Columna de La Reconquista | En la tardanza está el peligro…

Razón tiene usted, amable lector, en que el título de esta columna no es mío, no. Por supuesto, pertenece al inmortal gigante de las letras españolas, D. Miguel de Cervantes Saavedra, que lo cita dos veces en la primera parte del Quijote y otras dos más en la segunda parte. ¿Por qué será? Veámoslo, si le parece, no vaya a ser que cualquier parecido con la realidad resulte pura coincidencia…

Pocas veces los políticos –no todos, he de reconocerlo–, muy dedicados a socavar el pasado, arrasar el presente y destruir el futuro (de manera especial los de la depauperada y desacreditada ala siniestra del espectro, y también los que se dicen “de centro” pero por decirse algo, porque nadie puede creer que el centro sea una pendiente de ochenta grados escorada a la izquierda) se dedican a leer, reflexionar, interiorizar y profundizar en los temas cotidianos, los que vivimos a diario los ciudadanos de España… Pareciere que entre los “asaltos a los cielos”, “los escudos sociales” (¡fortísimos!), las extrañas “gripes asesinas”, los “invasores del CNI”, los “derechos de los cefalópodos que sienten dolor” y mil millones de insidiosos temas que no son sino cortinas de humo para mentecatos (como describí en otra columna: https://nuestraespana.com/columna-de-la-reconquista-cortinas-de-humo-para-mentecatos/) no les queda tiempo para resolver nada (¡o al menos plantearse los problemas, pobres almas de cántaro!).

No crea usted, estimado lector, que nosotros, los ciudadanos de a pie, estamos mucho mejor… En la gran mayoría de los casos somos “generales de salón”, “futbolistas de sofá” e imitadores de esa panda de mercachifles que nos “des-gobierna” porque simplemente, no queremos urgirles a arreglar los problemas, o, dicho de otra forma, no nos damos cuenta de que “en la tardanza está el peligro”. Coincidirá usted conmigo, presumo, en que cuando se prevé para un momento de necesidad, se tiene en esa situación de angustia. Estaremos de acuerdo igualmente en que “más vale prevenir que lamentar, más vale prevenir que curar”, porque necio es quien viendo quemarse su casa no busca bomberos que le auxilien, como quien tiene síntomas de una enfermedad no busca consulta médica que pueda diagnosticar a tiempo (y fíjese que si bien es cierto que, como dice el Evangelio, “no necesitan de médico los sanos sino los enfermos”, también lo es que sería estúpido que los sanos no buscasen no enfermar y se cuidasen, previesen, analizasen, para no caer en tipo alguno de enfermedad, física, psicológica o espiritual).

Entonces, mi estimado señor lector, si tan de acuerdo estamos en lo anteriormente expuesto, ¿por qué diantres no hacemos nada? ¿Será que no hemos escuchado esa zarzuela, “Doña Francisquita”, tan cierta, que entona la letra de Alfredo Kraus que afirma: “por el humo se sabe dónde está el fuego”? Entonces, en verdad, estamos mal. Porque España ya está envuelta en tinieblas, tanto de los incendios abrasadores y las fumigaciones continuas de químicos como de los vapores ponzoñosos de la mentira política. Pero… seguimos en el sofá, en el salón, en el teléfono móvil, en redes sociales, esperando que la salvación nos llegue (sea de los Cielos, que lo dudo –y no por falta de fe, sino porque no es la manera en que la Providencia divina suele actuar, ya que ese “ayúdate y te ayudaré” no es baladí–, o sea de la tierra, que me extraña –salvo que los pocos políticos honrados, honestos, inteligentes, firmes en sus principios de verdad, justicia y dignidad lleguen –pese a INDRAS, ONDRAS y UMBRAS– a gobernar el país).

