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Columna de La Reconquista | «Cosa pasada es cosa juzgada»

Columna de La Reconquista | "Cosa pasada es cosa juzgada"

Dicen los científicos que no hay verdad más cierta que la evidencia. Y la evidencia, según la Real Academia Española, es la “certeza clara y manifiesta de la que no se puede dudar”, por lo que es la irrefutabilidad de algo constatado que, guste o no, objetivamente así ha sido y así es. No depende de gustos, sentimientos, emociones, pareceres, opiniones ni apreciaciones, simplemente es. Se aplica tanto al presente como al pasado, pero tiene la característica de que, aplicada a los sucesos acaecidos (y de los que guardamos memoria documental), se convierte en algo irrebatible.

Por ello, señor lector, he querido recordar en la sentencia que intitula la columna que está usted leyendo, las siempre veraces palabras del Manco de Lepanto, cuando pone en boca del Caballero de la Triste Figura este refrán, “cosa pasada es cosa juzgada” (I,30), aludiendo a la fidelidad que a su dama Dulcinea ha de guardar –y no quererse casar con la Princesa Micomicona, que era la sugerencia del buen Sancho–. Insiste el valeroso hidalgo que no puede dudarse de lo que ha de hacer, y que por ello se ha de considerar como esa cosa juzgada (que, en español actual, lo hemos convertido en expresiones como “a lo hecho, pecho”, o “palo dado, ni Dios lo quita”).

¿Cómo es que le sugiero esta reflexión el día presente, amable lector? Porque estamos hasta la saciedad (por no decir hartura) de que la Historia sea modificada, pervertida y así enseñada, escrita y difundida gracias a nefastas ideologías que no pueden comprender algo tan sencillo como la “evidencia objetiva”, toda vez que viven en su “Barrio Sésamo” de la contumaz negación –rencorosa, agria y triste– respecto a un pasado que, velis nolis, no puede ser cambiado por decreto, ley ni editorial… Otra cosa es que se quiera recordar (y no le voy a referir a usted todas las experiencias y palabras de los profetas del Antiguo Testamento, que una y otra vez insistían en que el pueblo elegido se olvidaba de su Señor y Dios, su Padre y Creador, empecinados en “coquetear” con ídolos, riquezas aparentes y todo lo que corrompe el alma… ¿Acaso cualquier parecido de aquellos tiempos con la realidad circundante será pura coincidencia? No lo creo así).

Sin embargo, no solo es la Historia lo que corre peligro de olvidarse. Lo son igualmente la Biología –con las absurdas «ideologías de género», sinsentidos hechos ley e impuestos a la educación de los infantes, jóvenes y adolescentes–, la Ética –con el subjetivismo asfixiante en nombre de unos supuestos “derechos” más falsos que Judas, llegando a ser una antiética plena, trastocando lo «bueno» por lo «malo y viceversa–, el Derecho –que ya no quiere tomar como base y esencia la Justicia de la que dimana, sino que, como oveja perdida, se dedica a un voluntarismo extravagante y ajeno por completo a la axiología y deontología jurídicas, quizá por falta de conocimiento de la ontología y epistemología jurídicas–, la Medicina –al tener que inventar nuevos términos para coaccionar a unos a inyectarse o a otros para que no se ofendan cuando una falsa «mujer trans» tiene un diagnóstico de cáncer de próstata–… ¡hasta las Matemáticas ya han de ser inclusivas y aplicadas con perspectiva «de género»!

No puedo decidir en mi mente si es mayor en los defensores de las tropelías, barbaridades y necedades expuestas la ignorancia, la maldad o la brutalidad. Entiéndaseme que la diferencia entre «bruto» e «ignorante» es grande, puesto que el primero no puede aprender ni aun queriendo, mientras que el segundo puede hacerlo pero no quiere… quizá por maldad, malevolencia pura, sumisión extrema (debe ser algo como una nueva ley de «solo así es así») o beneficio económico (que no falta, no falta…). Me arriesgo, por cristiana caridad debida, a apostar que su ignorancia es la causa de su negrura intelectual y moral, más siniestra y laxa que decente y formada.

