Bandera y Escudo de la Ciudad de Toledo

ESCUDO DE LA CIUDAD DE TOLEDO

El Escudo es de forma rectangular, cuadrilongo y redondeado por su parte inferior, estando cuartelado y montado sobre un águila bicéfala exployada de sable, con pico y garras de gules, éstas armadas de oro que porta sobre su pecho. El primer y cuarto cuartel hacen ver, en fondo de gules, un castillo de oro mazonado de sable y aclarado de azur, mientras que el segundo y tercer cuartel son de plata, con un león rampante de gules coronado de oro, linguado y armado de lo mismo. Dentado en punta de plata, con una granada de su color, rajada de gules, tallada y hojada con dos hojas de sinople. Rodea al Escudo el collar de la Orden del Toisón de Oro, compuesto de eslabones dobles, entrelazados de pedernales de azur y llamas de gules, teniendo en el cabo pendiente de él la piel de un carnero de oro, liada por el medio. Al timbre, la Corona Imperial de oro. A la derecha e izquierda, un emperador sentado en su trono con capa (verde a la izquierda y bermellón a la derecha), tocado con Corona Imperial de oro, que sostiene en su mano derecha una espada de plata y en la izquierda un cetro de oro. El resto de su color.

Un antiguo privilegio del Rey D. Pedro I de Castilla otorga el Escudo a la Ciudad en las Cortes de Valladolid en 1351. Se afirma que las armas de Toledo son las pertenecientes al Rey. Durante el Reinado del Rey D. Carlos I de España (Emperador Carlos V de Alemania, o del Sacro Imperio Romano) el ayuntamiento hizo suyas las armas imperiales, según se cree por concesión directa del propio Emperador, más tarde añadieron en el escudo al rey sentado en el trono con capa y corona imperial de oro, sosteniendo en sus manos espada y cetro. Esta figura se repite en el escudo por motivos de simetría. Este signo del Rey sentado en un trono con dosel de gules se plasma en muchas representaciones heráldicas del Reino. También se ha representado al Reino de Toledo con corona imperial de oro, sobre campo de azur.

El águila bicéfala simboliza al Sacro Imperio Romano, mientras que la Corona Imperial y el collar del Toisón de Oro, son pertenecientes a las armas del Emperador.

BANDERA DE LA CIUDAD DE TOLEDO

La bandera está conformada por un paño de forma rectangular de color carmesí y sobre el cual se incorpora el escudo de la Ciudad, si bien varían los ropajes del Emperador a izquierda (en café con armiño en vez de verde) y derecha (en flama áurea en vez de bermellón).

BREVE HISTORIA DE LA CIUDAD DE TOLEDO

Los primeros asentamientos de Toledo se remontan a la edad del bronce y se cree que fueron los carpetanos (o carpesios) sus primeros pobladores, un pueblo prerromano de origen céltico que se habría instalado en los montes de Toledo, extendiéndose también por los enclaves de Madrid, Ciudad Real y Guadalajara. Los carpetanos instalaban sus poblados entre los 800 y 1000 metros  de altitud, lo cual les proporcionaba una gran defensa y seguridad, y buscaban una ubicación cercana a fuentes o cursos de agua. Estos primeros habitantes de los montes de Toledo eran una comunidad próspera por saber aprovechar las posibilidades de los recursos que les ofrecían sus territorios y su situación geográfica. Se dedicaban a la explotación mineral, a la agricultura y al comercio.

La ciudad fue un importante centro carpetano hasta la conquista romana en el año 193 a. C., siendo bautizada con el nombre de Toletum (levantada o en alto), ocupándola  durante un periodo de más de seis siglos.

En el año 409 los suevos, vándalos y alanos, cruzaron los Pirineos y se asentaron en la Península Ibérica, sin haber encontrado resistencia alguna en su avance, haciéndose con las ciudades o asentamientos que se encuentran a su paso. En el año 411 los alanos llegan a territorios de Castilla, ocupando la ciudad romana de Toletum, en la cual permanecerán hasta la llegada de los visigodos.

Ya en los siglos V y VI, tras un largo peregrinar por territorios de Europa, los visigodos se establecen en la Península Ibérica. El nuevo reino visigodo establecerá su capital en la ciudad de Toletum y guarniciones militares en las principales ciudades de la península, mientras los bizantinos ocupaban la zona costera del Sureste y los suevos dominaban el Noroeste.

A principios del siglo VIII el reinado visigodo llegará a su fin tras la invasión musulmana que impuso su dominio sobre la ciudad bajo el poder y mandato del califato de Córdoba. Con la ocupación musulmana la ciudad de Toletum pasa a ser denominada Toleitola. Es a partir de entonces cuando las tres culturas y religiones que conviven en  la ciudad (judíos, musulmanes y cristianos) mantendrán una convivencia armoniosa y tolerante (con episodios de extrema tensión y enfrentamientos.

Más tarde pasaría a formar su propia taifa hasta el siglo XI, cuando nuevamente Toleitola es conquistada por el rey de Castilla D. Alfonso VI, quedando así bajo el dominio cristiano.

La ciudad de Toledo, tras haber sido conquistada por Alfonso VI en el año 1805, se convirtió en un importante centro de intercambio cultural, convirtiéndose en la «ciudad de las tres culturas» donde musulmanes, judíos y cristianos seguían conviviendo con sus costumbres y en paz.

Hacia la mitad del siglo XIII, los cristianos reconquistan la práctica totalidad de la Península Ibérica, a excepción del Reino de Granada. En el 1212 la batalla de las navas de Tolosa favorecería el avance cristiano. En el año 1252, Córdoba y Sevilla serán conquistadas por el Rey D. Fernando III el Santo, y en el año 1276, D. Jaime I el Conquistador se hará con las plazas de Valencia y Baleares.

A finales de la Edad Media, la Península Ibérica quedó compuesta por cuatro reinos cristianos y uno musulmán: el Reino de Aragón, el Reino de Castilla, el Reino de Navarra y el Reino de Portugal, además del Reino de Granada, que seguirá siendo nazarí hasta ser conquistada en el año 1492 por los Reyes Católicos.

Durante este periodo de la Edad Medía será una época de bienestar en los reinos de Castilla y Aragón, experimentando ser la población económica y culturalmente de mayor importancia. Además la ciudad de Toledo gozará de ser sede de la corte y capital del reino castellano. Es también en este siglo cuando definitivamente se desarrolla la Escuela de Traductores que se convertirá en el eje central del intelectualismo a nivel de la Europa cristiana.

Serán los Reyes Católicos los que urbanizarán y engrandecerán la ciudad. La reina Doña Isabel la Católica, para conmemorar la batalla de Toro, manda construir el monasterio de San Juan de los Reyes. En la catedral toledana, en el año de 1502, fueron proclamaron herederos de la Corona de Castilla Doña Juana I de Castilla (Juana la Loca) y Felipe el Hermoso.

En el año 1520, Toledo fue una de las primeras ciudades que se unió a la revuelta de las comunidades, con dirigentes comuneros como Pedro Laso y Juan de Padilla. Tras la derrota comunera en la batalla de Villalar, los comuneros toledanos comandados por María Pacheco (viuda de Padilla) siguieron oponiendo resistencia a los mandatos del Emperador Carlos I. Los comuneros se rendirían en el año 1522, acabando así definitivamente con la revuelta. A partir de ahí Toledo se convertirá en una de las sedes del imperio y en la cuarta ciudad más populosa.

Carlos I de España y V de Alemania realzó la ciudad, realizando varias remodelaciones como el Alcázar de Toledo o la puerta nueva de Bisagra, dándole un aspecto de gran capital.

En el año 1561 el Rey D. Felipe II traslada la corte y la capitalidad a la ciudad de Madrid. La ciudad a partir de entonces perdería peso político y social y pasaría a convertirse en una ciudad religiosa, pues en ella se instalaron diversas órdenes que ocuparon los antiguos palacios.

El 21 de Abril del año 1808 se produjeron varios disturbios en la ciudad debido al rumor de la vuelta de Carlos IV al poder y de la llegada del general Marcial Thomas con una orden expresa de alojar a más de 10.000 soldados franceses que se dirigían junto al general Dupont de camino hacia Andalucía. El 2 de Mayo se produjo el levantamiento en la ciudad de Madrid, dando comienzo la guerra de la Independencia. La resistencia se organiza en juntas provinciales y al mando de la junta de Toledo se encontraba el Cardenal Luis María de Borbón.

El 31 de Mayo del año 1808 las fuerzas del ejército francés fueron derrotadas en la batalla de Bailen. En el mes de Diciembre volvieron a Toledo, causando graves destrozos y ocupando la ciudad hasta el año 1813, cuando la abandonaron definitivamente.

Toledo, en la Guerra Civil Española, también sufre importantes acontecimientos. Las fuerzas sublevadas se refugian en el Alcázar resistiendo el asedio de los republicanos durante más de dos meses.

@LaReconquistaD

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