Columna de La Reconquista | Carta abierta (y cerrada) al presidente Pedro Sánchez

Estimado Sr. Presidente del Gobierno del Reino de España:

Permítaseme que por este medio me dirija a Vd. Me dirijo a Vd. en 3ª persona, porque yo le hablo de Tú a Dios y Vd. –mal que le pese– está muy lejos de emularlo.

Me dirijo a Vd. en 3ª persona porque -afortunadamente- no nos han presentado. De haber sido así probablemente hubiera habido algo más que palabras.

Poco me importa si le llega a Vd. esta misiva, la cual escribo porque soy de letras y me sirve de válvula de escape para hacer de Vd. el vertedero de todos mis residuos tóxicos en contra del Estado que Vd., y sólo Vd., representa. Emulando al Rey Sol, “le Roi Soleil”, cuando sentenció “L’État c’est moi” (el Estado soy yo).

Sr. Presidente, Vd. y todo su Gobierno son empleados de los españoles, y no al revés. No somos sus súbditos y quiero que lo sepa.

Yo le respeto mucho por su cargo institucional.

En virtud del Art. 20.1.A de la C.E. se consagra el derecho “A expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción”. Y en virtud de este derecho constitucional le escribo. Y, la verdad, si le llega o no este escrito, no me importa un carajo, sino dos.

Ortega definía la democracia como una tiranía sin tensiones. Ha tenido Vd. que llegar al Gobierno para cargarse esta brillante definición, porque su Gobierno es una tiranía con muchas tensiones.

En el ejercicio de mi libertad de expresión, podría decirle a Vd. que es un mamarracho al servicio de la agenda 2030, pero no se lo voy a decir porque yo le respeto mucho por su cargo institucional. También podría decirle que es Vd. un majadero, un botarate y un sinvergüenza, pero tampoco se lo voy a decir porque, reitero, le respeto mucho.

Como muy bien apuntó el politólogo argentino Agustín Laje, a la izquierda se le juzga por sus intenciones y a la derecha por sus resultados. A mí me consta que Vd. anida muy buenas intenciones, tanto es así que:

1.- Ama tanto a los animales que les ha dotado de más derechos que a los seres humanos.

2.- Detesta tanto el dolor ajeno, que permite acabarlo con una sobredosis de morfina.

3.- Lucha tanto por las mujeres que ha subido a la categoría de “derecho” el aborto (llamemos a las cosas por su nombre). Y se consagra que cualquier sospecha de maltrato físico, psíquico, emocional, sentimental o de la naturaleza que fuere, acabe con el sospechoso pagando prisión.

4.- Ama tanto a la libertad y a los niños, que les va a permitir que hagan lo que les salga de los cajones, desde desobedecer y denunciar a sus propios padres hasta mutilarse los genitales en plena pubertad. En este sentido, también ha liberado a nuestros niños del desagradable trabajo de tener que estudiar.

5.- Es Vd. tan ciudadano del mundo que pugna porque nuestra Patria sea un puzle de razas, de idiomas, de culturas, de religiones… aunque todas sean antagónicas.

6.- Está tan preocupado por la Pachamama que el vergel que era España lo está convirtiendo en un árido desierto. Posiblemente con el fin de que los bereberes que nos están invadiendo se sientan como en casa.

7.- La libertad de autopercepción con Vd. está llegando a cuotas esquizoides. Es decir, que yo, español por los cuatro costaos, varón, heterosexual, de raza blanca, edad provecta y aparentemente sano puedo autopercibirme (y obligar a que las instituciones y mi entorno respeten mi decisión) como una adolescente noruega, de raza negra y en silla de ruedas. Gracias Sr. Presidente. Le respeto tanto porque nunca los españoles nos sentimos más libres que con Vd.

8.- Es Vd. tan español y ama tanto nuestra gloriosa Historia que nos va a retrotraer en el tiempo, de tal manera que volvamos a los reinos de taifas, de forma que lo que con el anterior régimen eran bellas regiones españolas vuelvan a ser condados feudales, y que el Sr. Puigdemont sea el nuevo Conde de Barcelona.

