Columna de La Reconquista | “El aborto mata también a la mujer”

Ante el tema del aborto, que parece que no interesarle a nadie y que ya dejó de suscitar debates (al menos en Europa), pues apenas aparece en conversaciones, medios de comunicación, sermones dominicales, incluso encíclicas papales –se echa de menos una encíclica dedicada por completo al aborto, que no a la vida en general–. Ante este panorama, encajan bien las palabras de Santa Catalina de Siena; “Basta de silencio, gritad con cien mil lenguas, porque, por haber callado, el mundo está podrido”.

Quizás, por no haber hablado en su momento y con la intensidad adecuada, en Occidente se haya asimilado el aborto más de lo que se hubiese hecho, si al menos los creyentes hubiesen puesto el grito en el cielo como decía Santa Catalina. Hablar de las cosas graves puede tener un doble beneficio: por un lado, convencer al de enfrente, y, por otro, no olvidarse uno mismo de lo que cree, como ya decía San Pablo: “Ay de mí si no evangelizare”.

Un cuento ilustra muy bien la frase de Pablo: Dicen que había un hombre predicando en una plaza, y lo escuchaban 200 personas, y el hombre seguía predicando. Al cabo de un tiempo, solo lo escuchaban 100, y el hombre seguía con su prédica, y así sucesivamente hasta que nadie lo escuchaba, y aun así, seguía predicando. En esto, pasó alguien y le preguntó: ¿Por qué sigues predicando si ya nadie te escucha? El hombre contestó: “Para que no se me olvide a mí”.

Admitir el aborto como algo plausible no obedece a ningún acto de justicia ni de sentido común. La ciencia seria tiene muy bien definido que en el momento de la concepción hay un nuevo ser humano. Jérôme Lejeune (padre de la biología moderna) lo tuvo muy claro, aunque su postura a favor de la vida desde la concepción hizo que su candidatura al Premio Nobel de Medicina en 1970 no saliera adelante, a pesar de la enorme importancia de sus descubrimientos.

Por un lado, tenemos a Lejeune, y por otro lado al Catecismo de la Iglesia Católica, que en su número 2270 dice: “La vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción. Desde el primer momento de su existencia, el ser humano debe ver reconocidos los derechos de la persona, entre los cuales está el derecho inviolable de todo ser inocente a la vida”.

Podríamos llegar a pensar que ante las evidencias científicas y religiosas no hay manera de admitir el aborto como una opción moral. Cierto es que mucha gente no tiene ningún tipo de información ni científica ni espiritual sobre este tema. Solo conocen lo que los medios de comunicación promueven. Por eso es muy posible que este tipo de personas solo cuenten, para salir de ese estado de ignorancia, de la palabra de los que saben qué es el aborto, y no hablar del tema puede contribuir por parte de los que son conocedores, al avance de esta verdadera pandemia que es el aborto.

Véase un aborto

El aborto es algo que no beneficia a nadie y que perjudica a todos los implicados. Una realidad que se oculta –pero que cada vez más personas conocen o padecen en el más estricto secreto– es el síndrome post-aborto, realidad que muchas veces, incluso, lleva al suicidio. La asociación AEBI (Asociación Española de Bioética y Ética Médica) dice que más del 70 % de las mujeres que se quitan la vida han abortado. Lamentablemente, en los últimos tiempos este problema está afectando también a gente que por sus creencias religiosas parecería que no estuviesen a favor de esta práctica, pero la realidad nos muestra lo contrario.

La catedrática de Bioquímica de la Universidad de Navarra, Natalia López Moratalla, explicó que “existe una comunicación natural entre madre e hijo en el embarazo, y romperla no es natural; por lo que el aborto supone una violencia sobre la mujer”. Así lo revelan, aseguró, estudios realizados en todos los países, excepto en España, donde “es muy difícil” realizarlos.

Como tal, este síndrome no es reconocido en el Manual de Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM), editado por la Asociación Americana de Psiquiatría, ni por el CIE 10 (Clasificación Internacional de Enfermedades) publicado por la Organización Mundial de la Salud (OMS). No obstante, la cantidad de síntomas que se pueden llegar a desarrollar es alarmante:

  • Síntomas depresivos: depresión, tristeza, pena, llanto frecuente.
  • Síntomas ansiosos: ansiedad, angustia relacionada con el aborto realizado.
  • Sentimientos de culpa: de vergüenza, de pérdida de autoestima y autorrechazo, con incapacidad de perdonarse por haber realizado el aborto, y puede acompañarse de necesidad de reparar, de desagraviar y reparar a la víctima, de remediar el daño cometido (a veces mediante un embarazo expiatorio “de reparación”, o una unión matrimonial, o convertirse en activistas provida, etc.).
  • Pesadillas recurrentes: sobre niños perdidos, mutilados, abandonados y muertos; pensamientos recurrentes e intrusivos o flashback respecto del aborto.
  • Evitación y/o rechazo de estímulos o situaciones que recuerden el aborto y sus circunstancias o consecuencias: como noticias de embarazos o abortos, ambientes clínicos pediátricos, eventos con niños pequeños (cumpleaños infantiles, reuniones familiares con niños pequeños, etcétera); puede haber un recrudecimiento de los síntomas presentes en la fecha en que tuvo lugar el aborto o en la fecha probable del parto de no haber sido interrumpido el embarazo.
  • Alteraciones conductuales relacionadas con emociones provocadas por el aborto: trastornos sexuales (inhibición o rechazo sexual, frigidez o promiscuidad), anorexia u otros trastornos alimentarios, abuso de drogas o alcohol, aislamiento social, falta de interés y atención a las tareas y obligaciones habituales, irritabilidad, ira, ataque de cólera, relaciones interpersonales abusivas, intentos de suicidio, etcétera.

Podríamos decir, sin miedo a equivocarnos (salvo en raras excepciones), que está demostrado que la mujer que lleva a cabo un aborto se convierte también en una víctima en la mayoría de los casos.  Leire Navaridas, voluntaria de la fundación RED-MADRE, mujer joven que pasó por un aborto voluntario y otro involuntario, conocedora de toda esta problemática por haberla padecido en carne propia, asegura que el aborto afecta a toda mujer (y hombres, pero más a la mujer) en lo más profundo de su ser, y que siempre termina afectando de manera consciente o inconsciente. Nos hacemos eco de unas palabras de Leire en una entrevista que le hizo el periodista Álvaro Sánchez León:

“Al conectarme con mis sentimientos, destapé una parte muy profunda y oculta que llevaba dentro. Por suerte, todas esas emociones me llegaron en un momento en el que me sentía respaldada por amigos de verdad para gestionar tanto dolor. Tomé conciencia de que había tenido dentro dos seres vivos vulnerables, y que, al primero, me lo había cepillado por iniciativa propia. Lo vi con toda la crueldad y la violencia que conlleva y me quedé impactada, porque no entendía cómo podía haber actuado con tanta falta de sensibilidad.

En mi decisión de abortar no encontré ni resistencia, ni tampoco motivación. Las pocas personas que se cruzaron en el camino me decían: “lo que tú quieras”. Su «camino de sanación» comienza reconociendo que ella había gestionado la situación pensando que tomaba una buena decisión. Era joven, no tenía un proyecto vital asentado, ni residencia, ni trabajo fijo… No se cumplían las típicas condiciones idóneas para ser madre, comenzando por la de ser feliz con mi pareja. Rápidamente, justificas tu decisión. No piensas que te has machacado a ti misma. Ese mismo proceso interno de justificar lo injustificable lo escucho en otras mujeres que han abortado o apoyan el aborto, y las comprendo, porque yo he estado en ese callejón”.

Muchas mujeres que lean este artículo pueden pensar que no todas tienen que pasar por este proceso… No parece que sea así, ya que el alto índice de suicidios nos muestra lo contrario. La sociedad no es consciente del grado de complicidad que todos tenemos en este asunto, desde las más altas instituciones hasta las madres o padres que aconsejan a sus hijas que den este nefasto paso. La mayoría de nosotros colaboramos con esta lacra, ya sea de forma activa o pasiva (262 niños al día en España y un número similar de mujeres rotas). La buena noticia es que se pueden sanar estas heridas. Leire nos lo ha demostrado.

Véase conferencia de Leire.

@LaReconquistaD

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