Columna de La Reconquista | “Eros frente a Thanatos: ¡celebremos la vida!”

“Porque nos ha nacido un niño, | nos ha sido dado un hijo | que tiene sobre los hombros la soberanía, | y que se llamará | maravilloso Consejero, Dios fuerte, | Padre sempiterno, Príncipe de la paz, | para dilatar el imperio y para una paz ilimitada | sobre el trono de David y de su reino, | para afirmarlo y consolidarlo | en el derecho y en la justicia | desde ahora para siempre jamás” [Isaías 9:6].

La Navidad –del latín nativitas, -atis, nacimiento– es tiempo de alegría, de encuentros familiares, de recuerdos, de sentimientos, de paseos, de nieve, de regalos, turrón, de adornos y aderezos, de luces de colores, comidas especiales, de entrega, detalles, de amor, sueños e ilusiones. Es tiempo de paz y rezos. El Cristianismo celebra jubiloso el nacimiento del Hijo de Dios. Un Belén o Nacimiento es colocado en todas las iglesias, en cada ciudad, en cada pueblo, en cada casa…

Muchas generaciones recordamos con nostalgia la Navidad de nuestra infancia y adolescencia. “La misa del gallo” el día de Noche Buena, después de haber cenado con nuestra familia en velada entrañable, aderezada con villancicos; los preparativos previos para montar el Nacimiento, las cartas a SS.MM los Reyes Magos de Oriente, la Noche Vieja con las 12 uvas, el día de Año Nuevo y el concierto de Viena… Pero, sobre todo, la noche del 5 y el día 6 de enero. La cabalgata de Reyes en cada rincón de España es vivida con ilusión por mayores y pequeños. Los niños son los grandes protagonistas; contemplan boquiabiertos el desfile de la comitiva que acompaña a los Reyes Magos, se emocionan con el bullicio, recogen caramelos que tiran desde sus camellos o carrozas, y los más afortunados acuden al encuentro con su Rey Mago, hablan con él. Le dicen que se han portado bien y que merecen un regalo, que ya le han pedido. La mañana del día 6 los pequeños se levantan muy pronto para ver qué regalo les ha dejado su Rey. La felicidad invade los hogares.

Bueno. Eso era antes. Antes de que quisieran arrebatarnos nuestras costumbres, nuestra cultura, nuestra religión, nuestra lengua.

Ahora, con la perversión del lenguaje, desde las instituciones nacionales e internacionales, nos quieren arrebatar el sustantivo «Navidad». Es norma habitual del globalismo reinante –de entre la gran riqueza idiomática–, elegir lo zafio, lo soez, vocablos genéricos, palabras con connotaciones negativas o peyorativas. Son conocedores del poder de la palabra (“una palabra tuya bastará para sanarle”. Mateo, 8:8), y la palabra Navidad posee connotaciones demasiado positivas para quienes persiguen la destrucción del orden ético y moral de una civilización.

Además, con el pretexto de una pandemia mundial, también tratan de impedir que  disfrutemos en libertad estas fechas tan señaladas en nuestro calendario español. Nos quieren sumisos, temerosos, aislados, débiles, embozados, y tristes. El gobierno español y los diecisiete taifas ya han tejido el entramado para tratar de doblegar a la población durante esta Navidad. Las estrictas normas coercitivas lo serán solamente para los ciudadanos; los políticos gozan de prebendas especiales, como las antiguas bulas de la Iglesia. Los niños serán los más afectados… si lo permitimos.

Frente al thanatos devastador que nos proponen, elijamos el eros edificante. Practiquemos la “Desobediencia Civil” como lanza rebelde contra esta dictadura, disfrazada de “crisis sanitaria”. Amemos a nuestros semejantes, porque el amor no mata. Arrojemos los miedos a la hoguera, y vivamos: respiremos, cantemos villancicos (“el que canta su mal espanta”), abracemos y besemos a nuestros padres, hermanos, esposas, maridos, hijos, abuelos, amigos, y al enemigo, si se deja; comamos, bebamos, hagamos deporte, forniquemos (el que pueda), riamos (la risa es contagiosa), huyamos de los mass media controlados, y apaguemos la TV. Esa es la única manera de celebrar la vida, en nuestra opinión.

¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!!

@LaReconquistaD

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