Columna de La Reconquista | “El mayor enfrentamiento de la Historia”

Hay pasajes en la Biblia que son misteriosos y pueden parecer incluso de mal gusto. Son como pasajes que estén fuera de lugar y de tiempo. Pero cobran relevancia y cobran sentido cuando llega el momento histórico adecuado. Uno de ellos es Mateo 10-34 en adelante:

“No penséis que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada. Sí, he venido a enfrentar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; y enemigos de cada cual serán los que conviven con él”

No existe un tiempo donde se pueda entender este pasaje mejor que en el actual. El Covid ha hecho que este evangelio se ajuste a nuestra realidad presente como nunca. En todas partes ha creado conflictos intrafamiliares como nunca ocurrió con ninguna guerra.

Si analizamos una por una todas las guerras desde la antigüedad hasta nuestros días, muy pocas fueron donde se enfrentaron miembros de una misma familia unos contra otros. Contiendas de todo tipo existieron desde tiempos remotos: una tribu contra otra, una familia contra otra, una ciudad contra otra, una provincia contra otra, un país contra otro, etcétera. Incluso existen las llamadas «guerras fratricidas», en las que los oponentes en conflicto forman parte del mismo territorio (como la Guerra Civil Española). Pero difícilmente encontramos casos donde miembros de una misma familia se enzarzaran belicosamente unos contra otros. Algo raro incluso entre miembros de una familia de la camorra o mafia. Cierto es que enemistades intrafamiliares por cuestiones de interés siempre hubo, pero a éstas hay que sumarles ahora enemistades domésticas por “vacunación”.

La Navidad debería ser una época llena de alegría, pero para muchas familias está acentuando las divisiones entre padres, hijos o hermanos, y sacan a la superficie tensiones sin resolver. Este año se suma una cuestión especial a esa dinámica: el hecho de que algunos miembros de la familia estén o no estén “vacunados”. Un ejemplo que podríamos extender a la inmensa mayoría de familias es el de Ángela, una mujer de 58 años:

“Tengo esclerosis múltiple y estoy completamente vacunada, pero mi esposo, que está en sus 60 años y tiene varias enfermedades crónicas, no está vacunado. Ni siquiera se pone la mascarilla.

Tampoco se quiere hacer la prueba del Covid-19, lo que significa que en Navidad no podremos ir a visitar a su padre, que tiene más de 90 años y vive en un asilo. No se han visto desde hace dos años.

He tenido muchas y muy largas discusiones con mi esposo sobre la vacuna. Le envié artículos de The Guardian y The Observer, y durante muchos meses intenté convencerlo de que estaba equivocado. Pero ahora ya me rendí por completo. Estoy cansada de todo esto. Le digo que no quiero conocer sus teorías y lo ignoro cuando me habla de ellas.

Mi madre, que tiene 89 años, se quedará con nosotros en Navidad. A pesar de que está completamente vacunada, me siento muy nerviosa al respecto. Su opinión es: ella sobrevivió a la guerra: ella puede sobrevivir a mi esposo.

La situación me parece muy angustiante y frustrante. También es agotador: me encuentro constantemente alternando entre el sentimiento de enojo hacia mi esposo y la preocupación de que se contagie de Covid-19”.

El miedo ha conseguido enemistar a padres con hijos, a hijos con padres, a esposos entre sí, a hermanos con hermanos, a suegras con yernos, a cuñados con cuñados, es decir, a todos con todos. Los medios de comunicación, como altavoces de la sociedad, pueden ser quienes ayuden en las situaciones de crisis a calmar a la población o a generar un clima de terror. En este caso han apostado por lo segundo. Y lo expresamos de esta forma, porque han expulsado de sus programas a todos los contertulios que discrepaban del relato oficial, no han facilitado debates serios entre médicos competentes a favor y en contra, han ridiculizado todo lo que no estaba establecido desde las más altas instancias, no se han preocupado de aclarar cuestiones importantes como: ¿Por qué no se realizaron autopsias?, y jamás han dado a conocer a los “expertos” que supuestamente estaban tras esta “pandemia” y que nadie conoce (aunque han reconocido que no existen). Podríamos decir que se han posicionado del lado de la mentira. Y podemos decirlo así, porque si mienten llamando “vacunas” a algo que no lo es, ¿en qué más nos pueden estar mintiendo? La verdad nos hace libres (sea cual sea) y han demostrado que no están a su servicio.

