Columna de La Reconquista | El papel de Don Felipe VI ante la crisis

La primera decepción que tuve en mi vida fue enterarme de que los reyes eran los padres. El único niño en España que no sufrió esa decepción fue Felipe de Borbón.

Ante la mayor crisis que sufre España desde la muerte del Caudillo, una crisis que ataca por todos los frentes –social, política, económica, territorial, sanitaria, alimentaria, energética, migratoria, internacional… pero, sobre todo, moral–, muchos se preguntan cuál es el papel de la Monarquía –concretamente de S. M. Felipe VI, conocido como “El Preparao”– para dar una respuesta Institucional en calidad de Jefe de Estado. Hay quienes se plantean que, si el papel del Rey es el de mero comparsa o de seguidismo de la política y las directrices del Gobierno, tal vez –sólo tal vez– convendría abrir el eterno debate de la izquierda sobre Monarquía o República. Vamos a intentar arrojar algo de luz sobre este asunto.

Debo confesar que yo, metafísicamente, soy republicano. Ya lo era antes de leer “Teoría pura de la República” (Antonio García Trevijano), pero su lectura confirmó mis convicciones. Ahora bien, en lo relativo a España conviene dejar a la República en el rincón de la Historia. Un desastre sin paliativos. La 1ª duró un año y diez meses. Pasamos de una República federal que duró once meses hasta que un golpe de Estado del general Pavía dio paso a la instauración de una República unitaria bajo la dictadura del general Serrano quien, a su vez, cedió ante el pronunciamiento del general Martínez Campos. Durante el corto período de esta República 38 provincias españolas estaban con conflictos armados.

Ni que decir tiene lo que representó para España la II República. Socialismo, comunismo, asesinatos, persecución y muerte a cualquiera sospechoso de catolicismo… hasta acabar en una cainita guerra civil, la cual –tras la victoria de las fuerzas nacionales– dio paso a la mayor época de modernización, paz y prosperidad jamás conocidas en nuestra historia. Por consiguiente y a pesar de mi republicanismo, debo reconocer que en lo tocante a España –de momento– soy monárquico.

Con todos los problemas en los que se encuentra sumida nuestra Patria, bajo la lupa de nuestra Carta Magna, poco margen de maniobra le queda a S. M. Felipe VI. Ahora bien, «poco» no significa «ninguno».

Rex regnat et non gubernat, “el Rey reina pero no gobierna”. Fue en 1830 cuando Adolphe Thiers pronunció la sentencia: Le roi n’administre pas, ne gouverne pas, il règne, en clara alusión al rey Carlos X de Francia. Tiempo más tarde Adolphe Thiers sería Presidente de la III República francesa (1871-1873). Por lo tanto, estamos hablando de costumbres francesas.

La C.E. (Constitución Española) es la norma suprema del ordenamiento jurídico nacional. En uno de los párrafos de su Preámbulo dice: “Consolidar un Estado de Derecho que asegure el imperio de la ley como expresión de la voluntad popular”. La pregunta es: ¿estamos en un Estado de Derecho que asegura el imperio de la ley? De tan obvia la respuesta no merece contestarla.

Si bien en la Monarquía Parlamentaria que los españoles nos dimos como régimen constitucional el papel del Rey es limitado, el monarca goza de un margen de maniobra que no es baladí. Aquí entramos en lo que realmente es el mayor problema institucional de nuestra Patria en estos momentos: su unidad territorial, la de la nación más antigua de occidente.

La C.E. –Título Preliminar– dice en su Artículo 2°: “La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas”. En el Art. 1.2: “La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado”. Y en el 1.3: “La forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria”. Abundando más sobre el asunto, el Título II (De la Corona), Art. 56.1, comienza: “El Rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia…”. Símbolo de la unidad y permanencia, ¿de qué? Pues del Estado, de la unidad de España.

Con estos mimbres, podemos colegir: a) que la soberanía recae sobre todo el pueblo español; b) que España es la patria común e indivisible de todos los españoles; y c) que el Rey representa la unidad y permanencia de España.

Son muchos los guiños –demasiados– que S. M el Rey ha hecho, no ya al nacionalismo, sino a los separatismos en general y al catalanismo en particular. Fue proclamado Rey el 19 de junio de 2014, en cuyo discurso dijo: «En ese marco de esperanza quiero reafirmar como Rey, mi fe en la unidad de España, de la que la Corona es símbolo». Pero en su primer discurso de Nochebuena llegó a afirmar “Millones de españoles llevan, llevamos, a Cataluña en el corazón. Como también para millones de catalanes los demás españoles forman parte de su propio ser. Por eso me duele y me preocupa que se puedan producir fracturas emocionales”. No, Majestad. Hay una ruptura en toda regla.

