Cárcel para el marroquí sin papeles que violó e intentó asesinar a una guardia civil

La Audiencia Provincial de Almería condena a 23 años y diez meses de prisión a H.B., el joven de 27 años que agredió sexualmente e intentó matar a una agente de la Guardia Civil tras introducirse en su apartamento, ubicado en la costa de Roquetas de Mar.

El acusado es condenado a 22 años y cuatro meses de prisión por un delito de allanamiento de morada agravado en concurso medial con el delito de agresión sexual, con penetración agravada por el uso de arma, y del delito de homicidio en grado de tentativa.

La Sección Segunda considera probado que el acusado, cuando contaba con 25 años de edad, se dirigió al domicilio de la víctima, a la que conocía superficialmente por haberla acechado la tarde anterior. El agresor «valiéndose de un bloque de hormigón» fracturó un cristal para abrir la puerta de la casa.

Tras empuñar un cuchillo, el hombre se dirigió a la habitación donde la víctima dormía, si bien esta se despertó y al verle «le dio el alto y se identificó en alta voz como agente de la Benemérita». El procesado, ignorando dicha condición y con ánimo de menoscabar su integridad física, se abalanzó sobre ella, amenazándola con el cuchillo pronunciando amenazas del tipo «cállate o te mato».

La mujer se identificó en varias ocasiones como agente de la autoridad, pero esto no influyó demasiado al agresor, quien le amenazó con matarla si no se callaba antes de agredirla sexualmente sobre la cama. Allí continuó golpeándola y llegó a oprimirle el cuello «hasta dejarla momentáneamente sin respiración».

Cuando el acusado se levantó de la cama, la víctima aprovechó para huir de la vivienda por la oquedad que este había ocasionado, sin que lo consiguiera al ser alcanzada por su agresor, quien la agarró del pelo y la condujo a una playa cercana donde le exhibió una navaja de pequeñas dimensiones y la volvió a amenazar para, acto seguido, taparle la boca y la nariz con arena «para que no respirara».

Dos agentes se presentaron en el lugar de los hechos sorprendiendo al agresor, desnudo sobre la víctima. Este salió corriendo aunque pudieron darle alcance a pocas calles.

Durante su arresto, el acusado mantuvo una actitud violenta, tiró piedras a los agentes y a uno de ellos le golpeó con el codo.

El juicio

Durante el juicio, que se celebró a puerta cerrada, el acusado aseguró que en el momento de los hechos estaba manifiestamente «empastillado». También dijo no recordar nada por estar bajo los efectos del alcohol; una versión que el tribunal desestima con base en las aportaciones de los testigos así como de su comportamiento, ya que tras ser detenido por primera vez «logró desasirse de las esposas, saltó la alambradas y verjas» y lanzó piedras a uno de los agentes, «lo que demuestra que sus facultades intelectivas y volitivas estaban indemnes».

De otro lado, valora la versión «nítida, persistente e idéntica en el tiempo sin variación» ofrecida por la víctima en distintos momentos del proceso, con un testimonio «verosímil y persistente en la incriminación».

A ello se unen los análisis de ADN que corrobora la versión de víctima, pues se hallaron restos orgánicos en las sábanas y otras prendas. El cuchillo empleado en el ataque no pudo ser analizado ya que había sido lavado.

En cuanto a la intención de acabar con la vida de la mujer, la Sección Segunda concluye que existió un ‘animus necandi’ por parte del agresor.

No solo la agredió en el interior de la vivienda llegando a dejarla en apnea, sino que, en una inmediata secuencia, la agarró por el cabello y arrastrándola fuera de la vivienda, siguió con su intención, no solo de agredirla sexualmente, sino de acabar con su vida, para ello la golpeó con extraordinaria violencia», determina la sentencia.

Además de las penas privativas de libertad, la Audiencia impone al acusado una indemnización de 52.129,18 euros, más los intereses legalmente previstos.

El violador de la guardia civil en Roquetas de Mar, un marroquí sin papeles con antecedentes

Entró en suelo europeo de manera irregular procedente de Marruecos y desde entonces ha infringido la ley tanto en Francia como en España. El último hecho delictivo que ha protagonizado ha sido la agresión sexual a una agente de la Guardia Civil en Roquetas de Mar.

Le consta una orden de expulsión en Francia. Según la legislación francesa, esto supone que le notificaron la obligación de abandonar el país por una detención administrativa a causa de su situación irregular, por la comisión de algún hecho delictivo, o por haber sido sentenciado en un proceso judicial.

Este ciudadano marroquí abandonó Francia, instalándose en la citada localidad de la costa almeriense presuntamente sin permiso de residencia.

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