Bandera y escudo de la Ciudad de Santander

ESCUDO DE LA CIUDAD DE SANTANDER

El escudo de la ciudad de Santander es de forma rectangular cuadrilongo, con los vértices inferiores redondeados y terminado en punta, y en su parte superior sus cantos de diestra y siniestra redondeados hacia su interior y acabado en punta. En campo de azur sobre ondas de azur y plata, un galeón de oro, visto de popa haciéndose a la mar, habillado de plata y surmontado de dos cabezas de santo en su color puestas en faja y siniestrado de una roca de sinople moviente del flanco siniestro, sumado de una torre dodecaedra, danjonada de oro, de la que pende en su base una cadena rota de sable que cae al río. Alrededor, bordura de plata cargada con leyenda en sable: «Muy Noble – Siempre Leal – Decidida – Siempre Benéfica – Excelentísima Ciudad de Santander”. El todo se presenta cargado sobre un ornamento o campo de pergamino o  de oro. Finalmente, al timbre ostenta corona ducal.

La nave que figura en el escudo hace referencia a la utilizada por Ramón de Bonifaz y Camargo en el año 1248 en la conquista de Sevilla, donde además rompe las cadenas que la unían con Triana. La torre hace referencia a la Torre del Oro sevillana, en conmemoración de la conquista de la ciudad por marinos cántabros.

Las cabezas son las pertenecientes a los Santos Emeterio y Celedonio, patronos de la Ciudad, a quienes decapitaron por convertirse al cristianismo en la ciudad romana de Calaguris (actual Calahorra, en La Rioja), durante la persecución cristiana de Diocleciano.

En 1466, el monarca Enrique IV de Castilla concedió los derechos sobre la villa al Marqués de Santillana. Las gentes de la villa se negaron a ser siervos del Marqués, por lo que se sublevaron a los nobles de la villa y las fuerzas leales al Marqués, luchando sin tregua durante varios días hasta finalizar con la revuelta. En ayuda a los vecinos de la villa se unieron gentes provenientes Trasmiera, Vizcaya y Guipúzcoa. Ante estos hechos el día 8 de mayo del año 1467, el monarca Enrique IV de Castilla concede el privilegio de “Noble y Leal” a la villa, por la lealtad y fidelidad mostrada por la ciudadanía hacia el monarca.

El 12 de Septiembre del año 1754 el papa Benedicto XIV publica su bula Romanus Pontifex, por la cual la villa de Santander pasaba a ser cabeza de Obispado, nombrando Obispo al abad Francisco Javier de Arriaza. Ante este hecho el monarca Fernando VI el 9 de Enero del año 1755 firma un decreto donde distingue a la villa de Santander con el título de “Ciudad”. Este será, sin duda, el titulo más importante de los que le han sido concedidos a Santander.

El 3 de noviembre de 1833 los mandatarios santanderinos, fieles a la Reina Isabel II, armarían a la ciudad con armas y tropas del castillo de San Felipe y la fragata San Juan para defenderla de las tropas carlistas del infante Carlos María Isidro de Borbón, hermano de Fernando VII. Ante el avance carlista, las tropas santanderinas se desplazaron a la localidad de Vargas para contener el avance, enfrentándose en una dura contienda que daría como resultado la victoria a los santanderinos. Por ello, dado que Isabel II era menor de edad, la reina regente, María Cristina de Borbón Dos-Sicilias concede el título de “Decidida”, otorgando al Ayuntamiento el tratamiento de “Excelentísima” y el derecho a que en el escudo de la ciudad pueda aparecer la corona ducal.

En el año de 1898 llegó a la ciudad un contingente de soldados repatriados de Cuba (en su mayoría, heridos en la guerra); la ciudad se volcaría con estos refugiados, a los cuales se les prestó atención y buen trato humano. Por ello, la reina María Cristina de Habsburgo-Lorena, dado que Alfonso XII era menor de edad, le concede a la ciudad el título de “Siempre Benéfica Ciudad”.

BANDERA DE LA CIUDAD DE SANTANDER

La bandera de la ciudad de Santander está conformada por un paño de forma rectangular bicolor, con la banda superior en color blanco y la inferior en color azul (la cual representa al mar). Sobre ambas franjas y en el centro figura el escudo de la Ciudad.