He leído en diferentes ocasiones a los partidarios que abogan la secesión en Cataluña, compararse con Escocia o Quebec. A Escocia se le permitió la convocatoria del referéndum porque Gran Bretaña no tiene constitución escrita, y el Parlamento británico votó dejar al arbitrio del Primer Ministro, Cameron, para permitirlo. Y, es más, los dos referéndums que se convocaron en Quebec fueron merced a la aprobación de “La Ley de Claridad” (no obstante la pregunta del referéndum, que era asaz ambigua, lo que en modo alguno garantizaba la autodeterminación con la victoria del sí).

Por otro lado, todas las constituciones del mundo y las diferentes cartas fundacionales de los organismos internacionales ponen su énfasis en la integridad territorial de sus fronteras y estados miembros. Permitir la secesión de una parte de España podría producir un efecto dominó en el resto de la nación, pudiendo llegar al cantonalismo –de infausto recuerdo–. El mismo efecto que produciría –con el precedente de Cataluña– en el resto de la UE, la cual no está, ni muchísimo menos, exenta de tensiones secesionistas. A vuela pluma: los lapones en Escandinavia; comunidad griega en Albania; bávaros, lusacianos y frisios en Alemania; valones y flamencos en Bélgica; húngaros de Eslovaquia; bretones, corsos y normandos en Francia; Creta, en Grecia; la Liga Norte y Sicilia, en Italia; Escocia e Irlanda en Reino Unido; o las minorías húngaras, que reclaman la independencia de parte de Transilvania, en Rumanía.

Ser Presidente de la Generalidad de Cataluña equivale a ser el más alto cargo institucional del Estado en dicha Comunidad. Exigir el derecho a decidir es un fraude de ley. Democracia significa el “Imperio de la Ley”, ergo el primer deber de un demócrata es cumplir con la Ley. Proponer un derecho alternativo al derecho vigente no es ser demócrata. Nuestra Constitución, en los Art. 1.2 y Art. 2 impide, expresamente, el tan reclamado derecho a decidir, por lo tanto reclamarlo reiteradamente para reprochar de anti demócratas a los que se ajustan a derecho es un ejercicio de demagogia intolerable. Estos separatistas no dieron un golpe de Estado, sino un golpe desde el Estado.

Antecedentes de hecho.

Don Felipe de Borbón es proclamado Rey el 19 de junio de 2014. Arturo Mas (a la sazón presidente de la Generalidad) se reúne en Zarzuela con el Rey el 17 de julio de 2015, con el fin de exponerle la hoja de ruta del separatismo catalán para conseguir la República de Cataluña –reunión que jamás debió conceder el Rey–. Entre medio de ambas fechas, tenemos la final de la Copa del Rey en el Camp Nou, entre el F.C. Barcelona y el A. de Bilbao, en la que hubo una impresionante pitada al Himno Nacional con la consiguiente e indisimulable sonrisa sardónica de Arturo Mas, sentado justo al lado del Monarca. Entre tanto, Pedro Sánchez, como jefe de la oposición, pedía la unidad de todos los partidos para hacer frente al soberanismo catalán.

La reunión con Mas nunca debió celebrarse. Todavía llegó a decir: “Vengo en son de paz”. ¡Hay que tener desvergüenza para decirlo y para escucharlo sin réplica alguna!Como muy bien apuntó D. Antonio García Trevijano (R.I.P.), S. M. Felipe VI está investido por la Constitución, cuyo Art. 56 1. dice textualmente: “El Rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia, arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones…”. El mandato no admite interpretaciones: “símbolo de su unidad y permanencia”. Arbitrar: Proceder libremente, usando de su facultad y arbitrio. Moderar: Templar, ajustar, arreglar algo, evitando el exceso.

Atendiendo a que no hay doctrina del Tribunal Constitucional sobre este particular, el Rey debería haber procedido libremente, usando de su facultad y arbitrio para suspender sine die la Generalidad de Cataluña, sin autorización del Gobierno ni del Parlamento. El Sr. Arturo Mas, en su toma como presidente de la Generalidad, juró lealtad a la Constitución y a S. M. Felipe VI. En esa reunión, que nunca debió de haberse consumado, podría –debería– haber sido detenido por sedición y juzgado por rebelión.

Antes de entrar en el capítulo de los indultos, quisiera hacer un apunte más. Tanto nuestros países vecinos –Francia y Portugal–, como Alemania, Italia y los EEUU (naciones no sospechosas de ser anti democráticas), prohíben taxativamente en sus respectivas Constituciones cualquier tipo de referéndum acerca de la separación de cualesquiera de sus territorios. Es más, en Portugal la ley electoral prohíbe la creación de partidos de ámbito regional o local. Pero en España, los complejos de “unidad nacional” hacían recordar al anterior Jefe del Estado, que sumado a la bonhomía de querer convencer, en vano, a la banda criminal ETA de que dejara de matar con la errónea y maldita idea de que “en España se puede defender cualquier idea por la vía pacífica y democrática”, propició que los partidos separatistas se envalentonaran.

Los indultos

Antecedentes de hecho

La Ley que regula los indultos en España data de 1870, y está basada en la Constitución de 1869.