De la mano a todo ello, nos quieren hablar de «reivindicación de la dignidad», por ejemplo, cuando quieren alabar a 13 presuntas “señoritas” muertas hace 80 años, pero arrojando al olvido a 855 personas inocentes asesinadas por la ETA (la última de ellas hace 10 años, “cosa pasada es cosa juzgada”), o que esas impúdicas “rosas” –así les llaman, no lo invento– son equiparables a todo el jardín de santidad de los más de 7.500 martirizados por el odio a la fe católica durante la Guerra Civil (“cosa pasada es cosa juzgada”). También nos imponen (por decreto, claro, puesto que saben perfectamente que la razón abomina de ello) una cosmovisión «hembrista» –sí, ésa conformada por “seres de luz” y denominaciones igual de “chulis” que inventan, deslegitimando el auténtico feminismo– por la cual sólo la palabra de la dama es auténtica –aun cuando se demuestre que dicha “dama” ha mentido, como en el caso de una menor que denunció haber sido víctima de una violación por temor a un castigo al llegar tarde a casa, si bien mientras tanto el acusado (varón, claro) en el “bote” sin presunción alguna de inocencia (“cosa pasada es cosa juzgada”)–, y hasta pareciera que pretenden cambiar las 5 eras glaciales (porque sería muy necio suponer que la evidencia de que en el hemisferio norte hace calor en verano y frío en invierno sea suficiente para justificar un «cambio climático», sin negar que estén induciendo cambios artificiales, según informaciones de diferentes medios, que dejo a su criterio, señor lector).

Todo ello es ejemplo de “evidencia”, según el espíritu y letra de la quijotesca expresión de “cosa pasada es cosa juzgada”. No ha de dársele más vueltas a muchos asuntos, sino más bien resolver los pendientes y acuciantes problemas que son más que las cortinas de humo que quieren cernir sobre nuestras mentes. No se le han de buscar cinco pies al gato, porque no es encontrar aguja en el pajar comprobar que solo tiene cuatro. En lugar de «géneros», «hipersexualización», perversión «educativa», «transición climática», uso de la corbata, etcétera, es preferible que sus (escasamente) “brillantes” mentes diluciden cómo sacar España de la recesión económica, de la inversión laboral, de la ignorancia educativa, de la carencia de servicios médicos por demoras, del endeudamiento con el ente que denominan «Europa» –porque no puedo creer que estemos en deuda con un continente en lugar de con los “aprovechados” que dirigen los destinos de la artificial Unión Europea–, y otro más largo etcétera. En efecto sé que es pedir demasiado al actual «des-gobierno» que tenemos, pero es muy válido sembrar para un futurible gobierno de coherencia, mérito, juicio, capacidad, honestidad, conocimiento, principios y amor a la Patria… No creo que sea mucho pedir…  

“Cosa pasada es cosa juzgada”. Así lo demostraron nuestros padres con el espíritu de la transición democrática –aun cuando en lo personal considero que se incurrió en un exceso de buena fe, y por ello en el error de un exorbitado «buenismo», porque el que ha traicionado una vez es casi seguro que lo volverá a hacer, como lo demuestra el pútrido socialismo, el nauseabundo comunismo y los deleznables nacionalismos casi siempre terroristas–. Se pudo dar la espalda y poner un broche de cierre a cuatro décadas (sin olvidar las lecciones recibidas, aunque, por desgracia, poco aprendidas), dando por pasado el tiempo anterior, sin condenas ni alabanzas, sino como un mero hecho que transcurrió. Por mucho que se empeñe uno, no puede volver a tener una edad pasada (o, como afirmó Heráclito, “no es posible bañarse dos veces en el mismo río, porque nuevas aguas corren siempre sobre ti”), y por ello es de una estulticia supina tanto pretender negar lo que fue como afirmar que fue diferente.

¡Pobre España, tan vejada y tan vendida, tan traicionada y tan herida! Vae victis! Pero no dudemos que la buena voluntad, la búsqueda del auténtico bien común por los senderos de la recta razón, el juicio ponderado y el deber bien cumplido pueden lograr que nuestra Patria, aun in extremis, viva orgullosa de sí misma, bajo un buen gobierno y una justa ley. Si bien es cierto que “cosa pasada es cosa juzgada”, también lo es que podemos cerrar este nefasto ciclo de senderos derruidos y recorrer un bendecido camino de avances y auténtico progreso en el bien. Pido al Todopoderoso que así sea.

@CondestableDe

@LaReconquistaD

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