Columna de La Reconquista | “El concepto de Reconquista a revisión, Parte II”

En continuidad con la Parte I (y las que serán sucesivas, puesto que 800 años de historia no pueden ser condensadas en tan breve exposición), hoy comenzaremos diciendo que en 2012 se dio una oportunidad histórica para conmemorar la Cruzada de las Navas de Tolosa, pero salvo por honrosas excepciones, la historiografía se enfocó en las Cortes de Cádiz de 1812. Es cierto, aquello no era asunto menor, pero como lo han citado Cervantes y John Donne al saber popular: las comparaciones son odiosas. Cada hecho histórico tiene su naturaleza y su contexto. Cargar la batería de congresos, seminarios y obras colectivas no era incompatible con un tema u otro. Pero la suerte estaba echada: el desprecio a la Reconquista en particular y a la España medieval en general, estaba echada. Podría afirmarse que el siglo XIII ha sido el blanco de las omisiones malintencionadas o de versiones torticeras como la creencia de que el Califato de Córdoba fuera una arcadia feliz.

A los historiadores del derecho nos suelen colgar un sambenito quienes creen que la formación jurídica fuese incapacitante para narrar lo pasado. En mi defensa –en el caso de que sea necesaria– acudo a la voz autorizada de Álvaro d’Ors (1915-2004): “El arte del historiador del derecho, como el de todo otro historiador, está en saber combinar los datos, incluso mínimos, con el amplio trazado de tradiciones y coyunturas: una microscopia de los textos con la macroscopía diacrónica y sincrónica de las instituciones. Por lo demás, el historiador no puede ir más allá de lo que permiten los textos conservados, y debe resignarse a practicar el «arte de ignorar», a diferencia del jurista, que debe construir soluciones congruentes para los casos no previstos en los textos de derecho vigente”.

Finalmente, aquí no se tienen las pretensiones de un redactor obras definitivas, sino de un narrador, toda vez que he partido de una premisa teleológica. Para explicar tal fin, acudo a Marc Bloch (1886-1944) quien afirmó: “Una palabra domina e ilumina nuestros estudios (históricos): «comprender». A su vez, Vicente Cárcel Ortí (1940), ampliando lo anterior, dijo: “La Historia no es juzgar; es comprender y hacer comprender”.

Para emitir juicios de valor en torno al Califato de Córdoba es deber explorar los textos jurídicos del momento y analizar el tratamiento a judíos, cristianos mozárabes y musulmanes. En ese siglo, en 1265, Alfonso X el Sabio legaba una obra jurídica monumental: Las Siete Partidas. Se trata de una lectura obligada para desmontar las ilusiones de Américo Castro –entre otros–.

No puedo ceñirme a dos artículos breves sobre porqué hoy está el concepto de Reconquista en la mira de los episodios históricos de España a olvidar o distorsionar. La Leyenda Negra no se ciñe a la Monarquía Universal Hispánica. Como propuso Pío Moa: Hay que mirar el cuadro completo, y si se quiere un punto de partida, comencemos con Leovigildo. Gustavo Bueno ponía como punto de partida Covadonga en el 722. Le tomaré la palabra al fundador de la Escuela de Oviedo. Esta segunda parte es eso, un capítulo más. Sigamos con lo concreto. En la siguiente entrega, iremos a Covadonga, a interpretar su significado.

Rigoberto G. Ortiz Treviño, Doctor en Historia del Derecho, orttrevrg@gmail.com     

@LaReconquistaD

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