Columna de La Reconquista | “El derecho humano a la libertad religiosa (Parte IV)”

Le ruego, amable lector, disculpe usted que, por las circunstancias que atraviesa la Patria y por noticias que consideré de imperiosa necesidad comentar con mis pobres palabras, no hubiese continuado la secuencia de entregas de las columnas referentes a este tema tan importante y delicado, como lo es la libertad religiosa y el derecho humano a la educación religiosa. Por ello, aun abusando de su paciencia, desbrozaré –no “destrozaré”, o al menos intentaré no hacerlo– el trato tan diferenciado que se realiza sobre este tema en España y en los países hermanos de Hispanoamérica, tanto desde la perspectiva jurídica propia como desde la canónica –propia de la Iglesia Católica–, sin hacer de menos en modo alguno a las demás confesiones religiosas, por supuesto.

Dentro –o alrededor– del ámbito público, la religión se ha concretado no solo en el reconocimiento del derecho a la libertad de cultos –el derecho a la libertad religiosa–, y su alcance, sino también en la presencia de la religión como componente formativo de los ciudadanos, que suele denominarse «Educación Religiosa Escolar (E.R.E.)» –que suplico a usted no confundir con los nefandos ERES propios del derecho laboral–. Así, la religión si bien es competencia de cada una de las confesiones religiosas como formación religiosa, también es tarea del Estado como dimensión de la formación integral de cada uno de sus asociados.

La Educación Religiosa Escolar, diferente a la catequesis y a la cultura religiosa, en los países donde existe la Educación Religiosa se da en el ámbito de la formación pública, es decir, tanto en la escuela pública como en la privada. Este servicio educativo ha sido reconocido legalmente a través de diversos instrumentos jurídicos como las constituciones, los concordatos, las leyes y decretos, resoluciones y convenios entre el Estado y las diferentes confesiones religiosas o Iglesias. En algunos países tienen en su legislación un tipo de instrumento jurídico que regula la Educación Religiosa Escolar impartida por Iglesias no-católicas y otras denominaciones religiosas: “La existencia de estos marcos jurídicos habla de la Educación Religiosa Escolar como una actividad que se desarrolla en forma conjunta entre el Estado y la Iglesia. Hay una tendencia creciente a justificar la enseñanza religiosa como exigencia de los derechos de la persona, de la libertad religiosa y de cultos, del derecho de libertad de enseñanza y por el aporte a la formación integral”.

En España, América Latina y El Caribe, la Educación Religiosa Escolar está fundamentada jurídicamente en:

  • Constituciones  políticas: Costa  Rica,  Brasil,  Panamá,  Venezuela,  El  Salvador, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia.
  • Concordatos: España, Colombia, Perú  y  República Dominicana.
  • Leyes de Educación: España, Venezuela, Argentina, Colombia, Ecuador, Perú, Brasil, Bolivia, Chile, Costa Rica y República Dominicana.
  • Decretos sobre la Educación Religiosa Escolar: Colombia, Chile, Perú, Bolivia, Costa Rica y  Brasil (Decretos estatales).
  • Convenios y acuerdos: España, Bolivia, Venezuela, Colombia, Ecuador  y Perú.
  • En algunos países no es permitida la Educación Religiosa Escolar, como en Cuba, México, Paraguay y Uruguay y no se prevé este tipo de enseñanza en la escuela pública. En Paraguay, es opcional para las instituciones educativas incorporarla como cultura religiosa dentro de la adecuación curricular. Reciben financiamiento del Estado, siempre que aparezca con otro nombre en el plan curricular.
  • En algunos países, aunque existan los instrumentos legales, no se imparte la Educación Religiosa Escolar, en su debida forma, por diversas causas: en 6 naciones, por falta de presupuesto; en 5, por falta de profesores preparados; en 3, por falta de horario suficiente, en otros 5, por falta de claridad en los acuerdos Iglesia-Estado, en cuanto a su operatividad; y en 2, por obstaculización de algunos mandos medios –no falta aquél que sabe cómo saltarse tanto la letra como el espíritu de la ley–.

