Columna de La Reconquista | “Dictadura en “democracia”: ¿la paradoja española?”

Colocamos “democracia” entre comillas por la gran ambigüedad del término. La imagen mental del significante no será la misma para un ciudadano que vive en Cuba, China o Corea del Norte que para un europeo o estadounidense. Tampoco es necesario salir de nuestro país. “Democracia” no es lo mismo para un liberal que para un comunista, o un nacionalista. La soberanía del pueblo-demos –vinculada en sus inicios a otro concepto muy manido, el de “libertad”– ha quedado desvirtuada en nuestros días. Las transformaciones económicas, sociales, filosóficas, científicas, tecnológicas y políticas desde el siglo XVIII, con la Revolución Francesa, hasta los albores del siglo XXI han sido numerosas.

No es objeto de este breve artículo ahondar en las teorías, argumentos, contradicciones, correcciones y planteamientos de los pensadores, ni mucho menos analizar las transformaciones enumeradas. Los clásicos ya lo han dicho todo, y seguiremos acudiendo a ellos. Si bien, consideramos que las aportaciones en este asunto de Hobbes, Rousseau, Montesquieu, Locke, Friedrich, Croce, Whitehead y Carl Schmitt, por citar algunos de los más relevantes, deben ser tenidas en cuenta.

Nos interesa la idea del “grupo constituyente” de Carl Friedrich: «un poder de resistencia, residual y desorganizado que trata de limitar al gobierno y que sólo puede entrar en juego cuando el gobierno funciona mal», que luego defendería en España Antonio García-Trevijano. ¿Se imaginan con libertad de acción a ese grupo constituyente? Eso sería parte de la democracia pura o democracia directa, que defiende Trevijano, que poco tiene que ver con la contenida en la Constitución de 1978 cuya existencia agradecemos. Desde el respeto a la Carta Magna, con el ánimo de fomentar la reflexión, nos preguntamos: ¿Qué democracia es esta que tenemos en España, que cada día se parece más a una Dictadura? ¿La separación de poderes de Montesquieu, que de hecho no existe? ¿Participar cada cuatro años en unas elecciones, sin garantías de que nuestro voto no sea manipulado? Y nos seguimos preguntando: ¿a quiénes representan los legisladores en el Congreso y en las diecisiete Comunidades Autónomas? ¿Es esta oligarquía de partidos una democracia? Son preguntas recurrentes que nos hacemos muchos españoles; españoles de diferentes ideologías, que defendemos la libertad como principio básico en una sociedad civilizada.

¿Y qué entendemos por “libertad”? Conocido es que las dictaduras y los pequeños o grandes tiranos acuden a este vocablo para doblegar y hacer obedecer a los ciudadanos, a los que consideran súbditos o enemigos. La libertadde una persona intolerante e irrespetuosa con las ideas ajenas es la que prohíbe algo a otro que no opina igual que él. Una anécdota vivida recientemente puede ilustrar esto que decimos.

El pasado 6 de diciembre, en una manifestación en La Coruña, varias organizaciones de ideologías y credos diferentes se dieron cita en la Plaza de Galicia, a las puertas del Palacio de Justicia gallego. Todos unidos en contra de las últimas medidas sanitarias adoptadas por el presidente de la Junta, Núñez Feijóo. Todos unidos por un grito: «¡LIBERTAD!» (entre otras proclamas). Pero a ciertos participantes no le agradó ver la bandera española que portábamos algunos de nosotros, y sus soflamas se volvieron contra nosotros: «¡FUERA BANDERAS!» ¿Qué libertad defienden los que prohíben la libertad de los demás?

Abuchearon al presidente de La Reconquista, y le quitaron el móvil por llevar nuestra bandera española

Nos interesa la definición que hace García-Trevijano de “libertad política colectiva”: «Es aquella que no procede de ninguna ley, que no es un derecho, que es una conquista del pueblo. Se llama colectiva, porque es constituyente.» Desde la época clásica, sólo el pueblo estadounidense, cuando ganó la guerra de la Independencia, conquistó la libertad política. La libertad colectiva no está sujeta a las leyes, las crea.

En España nunca ha habido libertad política. La libertad que nos otorgan las leyes es falsa. Porque igual que nos las da, nos las quita

Esta tesis que defendemos aquí la estamos sintiendo, como fuego candente, en nuestra piel desde que se iniciara la denominada “Pandemia”. En aras de nuestra salud, el bien común y nuestra seguridad, los legisladores nos han privado y continúan haciéndolo de libertades y derechos fundamentales recogidos en nuestra maltrecha Constitución de 1978: Libertad de reunión, libertad de movimiento, libertad religiosa, libertad personal, a la intimidad personal y familiar, a la propia imagen, libertad de expresión e información, a la libertad de cátedra, a la educación, el derecho a la vida, a la integridad física, a la propiedad privada, el derecho a la igualdad y no discriminación… Y algo aún más grave, si cabe, están atentando contra algo consustancial en el ser humano: la libertad de pensamiento. A través del control férreo de los subvencionados mass media y las Redes Sociales, el ciudadano medio solamente recibe información censurada. La mentira, la manipulación y la propaganda propias de las dictaduras se han instaurado en España.

Mención aparte merece la dictadura sanitaria. La ausencia de debate científico, así como la obediencia de nuestro gobierno a entidades supranacionales, ha supeditado nuestro bienestar a protocolos abusivos, que nada tienen que ver con nuestra salud  física y mental. Vivimos en el imperio del miedo y la deshumanización de las instituciones sanitarias, y no sanitarias. Un gran número de profesionales sanitarios están violando su juramento hipocrático. Asimismo, Sanidad interfiere en los ámbitos de la hostelería, el ocio, o los desplazamientos de los ciudadanos. Incluso han tenido la osadía de jugar a la ruleta rusa con la salud de nuestros niños.

¿Es esto vivir en “democracia”, aunque lo diga nuestra Constitución? ¿Se cumple la Constitución o la paradoja?

Regresamos, como siempre, a nuestros sabios clásicos para encontrar la luz y la cordura. En La guerra del Peloponeso de Tucídides leemos un bello discurso en elogio de las primeras víctimas de la guerra, en el que se trazan los rasgos políticos de la democracia directa, después de exaltar la libertad de acción de Atenas en la guerra y en la paz:

«Nosotros nos gobernamos en un espíritu de libertad y esta misma libertad se encuentra en nuestras relaciones cotidianas. Apreciamos la belleza, sin amar por esto el fasto, y tenemos gusto por las cosas del espíritu, sin caer en la molicie. Hombres de acción, usamos nuestras riquezas como medios y no para presumir. No hay vergüenza de confesar que se es pobre, pero la hay de no hacer nada para salir del estado. Los que participan en el gobierno de la ciudad pueden ocuparse también de sus asuntos privados, y aquellos que sus ocupaciones profesionales absorben pueden muy bien estar al corriente de los asuntos públicos.»

Vemos que las libertades políticas no limitan la libertad civil. Y que democracia y libertad son la doble cara de la misma moneda. Así lo entendemos.

Por último, quisiéramos destacar nuestra tesis fundamental sobre la libertad, con las palabras de Whitehead: «Cuando hablamos de libertad tendemos a limitarnos a la libertad de pensamiento, de prensa, de opinión, religiosa… La exposición literaria de la libertad se limita a detalles secundarios. En realidad, la libertad de acción es la necesidad humana más primaria.»

@LaReconquistaD

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