BREVE HISTORIA DE LA CIUDAD DE SANTANDER

Los hallazgos arqueológicos encontrados en estas tierras, más concretamente en las cercanías de la bahía, revelan que ya en la prehistoria pudieron existir asentamientos humanos en esta ciudad.

Las legiones romanas desembarcaron en Santander en la conquista de Cantabria y del norte de la Hispania y se establecieron en este territorio al que el emperador Augusto la bautizaría como Portus Victoriae (puerto de  la Victoria).

Debido a las amenazas producidas por las incursiones de los pueblos bárbaros, entre ellos, los Hérulos (tribu germánica que se dedicaba al saqueo) y los Várdulos (tribu prerromana que se había establecido en el norte de la península ibérica), en el siglo VI la ciudad tuvo que ser fortificada para protegerse de ataques y vandalismo.

En el año de 1068, el rey Sancho II de Castilla concede el privilegio de ciertos derechos entre los que se encuentra el de pasto y madera al Obispado de Oca (sede episcopal de la iglesia católica en la Hispania) sobre varios puertos. El 11 de julio del año de 1187, sería el rey Alfonso VIII de Castilla quien otorgó a la ciudad el fuero que la sometería al señorío de los abades de San Emeterio, reconociéndose así la personalidad jurídica de las instituciones del concejo y una serie de privilegios en materia social y económica. Estas ventajas otorgadas a la villa serian fruto de su crecimiento poblacional y mercantil.

La horadada es una isla que se encuentra en la entrada de la bahía de Santander, isla que contaba con un arco que desapareció tras el fuerte temporal del año 2005. Sobre esta isla cuenta una leyenda que los hermanos San Emeterio y San Celedonio, pertenecientes a las legiones romanas, cuando confesaron su fe cristiana fueron apresados, encarcelados, martirizados y finalmente decapitados. Tras su decapitación, sus cuerpos fueron arrojados al río Ebro, desde donde viajaron en una barca de piedra por el mar Mediterráneo, el océano Atlántico y finalmente el  Cantábrico para arribar en la bahía de Santander, donde la barca de piedra se golpearía con esta isla y tras ese impacto se produjo una abertura en forma de arco. Los Santos Mártires serían tras estos hechos nombrados Patronos de la Ciudad. Sería el Papa Pío VI, en 1791, a petición del obispo de la Diócesis de Santander, Rafael Tomás Menéndez de Luarca y Queipo de Llano, quien declaró a San Emeterio y San Celedonio patronos de la ciudad. Los Santos, a lo largo de la historia de la ciudad siempre tuvieron gran relevancia e importancia, al punto de creer que el nombre de Santander podría derivar de Sant Emeter. Sin embargo, el sacerdote deán e historiador José Martínez Mazas, cree que el nombre deriva de una ermita llamada “San Andrés” (que se encontraba emplazada en la falda de una colina opuesta, que va desde San Román hasta el Sardinero, y donde posiblemente hubiese existido un asentamiento antiguo, siendo la ermita la iglesia parroquial, derivando el termino de Sancti Andreae a Sant Ander, que con el transcurso del tiempo se iría adaptando al nombre actual «Santander»).

El año de 1247 el Almirante burgalés Ramón de Bonifaz y Camargo, noble marino y primer Almirante y creador de la Marina Real de Castilla por orden del entonces rey Fernando III, recibió la orden expulsar a los musulmanes de la ciudad de Isbiliya (la actual Sevilla). Una vez que tuvo constituida su armada con marinos de las villas de la costa (Laredo, Castro Urdiales, Santander y San Vicente de la Barquera) puso rumbo hacia el sur, y a su paso por Galicia el noble burgalés reforzó todavía más su armada haciéndose con nuevos buques y tripulantes, llegando a reunir 13 naves de vela y cinco galeras construidas en los astilleros de Santander. Tras una dura navegación debido a los fuertes temporales que se encontraron en su navegación, la flota del Almirante Bonifaz llegó a la desembocadura del Guadalquivir el 3 de agosto del mismo año, donde derrotaría a la flota musulmana comandada por Abu Qabi, que trataba de impedir el paso con sus saetias (embarcaciones de vela latinas) y zabras (barcos propulsados por velas). Tras este hecho remontó el río con el apoyo por la margen izquierda de la caballería cristiana. Una vez dominado el curso del Guadalquivir, en su parte cercana a Sevilla por el sur, permitió el paso del ejército a la margen derecha del río y el ataque al arrabal fortificado de Triana.