En cuanto al Estatuto Jurídico de la Educación Religiosa Escolar respecto a su obligatoriedad, se constatan las siguientes modalidades:

  • Es obligación ofertarla en los establecimientos educativos públicos de España, Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Chile, Perú, República Dominicana y Venezuela.
  • Es obligatorio que los padres expresen su opción, en Venezuela y Chile.
  • Es opcional para los alumnos y padres de familia en Brasil, Colombia, Costa Rica, Chile, Ecuador y en Argentina (en algunas provincias).
  • Es obligatoria para los alumnos católicos, en República Dominicana y Perú.
  • Es opcional para las instituciones educativas incorporarla como cultura religiosa, en Paraguay.
  • Es opcional para alumnos e instituciones educativas en El Salvador.
  • En algunos países, se ofrece una asignatura alternativa a la Educación Religiosa Escolar: como ‘Ética’ (en Argentina), y como ‘Educación en valores éticos y cívicos’ (en El Salvador).

Desde el punto de vista canónico, la Educación Religiosa Escolar se rige y orienta de acuerdo con el Código de Derecho Canónico vigente –que en la letra está muy bonito, como suele pasar siempre en la legislación, pero en la práctica nos sucede, como reza el refrán, que “del dicho al hecho hay mucho trecho”–:

  • El deber y el derecho de educar:“El deber y derecho de educar compete a la Iglesia, a quien Dios ha confiado la misión de ayudar a los hombres para que puedan llegar a la plenitud de vida cristiana” (c. 794 § 1). “Depende de la autoridad de la Iglesia la formación y educación religiosa católica que se imparte en cualesquiera escuelas o se lleva a cabo en los diversos medios de comunicación social; corresponde a la Conferencia Episcopal dar normas generales sobre esta actividad, y compete al Obispo diocesano organizarla y ejercer vigilancia sobre la misma” (c. 804 § 1). “También tienen derecho los padres a que la sociedad civil les proporcione las ayudas que necesitan para procurar a sus hijos una educación católica” (c. 793 §2). ¡Ay, cómo ignora la propia jerarquía sus deberes del munus docendi, y qué cuentas rendirán al Divino Maestro…!
  • La formación integral:“Debe procurar la formación integral de la persona humana, en orden a su fin último y, simultáneamente, al bien común de la sociedad” (c. 795), así que menos “ecología” –Laudato sii– y “amor fraterno descafeinado” –Amoris laetitia–, y un poco más de doctrina práctica.
  • La Educación Religiosa Escolar:“Los padres han de confiar sus hijos a aquellas escuelas en las que se imparta una educación católica” (c. 799). Aunque seguro estoy que muchos padres desconfían de cómo se imparten contenidos que chocan frontalmente con la sana doctrina que ellos aprendieron…
  • Legislación para la Educación Religiosa:“Deben esforzarse los fieles para que, en la sociedad civil, las leyes que regulan la formación de los jóvenes provean también la educación religiosa y moral en las mismas escuelas, según la conciencia de sus padres” (c. 799). Hermosa teoría, en verdad, pero… ¿superará el 2% el número de padres que se esfuerzan en ello?
  • Los profesores de Educación Religiosa:“Cuide el Ordinario del lugar de que los profesores que se destinan a la enseñanza de la religión en las escuelas, incluso las no católicas, destaquen por su recta doctrina, por el testimonio de su vida cristiana y por su aptitud pedagógica” (c. 804 § 2). “El Ordinario del lugar, dentro de su diócesis, tiene el derecho de nombrar y aprobar los profesores de religión, así como de remover o exigir que sea removidos cuando así lo requiera una razón de religión o moral” (c. 805). ¡Esto es de traca! Conozco muchas personas que están excomulgadas latae sententiae y que siguen “enseñando” –distorsionando– en escuelas y centros. ¡Miserere nobis, Domine!
  • Universidades para la formación de profesores:“La Iglesia tiene el derecho a erigir y dirigir universidades que contribuyan al incremento de la cultura superior y a una promoción más plena de la persona humana, así como al cumplimiento de la función de enseñar de la misma iglesia” (c. 807). En la mayoría de los países de Hispanoamérica, las Conferencias Episcopales no han legislado sobre esta  materia, aunque en España sí. De hecho, San Juan Pablo II reintrodujo el llamado “juramento antimodernista” –que no es sino la Professio Fidei, profesión de la recta doctrina y fe, para asumir cualquier cargo docente… yo lo presté en 1995, pero creo que pocos más lo hacen, salvo que los obliguen en conciencia los Ordinarios y Superiores–.

Así van pintando las cosas… No se entristezca, pero se pondrá peor en la entrega próxima, porque las violaciones que tanto los Estados como las jerarquías eclesiales hacen de las legislaciones que ellos mismos aprueban, signan y ratifican solo son papel mojado en muchos casos…

CONTINUARÁ…

@LaReconquistaD

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