¿Quién puede solicitar el indulto para un reo?

1.- El interesado, sus parientes y cualquier ciudadano sin necesidad de escrito de representación.

2.- El Tribunal sentenciador, el Tribunal Supremo o la Fiscalía (Art. 2 del Código Penal).

3.- El Gobierno, previa elaboración de informe y aprobación en Consejo de Ministros.

Para el caso que nos ocupa, los interesados jamás solicitaron esta medida de gracia, pero la amnistía sí. Lo que hubo fue ingentes solicitudes de indultos de terceras personas. Pero el TS –que es el Tribunal sentenciador–, a petición de un preceptivo informe no vinculante que le pidió el Gobierno, califico de indeseable la medida de gracia para los sentenciados del golpe de Estado.

Al único que le interesaba el indulto era al Gobierno de Sánchez.

El 1 de octubre de 2017, el Parlamento de Cataluña aprobó la declaración ilegal e inconstitucional de independencia. 

El 3 de octubre, S. M. el Rey, compareció ante todos los españoles, donde aseguró que “… desde hacía tiempo, determinadas autoridades de Cataluña, de una manera reiterada, consciente y deliberada, han venido incumpliendo la Constitución y su Estatuto de Autonomía, que es la Ley que reconoce, protege y ampara sus instituciones históricas y su autogobierno. Han vulnerado de manera sistemática las normas aprobadas legal y legítimamente, demostrando una deslealtad inadmisible hacia los poderes del Estado. Un Estado al que, precisamente, esas autoridades representan en Cataluña”.

A esta gentuza es a la que se las ha indultado el 23 de junio pasado, a los que perpetraron un golpe (en cámara lenta) desde el Estado, usando y abusando del erario.

Ahora la pregunta es: ¿quién es el responsable último de estos indultos?

Responsabilidad última de los indultos

“El indulto es la negación de la separación de poderes” (Mario Conde dixit). En el caso que nos ocupa es una colisión frontal entre dos de los tres poderes. Por un lado tenemos al TS (Tribunal Supremo) que juzga y sentencia; por el otro tenemos al Gobierno de Sánchez, que decide anular las penas a los nueve reos golpistas. Cuando hay una confrontación entre dos Poderes entra la figura del Jefe del Estado, único investido constitucionalmente para dirimir la cuestión. De no ser así, no habría división de poderes (que tampoco la hay).

Según reza la CE, corresponde al Rey (Art. 62 i) “ejercer el derecho de gracia con arreglo a la ley, que no podrá autorizar indultos generales”.

Según la RAE, ejercer es: 1.- Practicar los actos propios de un oficiofacultad o profesiónHacer uso de un derechocapacidad o virtud

No cabe interpretación posible. Si Felipe VI no “ejerce el derecho de gracia”, es decir que no firma porque no le sale de los «borbones», no hay indulto. Y, desde el punto de vista institucional, no hubiera pasado absolutamente nada. Ítem, además, decenas de miles de españoles en Cataluña (y en el resto de España) hubieran salido a celebrarlo a las calles.

La CE en su Art. 61 1. dice: “El Rey, al ser proclamado ante las Cortes Generales, prestará juramento de desempeñar fielmente sus funciones, guardar y hacer guardar la Constitución y las leyes y respetar los derechos de los ciudadanos y de las Comunidades Autónomas”. A la luz de este texto podemos llegar a conclusiones no deseables –por lo menos para mí– en el desempeño de Don Felipe VI.

«Delincuente» es quien comete un delito. Los nueve reos indultados son delincuentes, pero no delincuentes comunes (aunque sí vulgares). No eran una madre protectora. Al igual que los criminales etarras no son presos comunes. Esta gentuza ha atentado contra la Constitución Española, contra la integridad territorial de nuestra sagrada nación, contra el Estatuto de Autonomía de Cataluña y contra la Institución Monárquica, además de malversar fondos públicos. Con las “cosas de comer” no se juega. S. M. el Rey juró cumplir y hacer cumplir la C. E. y ha indultado a nueve reos que han atentado contra ella y que no pierden oportunidad en manifestar que volverán a hacerlo.

En mi siempre discutible opinión, Don Felipe VI no sólo se ha pegado un tiro en el pie, sino que se ha descerrajado un disparo en la sien de la Casa de Borbón. Es tal el quilombo que hay con la traición de Sánchez y la mesa de diálogo con los secesionistas que, en mi siempre discutible opinión y dentro de las limitadas facultades que tiene constitucionalmente el Rey, sólo le –nos– queda recordarle a Su Majestad que, en virtud del Art. 62 h) de la CE tiene el mando supremo de las Fuerzas Armadas”.

Ahí queda.

Un comentario en «Columna de La Reconquista | El papel de Don Felipe VI ante la crisis»

  • el noviembre 23, 2022 a las 9:40 pm
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    Excelente alegato constitucionalista👏👏👏 No obstante, en democracia el poder pertenece al pueblo soberano.

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