Pero la flota se encontraría con el puente-barrera (puente formado por barcas amarradas con gruesas cadenas) que unía Sevilla con Triana. Este puente obstaculizaba el paso de los buques de la flota cristiana para remontar el río hasta la ciudad de Sevilla. La dificultad que presentaba el puente barrera hizo que la flota buscase el momento más idóneo para la ruptura del puente (debía de ser un día de viento y marea favorable), que aconteció el día 3 de mayo del año 1248, fecha en la que se conmemoraba la Invención (Descubrimiento) de la Santa Cruz en la flota y en el real de los cristianos. El Almirante Bonifaz preparó dos de sus naves más robustas y reforzó sus proas con gruesas tablas y pernos. Cuando la marea subió y con el viento a su favor a toda vela las naves embistieron el puente, la primera nave lo hizo retemblar y la segunda rompió las cadenas; al mando de esta nave estaba Bonifaz. Las fuerzas cristianas dieron un asalto general a Sevilla y Triana, que sería rechazado por las fuerzas musulmanas (quedando muy debilitadas, aunado a ello el cerco que anularía la navegación de sus naves). El rey musulmán Axataf, al verse cercado y sin esperanzas de ayuda, rindió la ciudad a los cristianos el 23 de noviembre del año 1248.

En el año 1351 la fama y el respeto que gozaban las naves cántabras por todas las hazañas bélicas que habían conseguido propiciaron la firma de un tratado de paz con Eduardo III de Inglaterra y una tregua en el 1375. Estos convenios favorecerían la actividad comercial de las naos santanderinas en los puertos ingleses.

En 1497, la Armada de Flandes hace escala en Santander para desembarcar a Margarita de Austria, quien venía a contraer matrimonio con el heredero de la corona e hijo de los Reyes Católicos, el príncipe Juan de Aragón y Castilla. La Armada de Flandes también trajo consigo la peste, que dio muerte a unas 6000 personas, mermando la ciudad (que por aquel entonces tenía un censo unas 8000 personas). Este despoblamiento traería también la ruina. Otra epidemia en el año 1596 seguirá destrozando y mermando a la población. El aumento poblacional, al igual que las infraestructuras y el comercio, comienzan a recuperarse en el siglo XVIII haciendo olvidar las crisis pasadas.

En 1748, una orden real determina que se construya el llamado “camino de las lanas”, que unirá las ciudades de Burgos y Santander, convirtiendo al puerto de Santander en centro del comercio del norte. En 1754 Sería la iglesia católica quien la establecería como capital de diócesis y al abad se le daría la categoría de Obispo, pasando la iglesia colegiata a convertirse en catedral, y al año siguiente, Fernando VI otorga a la villa de Santander el título de “Ciudad”. En 1783 se crea el Consulado de Mar y Tierra de la muy noble y muy leal ciudad de Santander. Este consulado se encarga de regular el tráfico marítimo con otras ciudades según un modelo liberal de comercio.

En el año 1852 Santander inaugura su línea férrea que ampliará más el tráfico comercial con Castilla.

Con el monarca Alfonso XIII, Santander se convertirá en el lugar de veraneo favorito de la Corte. En 1908 la Ciudad construye el Palacio de la Magdalena y se lo regala al monarca.

En la madrugada del 15 de febrero del año 1941, un terrible incendio producido en las proximidades de los muelles y avivado por el fuerte viento reinante arrasará durante dos días toda la parte histórica de la ciudad, miles de familias pierden sus hogares y las llamas dejaron una ciudad desolada y sumida en el caos, que sería reconstruida por la generosidad de las donaciones provenientes de todas las provincias españolas.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *