Bandera y Escudo de la Ciudad de Salamanca

ESCUDO DE LA CIUDAD DE SALAMANCA

El escudo es de forma rectangular cuadrilongo y redondeado por su parte inferior. Su flanco diestro es de plata, con un puente de piedra, mazonado de sable, sobre el que está pasante un toro arrestado de sable, y tras él una higuera de sinople, arrancada. Su flanco derecho es de oro, con cuatro palos de gules con bordura de azur y ocho cruces paté de plata.

En la parte superior, salientes de los flancos y afrontados, en mantelado en jefe de plata, se hallan dos leones mornados (enfrentados), al natural. En timbre, la Corona Real Española, abierta y sin diadema, engastada de piedras preciosas, compuesta de ocho florones de hojas de acanto, de las cuales visibles son cinco, interpoladas de perlas.

Los palos y la bordura con las cruces de plata son las armas pertenecientes al conde Don Vela, infante de Aragón, el cual se habría desplazado a Salamanca para ayudar a la Infanta Doña Urraca de León y a su esposo, D. Raimundo de Borgoña, ambos encargados de la repoblación de la Ciudad. El encargo de la repoblación fue encomendado y dispuesto por el Rey D. Alfonso VI de León, padre de la Infanta Doña Urraca. 

BANDERA DE SALAMANCA

La bandera de la Ciudad de Salamanca está conformada por un paño de proporciones rectangulares con una tonalidad de color rojo, en el que se incorpora en su parte central el escudo de armas de la Ciudad.

BREVE HISTORIA DE LA CIUDAD DE SALAMANCA

El primer asentamiento descubierto se remonta al establecido en la primera edad del hierro, hace unos 2700 años, donde una pequeña tribu (posiblemente, celta) estaba ubicada en el cerro de San Vicente, junto al río Tormes.

No encontramos otra referencia hasta el año 220 a.C., cuando el general cartaginés Aníbal Barca estaba de conquista por la Hispania; a su paso por este asentamiento (llamado entonces “Helmántica”) lo conquistó y anexó a su imperio.

Poco tiempo después, los romanos irrumpieron en la Península Ibérica tras la Segunda Guerra Púnica, llegando a Helmántica, donde derrotaron a los cartaginesesy se hicieron con la Ciudad. Tras la conquista romana, la Ciudad fue integrada en la provincia de la Lusitania, cambiándosele el nombre de “Helmántica” por “Salmántica”. Fue a raíz de la conquista romana cuando la ciudad cobró gran importancia y relevancia, dado que ésta estaba ubicada en la vVa de la Plata (Via Argentaria), entre Mérida (que en aquel momento era la capital de la Península Ibérica) y Astorga, uniendo así norte y sur de la Península.

Tras la caída del Imperio Romano, Salmántica sería nuevamente conquistada, esta vez por los  visigodos, quienes cristianizaron la Ciudad. Poco tiempo después los visigodos perderían la plaza, tras la invasión musulmana iniciada en el año 711, pero siendo conquistada Salmántica en el 712. Una vez consolidada la invasión musulmana, la Ciudad perdería toda su importancia, quedando relegada a nada y prácticamente deshabitada (quizá por ser una zona fronteriza entre los territorios cristiano y musulmán).

Corría el año 939 cuando Don Ramiro II, Rey de León, reuniendo su ejército y el de tropas aliadas  del Reino de Pamplona, fuerzas asturianas, gallegas y de los condes castellanos Fernán y Ansur, partieron hacia Simancas, donde se enfrentaron a un numeroso ejército sarraceno (apoyado, además, por mercenarios andalusíes, militares profesionales, tribus bereberes y otros). La batalla se libró en la margen derecha del rio Pisuerga. Se dice que antes de la contienda se produjo un eclipse solar, sufriendo el día un gran oscurecimiento, y que ante tal hecho, ambos ejércitos se aterrorizaron (puesto que no habían conocido cosa semejante). De la batalla también cabe destacar la dureza y violencia ejercida durante las jornadas de su duración. La contienda se saldó con una gran victoria del Rey Don Ramiro II y sus aliados cristianos sobre el ejército sarraceno, que perdió la potestad de los territorios que llevaban dominando durante años. La Ciudad de Salmántica se vio, de esta manera, liberada del dominio musulmán.

Una vez consolidada la victoria, el Rey Don Ramiro II decretó que todas esas  tierras conquistadas serían repobladas por cristianos, mas tal repoblación no se llevaría a efecto hasta la conquista cristiana de Toledo (lo cual aconteció gobernando el Rey Don Alfonso VI de León, quien encomendó la repoblación de los territorios del norte a su hija, la Infanta Doña Urraca de León, y a su esposo Don Raimundo de Borgoña). El matrimonio cumplió así el mandato del monarca y repobló, además de otros territorios, la ciudad de Salamanca, haciéndola crecer a gran velocidad, construyendo la Catedral y las escuelas catedralicias (que serían las iniciadoras de la Universidad, siendo ésta la primera del país, fundada en el año 1218 por el Rey Don Alfonso IX, erigiéndose, además, en la primera de Europa que ostentó el título de «universidad», otorgado por Real Cédula del Rey Don Alfonso X el Sabio).

Entre los años 1520-1521 se inició un movimiento revolucionario de las comunidades de Castilla a la cual Salamanca también se unió. Esta revuelta, denominada «comunera», protestaba por los nuevos impuestos ordenados por el recién llegado monarca Don Carlos I, pero la revuelta no daría fruto y finalmente los revolucionarios fueron vencidos en la batalla de Villalar. Por estos hechos, la Ciudad de Salamanca (al igual que otras ciudades), sería castigada, ordenando el monarca la destrucción de las torres de aquellos palacios de los nobles que se pusieron en su contra.  

A pesar de todo, el siglo XVI tuvo su época de esplendor para la Ciudad, adquiriendo un gran prestigio como «Ciudad Universitaria» en toda Europa. Debido a este esplendor universitario, la ciudad obtendría también un crecimiento poblacional de un 25% aproximadamente. Pero el gran resurgimiento económico de la Ciudad se produciría en el siglo XVIII, cuando finalizaron las obras de la nueva Catedral, se terminó la Plaza y concluyeron las obras de la Clerecía (además de construirse otras edificaciones de relevancia).

En el mismo siglo, un día 1 de noviembre del año 1700, la casa de Borbón accedió al trono de España, tras la muerte del Rey Carlos II de Habsburgo. El Duque de Anjou, nieto de Luis XIV rey de Francia, accedió al trono de España como Felipe V. La llegada de los Borbones también influiría de forma positiva en la mejora de la Universidad salmantina.

Salamanca también es testigo de varios desastres naturales. Así en el siglo XVII, un 26 de enero del año 1626, el río Tormes sufrió un desbordamiento que afectó a numerosas edificaciones de viviendas, infraestructuras y templos religiosos, llegando a inundar gran parte del arrabal salmantino. Además, esta riada (conocida como «la de San Policarpo»), dejó a su paso entre un centenar y medio a dos centenares de muertos.

En el siglo XVIII las desgracias también asolan nuevamente la ciudad: en 1705 un rayo se precipitó sobre el capitel de la torre de la Catedral, prendiendo fuego en el mismo y extendiéndose a todas aquellas partes de la torre que eran de madera (incluidas las mazas de las campanas, las cuales se precipitaron al vacío deshaciéndose en varias pedazos al contacto con el suelo).

Posteriormente, el 1 del mes de Noviembre del año 1755, la ciudad de Lisboa sufrió un terrible terremoto que dejó sentir su influencia en toda la Península Ibérica, norte de África e incluso en algunos puntos de Europa y América, causando miles de víctimas y cuantiosos daños económicos. Salamanca también tuvo que afrontar las consecuencias del seísmo, que se dejó sentir en toda la Ciudad, afectando a algunas de las edificaciones (como la cúpula de la Catedral nueva, el colegio de San Bernardo, el colegio de la Compañía de Jesús, la iglesia de San Sebastián y la Catedral vieja). Aun a pesar de la crudeza del seísmo, no se registraron víctimas mortales.

Ya en el siglo XIX, el conflicto bélico entre los años 1808 y 1814 dentro de las guerras napoleónicas (más conocido como la “Guerra de la Independencia Española”),agrupó a España, Reino Unido y Portugal contra el Imperio francés, que pretendía que el hermano de Napoleón (José Bonaparte) ocupase el trono español. Durante esta cruenta guerra, la Ciudad de Salamanca sería ocupada por los franceses por un periodo de dos años (entre 1810 y 1812), sufriendo a causa de tal ocupación importantes daños estructurales en toda la Ciudad. Una de las batallas más importantes fue la de los Arapiles (que sucedió en el mismo pueblo que se encuentra ubicado a pocos kilómetros de la capital). En este asentamiento, las fuerzas aliadas comandadas por el duque de Wellington vencerían al ejército francés. Al lado del Duque lucharon personajes salmantinos de gran coraje como “El Charro”, entre otros.

Diez años después, en el 1833, se crea la Provincia de Salamanca, convirtiéndose la Ciudad en la capital de la Provincia. Debido a tal motivo, resurge su economía y la Ciudad es nuevamente renovada en su estructura urbanística.

En el siglo XX la Guerra Civil abrió un nuevo paréntesis en la Ciudad, tomando un relevante protagonismo debido a que fue sede y cuartel general de Francisco Franco (que residía en el palacio episcopal). Tras la Guerra Civil se creó en Salamanca el Archivo General de la Guerra Civil Española, guardándose en él todos los documentos que fueron incautados durante y después de la contienda.

Por último, como datos relevantes, en el año 1940, siendo Pontífice el Papa Pío XII, se funda la Universidad Pontificia de Salamanca, y en 1988 Salamanca es reconocida por su relevancia histórica y artística como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Salamanca rebosa españolidad por sus cuatro costados. Hecho probado es la iluminación de la fachada del Ayuntamiento que luce por las noches, dos días a la semana, los colores de nuestra bandera nacional.

¡Larga vida a Salamanca Española!

@LaReconquistaD

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