9.- Vd. tiene la certeza moral de que nuestros antepasados, forjados bajo el hierro del Honor, fueron muy, pero que muy malos en la evangelización de las Indias Occidentales, por lo que España debe pedir perdón a todo un continente. Al igual que Ceuta, Melilla y Las Canarias hay que entregárselas al reino alauita por estar más próximo a esos territorios que de la península ibérica. Es Vd. todo un bien intencionado, sin duda alguna. Pero de Gibraltar ni hablemos.

Podría estar escribiendo mucho, mucho tiempo. Es Vd. todo un progresista bienintencionado, tanto es así que si hubiera que recoger firmas para su beatificación yo saldría a la calle.

Es Vd. la encarnación de Don Juan Tenorio: Alto, esbelto, bello. Cuando le miro me turbo y cuanto más le miro más turbado estoy. Parecen escritos para Vd. los versos de Zorrilla:

… no hay lance extraño,
no hubo escándalo ni engaño
en que no me hallara yo.
Por dondequiera que fui,
la razón atropellé,
la virtud escarnecí,
a la justicia burlé
y a las mujeres vendí.
Yo a las cabañas bajé,
yo a los palacios subí,
yo los claustros escalé
y en todas partes dejé
memoria amarga de mí.

Pero lo que no le perdono, respetado Sr. Presidente, es que sea el secretario general del partido más corrupto, ladrón y asesino de la Historia de España. No le perdono que sus bienintencionadas y deliberadas irresponsabilidades nos estén llevando al abismo.

Y aquí se acabó el respeto. Vd. es un arribista, un narcisista y un megalómano. Se cree un ser de luz que ha venido a la Tierra a cumplir una misión, pero para esa misión le sobran escrúpulos y le falta categoría. Sólo es cuestión de estilos.

Acogiéndonos al sentido étimo de determinados vocablos como “idiota” (del griego ignorante), “imbécil” (aquel que presenta algún grado de minusvalía mental), “estúpido” (quien de manera consciente o inconsciente hace algún daño a terceros sin beneficio aparente).

En virtud de estas definiciones académicas, podría decirle a Vd., sin riesgo a equivocarme, que es un idiota, un imbécil y un estúpido. Pero no lo voy a hacer. Mis labios permanecerán sellados.

No le deseo ningún mal. Tampoco le deseo ningún bien. Sencillamente, no le deseo. Vs. no se encuentra en el sustrato de mis veleidades oníricas.

No me puede imputar un delito de odio, Sr. Presidente, porque –créame– yo no le odio. Ítem más, admiro su sangre fría y su cálculo pitagórico, inasequible al desaliento, a la crítica, al llanto, al dolor y a la desesperación de los españoles; en ocasiones es una admiración morbosa la que siento por Vd. Haciendo un ejercicio de empatía llego a entenderle, porque, Sr. Presidente, Vd. está haciendo lo único que sabe, dado que el bien lo hace muy mal, pero el mal lo hace muy bien. Le respeto por su cargo institucional. Pero tenga la certeza de que si existiera el delito de desprecio y el delito de asco me enfrentaría a una pena de prisión permanente revisable.

“Dios cierra una puerta… pero siempre abre una ventana”. De veras que no quiero que Vd. se precipite por ella.

Estoy encantado de no haberle conocido hasta ahora.

¡¡¡ARRIBA ESPAÑA!!!

Un comentario en «Columna de La Reconquista | Carta abierta (y cerrada) al presidente Pedro Sánchez»

  • el noviembre 16, 2022 a las 6:29 pm
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    Esta carta podría haber servido para cualquier político, pasado o presente. Incluido Paco y su camarilla en sus 40 años, o todos los anteriores. Los políticos son el peor cáncer de una sociedad. Son su ruina.

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