Algo que no es baladí es la cantidad de médicos que han perdido prestigio (e incluso sus trabajos) por no condescender con las posiciones oficiales. Estos médicos deberían haber sido escuchados en los medios. Es importante saber por qué alguien se juega su trabajo y su estatus; se merece, al menos, que lo dejen hablar. Merecen ser escuchados antes que los otros por una sencilla razón: “Porque hay que estar muy seguro de algo para echar a perder la propia vida”. Por otro lado, de los médicos oficialistas hay que dudar por lógica: porque no pierden nada, no arriesgan nada y quedan bien con el sistema (no digamos ya los que salen en televisión).

Corren tiempos para dudar, o directamente desconfiar de todo lo oficial. Podríamos hacer una lista interminable con las indecencias cometidas por todos los gobiernos al servicio del globalismo. Pero en este caso nos centraremos solamente en algún caso español.

En primer lugar, no se entiende cómo en el caso de los trenes de Atocha, una mochila surgida de la nada se convirtió en la principal prueba para armar la sentencia del 11-M y, en cambio los trenes, con todo su contenido probatorio, fueron desguazados de inmediato (24 horas después). Seguimos sin saber por qué nadie ha investigado esa evidente destrucción de pruebas. Tampoco se entiende la investigación de los abusos sexuales a menores tutelados en Baleares, donde los dos partidos implicados (PSOE y Podemos) rechazaron la creación de una comisión de investigación. ¿Por qué se silencia el “Expediente Royuela” en los grandes medios de comunicación? Se silencia que un padre y un hijo denuncian al exfiscal general de Cataluña, José María Mena Álvarez, de asesinar a más de 1300 víctimas y estas dos personas señalan a Zapatero y a la cúpula del Partido Socialista como colaboradores puntuales del mismo; máxime cuando Alberto Royuela llegó a decir algo que nos llamó poderosamente la atención: “A ver si tienen huevos para venir a detenerme”. Se está denunciando algo gravísimo y los responsables de denunciar algo tan sumamente grave no están imputados, no están detenidos… ni siquiera ha habido una sola palabra aunque solo fuera para tacharles de locos o de delincuentes.

El gobierno ha perdido toda credibilidad, y la ciudadanía tiene que tomar sus decisiones sin la influencia de éste, ya que demuestra constantemente no tener ningún tipo de escrúpulos. No son tiempos para fiarse de lo que nos dicen los gobiernos, estos siguen las pautas de organismos internacionales (como, por ejemplo, en cuestiones sanitarias la OMS) que tienen aún menos credibilidad que ellos mismos. Quien preside la OMS desde el año 2017, Tedros Adhanom Ghebreyesus, es unpersonaje controvertido, que ya fue muy criticado cuando fue propuesto para el cargo. De nacionalidad etíope y perteneciente al FLPT (Frente de Liberación Popular de Tigray, de ideología Marxista-Leninista), tuvo que aguantar cientos de manifestaciones por parte de exiliados de su misma nacionalidad; estos se manifestaban bajo la consigna “los que matan no curan”. Kifle Teka (exiliado etíope) comentó: “Tedros Adhanom pertenece a una banda criminal” –refiriéndose al FLPT.

A la vista de semejantes antecedentes, no parece que en la persona de Tedros se haya buscado una figura eficaz, sino más bien un individuo afín. Toma fuerza la hipótesis de que esta “pandemia” no sea algo tan natural, sino que más bien venga a ser un plan («Plan-Demia») para arruinar las economías y desestabilizar países. De ser así, nos estaríamos enfrentando a una guerra encubierta, a la que están apuntando ya muchas voces desde muchos países. Recientemente en España, un médico, el Dr. Ángel Ruiz Valdepeñas, hizo unas declaraciones a una televisión catalana, de las cuales entresaco algunas frases como:

“La gente no se cree la versión oficial. Esto tiene una intencionalidad, y no lo digo yo; me baso en estudios y declaraciones. Esto es un ataque biológico, y ya están preparando otro. Hay un estudio que se ha filtrado del ministerio del interior alemán, en el que han llegado a la conclusión que el confinamiento traerá más muertes que el virus. El gobierno ha tapado la boca a las televisiones con quince millones de euros (en España)”.

Si traer la paz representa vivir conforme a estos engañosos criterios de nuestro gobierno y de las instituciones supranacionales que se han ido elaborando a través del tiempo, al cristiano no le es dado llevar una paz confortable y conformista. Por desgracia, han conseguido implementar la guerra más devastadora que existe: la “guerra intrafamiliar”, algo que Jesucristo profetizó en los Evangelios hace mucho tiempo (o al menos coincide bastante con lo que está ocurriendo):

“No he venido a traer paz, sino espada. Sí, he venido a enfrentar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; y enemigos de cada cual serán los que conviven con él”.

@LaReconquistaD

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.