Columna de La Reconquista | “Dopaje socialista”

A propósito de esta “nueva normalidad”, que nada tiene de normal, y que ha sido tan pronosticada y profetizada por los “visionarios” que diseñan los acontecimientos antes de que ocurran; y a propósito de las graves consecuencias que ya está ocasionando dicha anormalidad, vamos a destacar algunas aberraciones que son especialmente reveladoras.

Estamos ante las piezas desordenadas de un puzle pero que pertenecen al mismo rompecabezas, piezas que tocan aspectos que no parecen tener relación entre sí, pero que encajan cada vez mejor juntas, y si logramos desenredar la lúgubre y bochornosa maraña que las encubre, vamos a poder descifrar este maldito rompecabezas.

Quienes están escribiendo el guión de esta pesadilla tienen muchos talones de Aquiles, porque no actúan en base a la legitimidad, sino movidos por el odio y el resentimiento, lo cual, les está haciendo cometer muchos errores sobre la marcha. Parece que tienen todos los cabos atados pero se están viendo forzados a improvisar.

La confusión reinante que mina la moral de la población y les hace abandonar el instinto de lucha, es totalmente normal en esta anormalidad, de hecho, es lo que pretenden, que vivamos presos del miedo y actuemos voluntariamente en contra de nuestros propios intereses legítimos, pretenden que nos sintamos novatos sin serlo, porque quienes están detrás de esta anormalidad nos llevan ventaja, pero no por ser más listos sino más malvados, y porque llevan más tiempo del que pensamos escribiendo “el guión” desde la sombra.

Pero si toda esta tóxica realidad tiene algún aspecto positivo, es que dichos malvados han tenido que salir de esa sombra que les protegía, han tenido que salir de su zona de confort, en la que llevaban escondidos mucho tiempo, y con ello, han puesto en evidencia a todos los psicópatas, parásitos, borregos e imbéciles que habitan entre nosotros, y que ni siquiera sospechábamos que existían en tan alto número.

Un ejemplo de estas aberrantes consecuencias son los Juegos Olímpicos que se están celebrando estos días de los meses de julio y agosto de 2021 en Tokio, pero un año después de cuando deberían haber sido celebrados, lo cual es algo insólito, salvo que estemos en tiempos de guerra. Unos tristes Juegos sin público, con mascarillas y sin mascarillas dentro de un protocolo normativo sin sentido alguno, con PCRs a todas horas, para justificar lo injustificable, y esconder lo que ya es una evidencia: la falsedad de todo este circo.

Se ve que poco les importa el deporte, salvo para usarlo como escaparate de la propaganda progresista. Quienes están escribiendo “el guión”, “la agenda”, “el plan”…, que nos está llevando al desastre, si no lo evitamos, son los mismos que han provocado otros desastres todavía sin resolver. Por citar sólo algún ejemplo: ¿qué es lo que mató a tantos seropositivos hace unas pocas décadas: una supuesta y novedosa enfermedad llamada SIDA provocada por un supuesto virus llamado VIH, o el miedo que les llevó a someterse a un tratamiento con retrovirales experimentales?

Pues estos “guionistas” que predicen el futuro y los resultados electorales son los mismos que intentan imponer la castración de la sociedad desde muy diversos frentes, como el genocidio abortista o la paranoia “trans”. “We need a plan…”, es la perversa amenaza de un afamado y cínico malcriado vendedor de virus y antivirus, que defiende siempre con una sonrisa maliciosa que: “… en 2030 no tendrás nada pero serás feliz…”, cuando su propia felicidad está basada en comprarlo todo, aunque está visto que el dinero no parece garantizar la felicidad.

Pero ese desfase en la celebración de las Olimpiadas de Tokio 2020 no es nada si contemplamos la irrupción arbitraria, también en la competición olímpica, de la paranoia “trans”: una nueva variante en la competición deportiva que no encuentra rival ni categoría propia para competir, y que simplemente ha sido colada a bocajarro en el “vestuario de las chicas” (tirando de sentido del humor porque el disparate es muy serio), y que está atentando contra la tan laureada “igualdad” del tan laureado deporte femenino.

Pues las mismas y les mismes que berrean en las manifas del 8M, son los mismos y lus mismis que promocionan la injusticia en el deporte: introduciendo cualidades genéticas masculinas en la categoría femenina, es decir, estamos hablando de los sucialistes y les comunistes. Y el resultado cuál puede ser, adivinen: pues el caos, la injusticia, la experimentación con humanos, etc., algo típico de toda revolución socialista.

Nos encontramos, por ejemplo, en el panorama deportivo internacional, en la disciplina de halterofilia, a Laurel Hubbard, que hasta hace menos de diez años se llamaba Gavin Hubbard, y que compite como mujer pero tiene la fuerza física de un hombre. Y en las disciplinas de lucha cuerpo a cuerpo ya han surgido casos como el de Mack Beggs, que se siente chico pero nació biológicamente mujer. Quien ha sido duramente criticada por sus aguerridas oponentes de la categoría femenina, no tanto por su presunta condición “transgénero”, sino por considerar que hace trampa al competir mientras está siguiendo un tratamiento hormonal con testosterona. Cualquiera diría que se ha dopado, pero las autoridades competentes consideran legal esta locura hormonada… Según esto: habría que devolverle todos los títulos a Lance Armstrong…

Nadie está diciendo que no puedan competir, pero eso sí: que compitan en una categoría propia, lo cual, es harto complicado porque habría que tener en cuenta si los tratamientos hormonales se pueden considerar dopaje, porque ya hay antecedentes históricos en que se emprendieron encarnizadas batallas para ver quién se hormona más, para convertir a un deportista en una máquina de ganar, pero con resultados esperpénticos. Como es el caso de Andreas Krieger, nacida como Heidi Krieger en la República Democrática Alemana, la Alemania socialista, la del lado oriental, la del lado este del Muro del que todos querían huir, porque estaba controlado por el régimen soviético, por los que construyeron “El Muro de Berlín”. Si fuera tan feliz esta mujer con su aspecto actual de hombre rudo, con incipiente calvicie y barba de dos días, si el falso “cambio de sexo” fuera tan bueno para las personas, Heidi Krieger, como tantas otras y otros, no habría sufrido un calvario depresivo. Y más aún teniendo en cuenta que es lesbiana y está casada con otra mujer. El I+D+I de los regímenes socialistas y comunistas siempre ha girado en torno al desprecio más absoluto hacia el ser humano, por tanto, siempre han intentado experimentar con humanos para transformar la naturaleza humana en una máquina carente de toda humanidad.

Otro antecedente que ilustra esta paranoia por masculinizar a la mujer y afeminar al hombre: es el hito histórico de la mujer tenista Billie Jean King (que podía ser Billie Jean Queen, pero se sentía más King), que derrotó a un hombre tenista excampeón llamado Bobby Riggs, el 20 de septiembre 1973, en un encuentro denominado “la batalla de los sexos”. Riggs había estado en el primer puesto del ranking mundial, y Billie Jean King sólo le ganó ese partido, pero esta victoria puntual ya se asumió como una derrota total del hombre frente a la mujer. Se consideró un hito de la lucha de la mujer feminista, pero no se tuvo en cuenta la diferencia de 25 años de edad entre ambos, ni que Riggs llevara casi 15 años retirado, mientras King estaba en activo.

Y de aquellas batallas, estas guerras. Mucho vocerío con la transfobia, pero el hecho de que no tengan una categoría propia demuestra que su condición particular no está siendo reconocida de manera oficial, sino que está siendo encajada forzosamente en uno de los dos únicos sexos que existen: el masculino o el femenino. Y la culpa de estas incoherencias la tiene también el propio LGTBLOBBY y los propios transgénero, que reivindican el “cambio de sexo” y el tratamiento hormonal con dinero público. Para empezar, la quimera del “cambio de sexo” realmente es una operación de extirpación y reconstrucción genital, porque biológicamente es imposible el susodicho cambio de sexo, dado que entran en juego muchos más factores aparte del “corta-pega” de genitales para definir a una persona como hombre o mujer.

Por tanto, ¿dónde está ese “orgullo trans” cuando una persona que ha nacido transexual o simplemente hombre o mujer se opera y se atiborra de hormonas que no posee biológicamente? Por consiguiente, esta paranoia de “autopercibirse con un género” que no existe: ¿es de índole biológico o psicológico?; ¿es inducido por el adoctrinamiento sistemático de la progresía socialista o es motivado por hormonas de las que se carece de nacimiento?; ¿es cultural o es natural? Son preguntas retóricas…

Y si el transgénero lo comparamos con la anorexia: ¿tenemos que darle la razón y ayudar a morir a una persona anoréxica, o lo más ético y humano sería ayudarla a recuperar peso? Esta comparación no es nada descabellada en muchos casos: porque una cosa es nacer transexual, y tener orgullo de serlo, y otra cosa es “autopercibirse” erróneamente. Al igual que una persona anoréxica alcanza una delgadez extrema porque se percibe erróneamente, porque se ve gorda en el espejo cuando está en los huesos, y en muchos casos la patología mental termina en suicidio…, una persona que nace con sexo masculino o femenino, pero se percibe errónea y caprichosamente como del sexo contrario, no tiene por qué someterse a ninguna operación ni tratamiento hormonal, porque no tiene marcha atrás y también puede terminar en un fatal suicidio.

De todo esto podemos concluir en tono moraleja que: es mejor competir con uno mismo, con tus propios límites, que con los límites de otro; competir con uno mismo es el mayor reto porque no hay posibilidad de hacer trampas, competir con los demás es una pérdida de tiempo y autoestima, sólo sirve para confirmar que somos diferentes, pero no por ello peores o perdedores. Las categorías deportivas no existen porque sí. Que nos intenten conducir hacia un abominable “pensamiento único”, un “deporte unisex”, etc., donde los tratamientos hormonales con testosterona no son considerados dopaje, es otra forma socialista más de enviar a la civilización humana al desastre, pretenden repetir lo peor de su propia historia, los horrores del pasado, los genocidios comunistas que les avalan.

De lo que no se dan cuenta las feministas es que si una mujer tiene que ser como un hombre, competir contra un hombre para superarse a sí misma, aspirar a los supuestos derechos de un hombre, ellas mismas no estarían creando su propio sello, porque rivalizar con un hombre es tomarlo como referencia, y de hecho siempre están haciendo las cosas en función del hombre, en base a lo que el hombre ha conseguido, en base a los logros masculinos, pero no están aportando nada nuevo ni mejor, están eliminando a la propia mujer. La naturaleza de una mujer es singular y diferente, ¡y viva la diferencia!

@LaReconquistaD

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