¿Recuerda usted cuándo dice Don Quijote esa frase tan cierta que es ya axiomática además de refrán popular? Le ayudaré brevemente: Don Quijote urge a la infanta Micomicona (la hija del rey Micomicón) a que rescate el reino de su difunto padre (que está bajo el dominio del siniestro gigante Pandafilando de la Fosca Vista), y ofrece su generosa colaboración y ayuda para vencer al gigante usurpador y devolverle el trono a ella. ¡Cuán magna es siempre la valentía de nuestro hidalgo! El problema, claro, era que Micomicona no era tal infanta, ni existía ese supuesto reino, sino que Dorotea, el cura y el barbero idearon tal plan para llevar al pobre Don Alonso Quijano –oséase, Don Quijote– a su casa…

Sin embargo, las palabras del ingenioso hidalgo son memorables: “La partida sea luego, porque me va poniendo espuelas al deseo y al camino, lo que suele decirse que en la tardanza está el peligro; y pues no ha criado el cielo, ni visto el infierno ninguno, por cuanto hace a peligros, que me espante ni me acobarde”. Por un lado, ante las dilaciones de la supuesta infanta, crece su deseo de combate; por otro, reconociendo que la demora es necedad cuando hay un bien por conseguir o un mal por vencer, no se arredra sino se crece. ¡Ay, cuántos quijotes necesitamos por toda la hispana geografía! ¡Cuánta generosidad de espíritu y de cuerpo para querer hacer y poner en práctica combate al mal y al Maligno! Pero… parafraseando a Rubén Darío, casi podríamos decir que: “Ya no hay más razas ubérrimas, ni España es sangre fecunda”, puesto que nos seguimos dejando mangonear por catervas de petulantes puñeteros petimetres (hago constar que la aliteración de la letra “p” no tiene en sí alusiones políticas de índole alguna), muy cómodos en el sofá, el móvil y las redes sociales.

Si la enseñanza que nos transmite Cervantes es que la demora en abordar una situación puede derivar en que la solución de la misma se torne difícil, muy difícil o de plano imposible, ruego a usted me proporcione respuesta. ¿Cuándo diremos a este gobierno de pacotilla, caricatura de democracia, soflama de burla e ignominia las palabras de advertencia que Salustio pone en boca de Cicerón cuando Catilina pretendió incendiar Roma: quo usque tandem abutere patientia nostra? ¿Hasta cuándo se ha de abusar de nuestra paciencia? Mi solución es solo una, en doble vertiente: encomendémonos a Dios Todopoderoso, limpiemos alma en la confesión, fortalezcamos con los Sacramentos la vida y salgamos a las calles de una bienaventurada vez, haciendo uso del derecho humano a la desobediencia civil, porque esta tiranía que disfrazan de “democracia” es más terrorífica que el destino de Sodoma, Gomorra, Nínive, Numancia, Chernóbil, o Fukushima. Todo lo que no sea esto (encuestas electrónicas, mascarillas hasta en la flexura sacralis recti, memes y audios de indignación) no servirán de nada (más o menos como este gobierno actual, aunque ellos se ríen mientras nosotros sufrimos). Todos somos valiosos para alzar la voz, como lo hicimos (¡aun lo recuerdo, apenas era un infante!), por ejemplo, ante el vil asesinato de Miguel Ángel Blanco por los terroristas de la ETA. Sin embargo, la última manifestación de pensionistas que tuve ocasión de ver en la tierra de Don Pelayo constaba de ocho personas (cuya pensión no peligraba, sino que peleaba para los derechos laborales de sus hijos y nietos, que son quieres debiesen estar más preocupados). No pido miles de manifestaciones, porque el exceso es peor que el defecto (recuerde usted que “de grandes cenas están las tumbas llenas”); pido solamente una, concentrada, sin divisiones mezquinas, de todos los que amamos España, nos preocupa su presente, futuro e historia, queremos preservar nuestros valores y no verlos prostituidos, vejados y aniquilados. Un solo ¡FUERA YA, BASTA YA!, con suspensión indefinida de labores. Después de unos días, volvemos a hablar… porque “en la tardanza está el peligro”.   

@CondestableDe

@LaReconquistaD

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