Esta memoria flaca también flaco favor nos hace, porque si olvidamos el pasado no construiremos un futuro en base al presente. No se trata de lo que uno quiera, sino de lo que se debe hacer. No es “por mis narices”, sino “por el bien común”. ¿Ya olvidaron cierto día histórico en la Cámara de Diputados, cuando un político leyó uno por uno los nombres de cada asesinado por la ETA para rendirles homenaje? (Puede usted verlo en el video de referencia:  https://www.20minutos.es/noticia/3329916/0/numero-asesinados-eta/) ¿No recuerdan a conocidos, amigos, familiares… que han sufrido la pérdida de un ser amado por “daños colaterales” de los cobardes y felones asesinos? Flaca memoria…

Don Miguel Ángel Blanco, edil de Ermua, fallecido en la madrugada del día 13 de julio de 1997 tras recibir dos balazos en la cabeza la tarde del día anterior, ni siquiera puede descansar en paz –la paz del Camposanto, claro– en la tierra a la que amó, porque las profanaciones (¡tan bajo caen los canallas!) no faltaban en ese espacio de eternidad…

Pero somos tan buenos y comprensivos con los asesinos etarras que se les acerca a sus casitas (aunque se alejen las buenas personas), se les concede toda clase de beneficios penales y penitenciarios (sin que apliquen a reos de fuero común), se les rinden homenajes a esos gudaris (que tiñeron con sangre la práctica totalidad de la geografía hispana)… ¡ETAmos muy mal si seguimos permitiéndolo!

Si quien suscribe fuese pedante, aprovecharía el momento para citar a Salustio en las Catilinarias, con esa frase ya famosa, puesta en labios de Cicerón: quo usque tándem abutere patientia nostra? –de forma literaria la traduciríamos más o menos como un: ¿hasta cuándo van a seguir abusando de la paciencia del buen y noble español?–, o recordaría a Agustín de Hipona sobre el tema de qué pasa cuando la justicia desaparece de una nación o gobierno… No tema, no lo haré. Simplemente me reafirmo amargamente en mis palabras: “ETAmos muy pero que muy mal”, y lo estaremos hasta que abramos los ojos, alcemos los brazos, elevemos la voz y exijamos nuestras libertades, garantías, derechos y voluntad de que se erradique lo nefasto y lo bueno prevalezca. Sin eso… seguiremos ETAndo cada vez peor…

La Reconquista

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